Dos policías con el rostro cubierto al lado de los jueces. Cinco uniformados cerca del banquillo de los acusados, intercalados con los cuatro los imputados. Tres efectivos más atrás de estos y otros cinco diseminados en distintos sectores de la sala. Afuera del recinto, en el tercer piso de los Tribunales, dos grupos de combate impedían ingresar al pasillo de la Segunda Cámara del Crimen. Bajo esta fuerte custodia empezó ayer el juicio oral y público por el doble homicidio de los reos Diego Ferranti y Gerardo Gómez, perpetrado el 18 de junio del 2006 en el pabellón de máxima seguridad del penal de Boulogne Sur Mer.

      Las víctimas habían sido traídas desde Córdoba para declarar en la causa por el motín vendimial del 2000 y sólo permanecieron en sus celdas dos horas, ya que luego fueron asesinadas brutalmente a puñaladas y golpes, para silenciarlas. Por este tremendo hecho hay cuatro presos, considerados de extrema peligrosidad, imputados. Se trata de Cristian Sebastián Tejada Ceci (30), Enrique Hugo Montuelle Masmuk (30), Roberto Gastón Lucero Durán (32) y Diego Roberto Casanova Trigo (30). Responden por el delito de homicidio de dos o más personas agravado por la premeditación y arriesgan prisión perpetua.

TEMOR Y CONTRADICCIONES. La primera jornada de debate se vio marcada por el evidente temor de algunos testigos, quienes no aportaron demasiados detalles a la hora de declarar. Sólo uno de los seis presos que declararon comprometió a los sospechosos y los identificó como los autores del doble crimen. El resto incurrió en evidentes contradicciones. Entre los que declararon estuvo Miguel Ángel Barloa, único condenado en la causa de la revuelta vendimial. Aníbal Ramiro Andino Cejas fue el interno que relató con lujo de detalles lo sucedido el día del hecho y complicó seriamente la situación de los cuatro acusados.

       Contó que en la instrucción declaró en contra de los imputados porque él fue vinculado al crimen, cuando no tenía nada que ver. “Me dio bronca que me metieran a mí. Yo estoy cumpliendo una condena por algo que hice y me hago cargo. Pero de lo otro, no”, explicó Andino. Luego, lanzó ante el tribunal: “Estaba desayunando con un grupo de presos. Fui a calentar la pava cuando me encontré con unas personas que les pegaban a dos chicos, a los que habían entrado. Allí estaba Lucero, Tejada, Ramírez (este no llegó a juicio porque falleció), Montuelle y Casanova. Todos tenían armas blancas”. De esta forma, el testigo ubicó en la escena del doble crimen a los imputados y agregó que vio sangre en el piso, como así también confirmó la paliza que recibieron las víctimas. Los demás testigos sólo aportaron más dudas que certezas e incurrieron en contradicciones. El penitenciario Walter Guiñazú Sepúlveda, encargado de custodiar el pabellón de máxima seguridad cuando sucedió la masacre, aseguró no “haber visto nada”, aunque luego otro testigo, un colega, dijo que, desde su posición, “debería haber observado todo” (ver aparte).

      El interno de apellido Díaz Pastén había identificado a lo autores del crimen en la etapa de instrucción pero ayer, sorpresivamente, dijo que nunca dijo nada y que la firma en el acta de procedimiento no era la suya. Miguel Ángel Barloa, único condenado a seis años de prisión por el motín vendimial en el juicio que finalizó el miércoles 8 de agosto del 2007, admitió saber que Ferranti y Gómez venían a declarar por la revuelta, pero sostuvo no saber nada del crimen. “Ferranti no sabía casi nada del motín. Gómez sí. Sabía todo, iba a decir cómo había sucedido todo”, explicó ante el tribunal presidido por José Valerio, Roberto Uliarte y Roberto Yanzón. Luego declaró Juan Manuel Morales e involucró en el hecho a Ramírez, ya fallecido. Aseguró, ante las preguntas del fiscal de Cámara, Adelmo Argüello, que “le parece haber identificado a Montuelle por su vestimenta”. En tanto que otros dos reos juraron no saber nada del caso. El debate continuará hoy, y se espera otra larga lista de testigos. El megaoperativo policial continuará y se estima que mañana puede llegar la etapa de alegatos, paso previo a la sentencia.