La investigación por la muerte del malviviente Juan Ariel Azcurra Roux (31), ocurrida durante un intento de asalto el pasado en Las Heras, quedó cerrada el viernes con el sobreseimiento de la miembro de la fuerza, quien tenía destino en la Policía contra el Narcotráfico (PCN). La jueza Mariana Gardey consideró acreditado que la funcionaria actuó en legítima defensa, a partir de una reconstrucción probatoria realizada por la fiscal de Homicidios Andrea Cecilia Lazo, que descartó cualquier exceso y confirmó que la agresión partió inicialmente del delincuente, quien estaba armado con una tumbera y ya había cometido un robo en la zona minutos antes.
El hecho ocurrió el 21 de mayo, cerca de las 7.50, cuando la mujer policía caminaba hacia la parada del colectivo para ir a trabajar, por avenida San Martín al 2800. Desde un descampado salió Azcurra Roux, quien la abordó para robarle. Según quedó probado, extrajo de su ropa un arma de fuego de fabricación casera, se abalanzó sobre la ella y produjo un forcejeo violento en el que la mujer terminó golpeada en la cabeza. En ese contexto, Rosales logró accionar su pistola reglamentaria y efectuó varios disparos mientras intentaba impedir que el agresor le quitara el arma.
Uno de los ejes centrales del sobreseimiento fue la existencia de una agresión ilegítima y concreta. Las lesiones constatadas en la policía -hematomas en el cuero cabelludo, excoriaciones en manos, codo y rodilla- confirmaron que fue golpeada y derribada durante el forcejeo.
Esa versión fue respaldada por testigos presenciales, entre ellos un vecino de identidad reservada que observó a la mujer pidiendo auxilio desesperadamente mientras el agresor la zamarreaba en el suelo, y por comerciantes del sector que la asistieron instantes después, describiéndola en estado de shock, desorientada y con signos evidentes de violencia.
Con antecedentes y una tumbera: quién era el asaltante que mató una policía
El caso de la mujer policía que abatió este martes por la mañana a un presunto delincuente sobre calle San Martín de Las Heras comenzó a ser investigado como un homicidio agravado en la fiscalía de Andrea Lazo. La efectivo, con…
El uso de una tumbera por parte del agresor fue otro punto decisivo. La instrucción determinó que Azcurra Roux portaba un arma de fuego casera, que fue hallada luego en un zanjón cercano con un cartucho en la recámara. Testigos del barrio afirmaron que ya lo habían visto previamente con esa misma arma, incluso utilizándola para amenazar a otras personas. Para la Justicia, la presencia de un arma operativa en manos del asaltante colocó a la policía en una situación de riesgo extremo y real, sin margen para una respuesta menos lesiva.
También resultó determinante el robo previo cometido por el malviviente minutos antes del enfrentamiento que terminó costándole la vida. A unas diez cuadras del lugar y a las 7.30, el mismo hombre había asaltado a una joven a la que le sustrajo una mochila bajo una modalidad idéntica: campera entreabierta, mano en el interior simulando portar un arma. Ese bolso fue encontrado luego en poder del agresor y contenía pertenencias de la chica, lo que permitió trazar una secuencia delictiva continua que reforzó la hipótesis de un ataque planeado y armado.
Cuando argumentó los motivos, la fiscalía también valoró que no existió provocación alguna por parte de la policía. La mujer no conocía al agresor, no interactuó previamente con él y simplemente se dirigía a desarrollar sus tareas habituales.
Toda la prueba recolectada indicó que la situación se desencadenó de manera unilateral por parte de Azcurra Roux, y que la reacción de la funcionaria fue exclusivamente defensiva, orientada a neutralizar una amenaza que se mantenía incluso cuando el agresor intentó arrebatarle el arma reglamentaria. Básicamente, intentó salvar su vida al verse amenazada.
La autopsia terminó de cerrar la coherencia de la reconstrucción. Azcurra Roux murió por un shock hipovolémico producto de heridas de arma de fuego, con trayectorias compatibles con un enfrentamiento cuerpo a cuerpo y desordenado. Además, en su sangre se detectó alcohol (1,06 gramos de alcohol por litro de sangre), cocaína y marihuana, un dato que aportó contexto sobre su estado al momento del ataque.
Con este cuadro probatorio, la jueza concluyó que se verificaron los tres requisitos legales de la legítima defensa: agresión ilegítima, necesidad racional del medio empleado y falta de provocación suficiente.
El asalto fatal en Las Heras
El asalto se produjo el 21 de mayo de 2024 sobre avenida San Martín al 2800, en Las Heras. La mujer policía caminaba hacia la parada de colectivos para dirigirse a su trabajo cuando fue abordada por Azcurra Roux, que salió desde un descampado ubicado en las inmediaciones. El hombre le exigió la entrega de sus pertenencias y, de inmediato, extrajo de su ropa un arma de fuego de fabricación casera.
Según quedó acreditado en la investigación, el sujeto se abalanzó sobre la mujer y se inició un forcejeo durante el cual la golpeó en la cabeza. En ese contexto, Rosales logró desenfundar y cargar su arma reglamentaria mientras el agresor intentaba arrebatársela.
Temiendo por su vida, efectuó varios disparos para repeler el ataque. El enfrentamiento continuó cuerpo a cuerpo hasta que ambos cayeron al suelo y el agresor soltó el arma casera que llevaba. Dos plomos calibre 9 milímetros de una pistola Taurus terminaron con su vida en pocos minutos.

Tras el hecho, la efectivo se incorporó y se dirigió caminando hasta una panadería cercana, donde fue asistida por comerciantes de la zona hasta la llegada del personal policial. Minutos después, hallaron en un zanjón el arma de fabricación casera utilizada por Azcurra Roux.
El hombre murió a causa de las heridas de arma de fuego, mientras que la funcionaria entregó de manera voluntaria su arma reglamentaria y quedó a disposición de la Justicia todo este tiempo. El caso se “empantanó” debido a un que un abogado de la familia del hombre abatido entendió que no se trataba de un caso de legítima defensa, apuntando más a un homicidio agravado. Sin embargo, esa teoría jamás prosperó.
