Drogas, armas, municiones y dinero en efectivo en pesos y dólares. Una organización narco con base en el oeste de Capital en la que todos sus integrantes tenían poder de disposición sobre los estupefacientes. Hubo allanamientos masivos en el 2019 y secuestros de más de 3 kilos de cocaína además de elementos de corte y fraccionamiento. También dieron con bienes que motivaron una causa por lavado de activos.

Para los detectives que trabajaron el caso, se comprobó en instrucción, gracias a escuchas telefónicas y tareas de campo, que la estructura delictiva se encontraba bien definida: tenía dos jefes y proveedores y otros personajes que se movían con sus respectivas parejas y se dedicaban a la fabricación, el estiramiento en algunos domicilios llamados comúnmente como “cocina” y la venta fraccionada.

El caso llegó a debate en agosto con ocho procesados y, este jueves por la tarde, los jueces del Tribunal Oral Federal Nº1 Daniel Carelli, Alejandro Waldo Piña y María Paula Marisi dieron a conocer el veredicto: seis fueron condenados a penas de entre 3 años en suspenso y 8 años de encierro. La fiscal de Cámara María Gloria André había solicitado que se los declarara culpables durante los alegatos de las partes.

La investigación nació luego de una serie pruebas que incorporó la Gendarmería en abril del 2018. Tareas de campo y teléfonos intervenidos sirvieron para confirmar con el paso del tiempo que existía una banda dedicada a la venta de cocaína (en mayor medida) y que también presentaba actividad en “cocinas” para la fabricación o el estiramiento de la droga en el barrio San Martín y otros del complejo La Favorita, de Capital.

La estructura estaba definida: Héctor Horacio Troncoso (34) y el novio de la hija de su pareja, Matías Ezequiel Gatica (25), eran los proveedores de la droga y realizaban actos de comercialización. Ambos recibieron 8 y 7 años de cárcel, respectivamente. También cobraban las ventas realizadas por terceros.

Asimismo, un primo de Troncoso, Fernando, era uno de los hombres más destacados a la hora de comercializar las dosis. El tribunal lo sentenció a 6 años y tres meses de encierro.

Luis Ponce y Ángel Darío Gómez, quienes recibieron 6 años y medio y 6 años y nueve meses, respectivamente, incluso mostraban actividad en la organización y contaban con la ayuda de su círculo íntimo para la preparación y la guarda de los estupefacientes.

Una de las mujeres que fue juzgada recibió una pena de 3 años de prisión en suspenso.

Otras dos habían llegado a debate oral con la sospecha de una participación activa en la red narco del oeste capitalina –una de ellas, la hijastra del jefe–, pero no hubo pruebas suficientes para un fallo condenatorio, por lo que terminaron absueltas.

Decisión de actuar

A fines de agosto del 2019 fue un día clave para la investigación: los gendarmes tomaron conocimiento de que Troncoso tenía en su poder 5 kilos de cocaína –gracias a los diálogos que mantenía con su primo Fernando y otro sujeto NN– y se solicitaron los allanamientos. Así fue como, el 28 de ese mes, se desarrollaron las medidas en los domicilios del barrio San Martín y del complejo La Favorita.

En el barrio La Favorita Nueva –concretamente en el domicilio de Ángel Gómez y su pareja, Karen– hallaron una importante cantidad de proyectiles (de calibres 357 Magnum, 25 auto y 38), cargadores, un arma con mira láser, 258 tizas con un peso total de 2,580 kilogramos de cocaína, además de una balanza y una prensa hidráulica y diversos elementos para el estiramiento.

En la casa de Troncoso, quien estaba junto con Gatica y su novia, hallaron más de 187.000 pesos y 6.353 dólares y 8 teléfonos celulares. También incautaron vehículos, como una moto y una camioneta VW Amarok, un Peugeot 207, un Ford Focus y un Gol Trend que se encontraban en la vereda.

Para los pesquisas de la Gendarmería, y también para el fiscal Fernando Alcaraz, la organización se encontraba en un proceso de lavado de capitales. Sospechan que varios de los bienes que tenía Troncoso fueron adquiridos gracias al dinero que ingresaba por la comercialización de estupefacientes y por eso se inició una causa por lavado de dinero.

Pruebas directas

“Espiar” los teléfonos de Troncoso y Gatica permitió conocer todos los movimientos de la organización y quiénes eran los que daban las órdenes. Se captaron conversaciones que demostraban que la gavilla fabricaba sus propios estupefacientes y que los comercializaba a través de su gente de confianza.
Una fue registrada entre Gatica y otro hombre, identificado como Oscar, el 13 de setiembre del 2018.

Gatica: “Viejo, escuchame, ahí consigo, loco; pero me la van a aumentar. Decime sí o no, si no lo dejo ahí, ni invierto. Te llevo tres paquetes, está a dieciséis. Fijate si querés o no, me da lo mismo. Si me decís que sí, te lo llevo esta noche para allá”.
Oscar: “No, porque ya se pone caro, ya.
G.: “Sí, más vale, pero acordate que es descolgado, boludo. Si no te lo estoy pidiendo al contado, yo”.
O.: “Sí, pero viste que cuesta un montón para vender todo eso”.

Otro de los diálogos que sirvieron para sostener la hipótesis delictiva, que fue reproducido durante las audiencias de debate, se produjo entre Héctor Troncoso y su hermano.

Discutieron por una prensa y hablaron de marihuana y cocaína. Justamente, Héctor le recriminó a su hermano por qué se había llevado la máquina sin su autorización. La base del enojo radicaba en que podía comprometerlo con su actividad ilegal.

Si bien Troncoso desmintió durante el proceso tener una organización narco –aseguró que era propietario de una constructora y que los dólares que le hallaron se los había prestado una tía de Buenos Aires para potenciar esa actividad–, en el cruce verbal con su familiar directo evidenció totalmente lo contrario.

“Uh, gordo, nada, la concha de tu madre… Mirá te lo voy a decir así para que lo entiendas, la puta que te parió. ¿Qué hago?, tengo cinco kilos de cocaína, la puta que te parió. No lo puedo prensar, ¿qué hago?, la concha de tu madre. ¿Con las palabras tuyas lo hago?, la puta que te parió. Así que querías que te diga todo por teléfono”, le gritó a su hermano por la falta de la prensa.