Mariano Luque deberá sentarse la semana próxima en el banquillo de los acusados de la Segunda Cámara del Crimen por la causa de la desaparición de la joven madre Soledad Olivera en noviembre del 2011 en el distrito Tres de Mayo, Lavalle, tal como informó el lunes El Sol. El proceso, definen los protagonistas, será todo un desafío para las partes: el imputado arriesga entre 2 y 6 años de cárcel por privación ilegítima de la libertad a pesar de que la mujer, de 28 años al momento de su desaparición, nunca fue hallada.
Sin embargo, en el expediente que lideró el fiscal especial Santiago Garay durante más de dos años, se incorporaron pruebas necesarias contra el sospechoso, que sirvieron para atravesar las instancias posteriores en la Justicia de Garantías y la Cámara de Apelaciones. Estas serán las que darán a conocer el Ministerio Público y también la querella –fueron propuestos 35 testigos para cuatro jornadas– para intentar confirmar la participación de Luque en el hecho.
La hipótesis de Garay sostiene que Luque mató a Olivera y la enterró en alguna finca lavallina. Descarta un caso de trata de personas, como se sospechó en un principio, porque si hubiese sido así, notificaba a la Justicia federal, la encargada de investigar este tipo de delitos.
Al no poder probarlo, las sospechas porque el cadáver nunca fue encontrado, el fiscal sostuvo en la elevación a juicio que Luque fue la última persona que vio con vida a esta madre de tres hijos de entre 6 y 13 años. Se basa en que el día que no la vieron más ella cruzó 100 mensajes de texto con el hombre, algunos amenazantes.
Esos sms, al otro día del 18 de noviembre del 2011, misteriosamente dejaron de ingresar al teléfono de Olivera, de acuerdo con un seguimiento de tres meses que se hizo a las comunicaciones telefónicas.
El pesquisa judicial no tardó en preguntarse: “¿Por qué justo ese día se cortó la comunicación entre Luque y Olivera? ¿Por qué no envió más mensajes si no había denuncia? Con la agravante de que el caso trascendió 11 meses después, en setiembre del 2012, cuando desapareció otra chica en ese mismo distrito: Johana Chacón, que tenía 13 años por aquellos días, hermana de Beatriz, la nueva pareja de Luque. No está probado en la causa, pero, para el detective, Luque también tuvo participación en la desaparición de Johana.
Las hermanas de Olivera también sembraron la duda cuando hablaron. “Estamos muy enojadas, porque dijo que no conocía a mi hermana (por Soledad), pero no es cierto, se conocían desde hacía varios años”, aseguró Marcela, hermana de Soledad, a este diario. En la primera declaración que hizo Luque la desconoció, y esto lo complicó. De acuerdo con su abogada, María del Carmen Aguilar, lo hizo porque estaba entablando la nueva relación con Beatriz.
Conocidos
Olivera solía trabajar en la finca del padrastro de Luque, Luis Curallanca, como cosechadora de aceitunas. A su vez, mantenía encuentros sexuales con Luque. No era raro verlo en la casa de la mujer en el barrio Paraíso Ana Curry, llevando mercadería o entregando dinero (vivían a 150 metros de distancia). Las hermanas de Olivera lo declararon cuando fueron citadas. También lo dijeron testigos de identidad reservada. Ratificaron que vieron los mensajes de texto amenazantes que Luque le enviaba a su teléfono celular.
La raíz del conflicto, sostienen los investigadores, está basada en un presunto embarazo que habría decidido interrumpir Olivera a principios de noviembre. Sin bien para la defensa no está probado que la mujer haya estado encinta, Luque enfureció y comenzó a amenazar a la mujer. “Me las vas a pagar por lo que me has hecho” o “te va a pasar algo”, fueron algunos de los menajes que Luque le envió antes del 11 de noviembre.
También hay tres testigos que sostienen que Beatriz Chacón amenazó a Olivera en una peluquería lavallina, al enterarse de que ambas estaban con el mismo hombre.
La causa es de difícil resolución y tanto la fiscalía de Cámara como la defensa así lo dejaron trascender. Los testigos jugarán un partido más que complicado. El caso podría terminar tanto en absolución como en condena.
