Las capturas de la sospechosa en la calle.

La imagen es nítida. Adriana Valeria Suárez camina por la vereda de su casa en Dorrego con una botella de cerveza en la mano, acompañada por un hombre. No lo sabe, pero está siendo fotografiada por el vehículo de Google Street View. Las capturas, tomadas en junio de 2024, muestran a la mujer en plena violación del régimen de prisión domiciliaria al que había sido sometida por una condena anterior por robo agravado.

Ese detalle, casi anecdótico para el ojo común, se transformó en un indicio clave para los investigadores en uno de los crímenes más estremecedores del año en Guaymallén: el asesinato y descuartizamiento de César Darío Rodas (41).

Suárez, madre de cinco hijas y con un largo historial delictivo, está acusada de haber liderado el ataque contra Rodas dentro de su propia casa de Adolfo Calle al 1900. La secuencia se desató, según su versión, luego de que una de sus hijas, de 16 años, lo acusara de un intento de abuso sexual.

Esa declaración encendió una furia implacable que culminó en una escena de horror: golpes con puños y un hacha, restos humanos quemados en una parrilla y un torso mutilado fotografiado y enviado por WhatsApp a un familiar.

El caso explotó cuando un ex cuñado de Suárez, receptor de esas imágenes, decidió romper el silencio y denunciar lo ocurrido en la Comisaría 44 el miércoles por la noche. La Policía llegó al domicilio, pero Suárez intentó impedir el ingreso. Tras obtener una orden judicial, los efectivos irrumpieron a las 23 y hallaron el cuerpo desmembrado. Junto a la mujer estaban dos hombres: Marcelo Rubén Altamirano, alias el Porteño, y Damián Rolando Contreras. Los tres fueron detenidos.

Lo que parecía un crimen pasional o de venganza, rápidamente escaló en complejidad. Los investigadores supieron por vecinos que Suárez frecuentaba un viejo galpón en las inmediaciones, descrito como un “aguantadero”, a pesar de su prisión domiciliaria. Las imágenes de Street View confirmaron la sospecha: se la ve en las cercanías de su casa en al menos dos momentos distintos, siempre con la misma botella en la mano, lo que indica que la secuencia no fue un episodio aislado. Esas fotos llegaron a manos de los pesquisas de la causa que instruye la fiscal Andrea Lazo.

César Rodas, la víctima.

Suárez tiene 40 años y antecedentes desde hace más de una década. Fue condenada por robos agravados con armas de fuego y armas blancas, amenazas y hasta por una violenta entradera en Carrodilla en 2019. Cumplía una pena de seis años y medio, pero se le había otorgado el beneficio de la prisión domiciliaria durante pandemia.

Según fuentes consultadas por este diario, el otorgamiento del beneficio no resultaba cuestionable, considerando el delito por el que había sido condenada, el momento en que se le concedió y su rol como madre de cinco hijos menores, más allá de que luego haya violado las condiciones impuestas.

Descuartizado en Dorrego

El crimen de Rodas dejó una escena macabra: sangre, restos humanos distribuidos por la casa, herramientas compatibles con el descuartizamiento y un relato firme de la adolescente, quien declaró por separado. Los pesquisas buscan establecer si la menor fue instrumentalizada por su madre para justificar el ataque, aunque ambas declararon por separado. También se analiza si hubo premeditación y cómo se repartieron los roles entre los tres adultos presentes.

Marcelo Altamirano, con múltiples causas por robo y hurto, fue señalado como uno de los ejecutores del ataque junto a Suárez. Contreras, el tercer detenido, reconoció haber estado en la escena y admitió haberle pegado una patada a la víctima, pero luego —según su versión— se retiró. Su responsabilidad, no obstante, continuaba este jueves bajo análisis judicial.

La fiscal Lazo evaluaba imputar a los tres sospechosos como coautores de homicidio simple, pero no se descarta que la calificación sea modificada si se comprueba un plan previo. Mientras el caso avanza en instrucción, la hija de Suárez fue asistida por equipos técnicos y trasladada al Hospital Notti, junto con sus hermanas menores, para confirmar la teoría del presunto abuso.

Y en paralelo, la imagen capturada sin intención —una mujer, una cerveza y una vereda cualquiera— puede ser por estas horas una de las piezas claves para mostrar que Adriana Suárez desobedecía la ley impuesta.