Cristian Luciano Franklin Romero tiene 42 años. Desde hace varios años su nombre pasa desapercibido en las crónicas policiales locales pero, entre fines del 2003 y el 2004, este hombre se transformó en uno de los homicidas más salvajes y buscados de Mendoza.

Lo atraparon primero por el doble crimen del Atomo de Villa Tulumaya, en Lavalle, donde mataron a una madre de 24 años y a su pequeña hija de 7 durante un asalto, y por el asesinato de Gastón Rasjido en el barrio SUPE de Godoy Cruz, también en un hecho de inseguridad. Ambos casos generaron un fuerte impacto social.

Romero zafó de ser sentenciado en la vieja Quinta Cámara del Crimen por los homicidios de Silvia Amaya y su hija Diana Torres cuando se realizó el primer juicio oral por ese hecho con otros sospechosos (con el paso de los años confirmaron que había sido el autor del disparo letal contra las víctimas pero, al haber sido absuelto, no pudo ser juzgado nuevamente).

Sin embargo, no pudo esquivar el llamado caso Rasjido, ocurrido la noche del 4 de febrero del 2004: recibió prisión perpetua por su participación primaria en homicidio criminis causa, debido a que se comprobó que mató con un cómplice, llamado Horacio Reinoso a Gastón, e hirió de gravedad durante en un asalto en su casa a su hermano Valentín, quien pasa sus días en una silla de ruedas.

Hace pocos días, Franklin Romero escapó de prisión y por estos días continúa en la clandestinidad.

De acuerdo con información a la que accedió El Sol, el homicida se encontraba en la Colonia Penal de Gustavo André y había recibido beneficios de parte de la Justicia: el Tribunal Penal Colegiado Nº1 hizo lugar al régimen a mediados de junio del 2020 –se efectivizó en agosto del año pasado– y no regresó al establecimiento carcelario como debía.

Básicamente, seis meses después de comenzar su reinserción social, se transformó en un prófugo y personal de Investigaciones trabajaba para intentar capturarlo.

Romero se encuentra purgando la pena máxima y accedió a beneficios por buen comportamiento. Por el tiempo que llevaba preso (17 años y siete meses, superando los 15 años establecidos por la normativa implementada al momento de cometido del hecho para los casos de perpetua) se encontraba en condiciones de solicitar salidas transitorias.

El juez de Ejecución Penal Sebastián Sarmiento negó el pedido en primera instancia pero un Tribunal Colegiado, luego de una apelación de la defensa, resolvió a su favor. La condición era la siguiente: que Franklin saliera con tobillera electrónica que permitiera su monitoreo.

Al parecer, el homicida se deshizo del aparato el 11 de enero y no regresó al penal, como debía. Había fijado domicilio para permanecer en una propiedad del oeste de Capital (se reserva la información por pedido de los investigadores), en la que se encuentran familiares directos, pero este jueves su paradero continuaba siendo un incierto.

Casos conmocionantes

Cristian Franklin Romero estuvo involucrado en dos hechos de inseguridad fatales que terminaron con tres muertes. Ambos sucedieron con poco tiempo de diferencia: el 20 de diciembre del 2003 y el 4 de febrero del 2004.

Antes de la Navidad del citado año, una banda perpetró un golpe comando en el Atomo de Lavalle. Uno de los malvivientes disparó un arma de fuego después del robo. El proyectil impactó en el pecho de Silvia Amaya y la atravesó. El plomo terminó ingresando en la cabeza de su hija Daiana Torres. Ambas se escondían de los ladrones en la zona de cajas y murieron en el acto.

La noche del 4 de febrero del 2004, River y Boca jugaban un amistoso en el Malvinas Argentinas cuando se produjo un asalto en el domicilio de la familia Rasjido, en el barrio SUPE de Godoy Cruz. El Millonario se impuso por 3 a 1 y hubo festejos con fuegos artificiales.

En ese momento entraron dos malvivientes en la casa de los Rasjido para robar una camioneta 4×4.

Hubo disparos contra dos víctimas y los vecinos creyeron que era el ruido que provocaban las bengalas lanzadas por los hinchas riverplatenses.

Ese día estaban en la propiedad los hermanos Gastón, Valentín, Ícaro y su madre, Alicia Lemos.

Valentín, que miraba televisión en la habitación de sus padres, observó que su hermano Gastón intentaba frenar el robo en la propiedad. El joven sacó un machete y lastimó a uno de los delincuentes. Su madre también se había trenzado con los ladrones.

Romero sacó una pistola y comenzó a los tiros. Dos proyectiles impactaron en Valentín. Los plomos dieron en la espalda y el tórax. Antes de escapar, ejecutaron a Gastón de un tiro en el pecho.

Luego de zafar en el juicio por el doble crimen del Atomo de Lavalle, Romero se sentó en el banquillo por el crimen de Gastón y las heridas que le causó a Valentín, las que lo dejaron sin la posibilidad de volver a caminar.

Recibió prisión perpetua. Los llantos de la esposa del condenado se escucharon en la sala de debate tras la lectura de la sentencia. “Yo sé que tenés la conciencia tranquila”, le susurró a su marido mientras este abandonaba, esposado, el recinto, tal como publicó El Sol por aquellos días.

Con el paso de los años, la Justicia reactivó las causas Rasjido y Atomo. La policía capturó al otro partícipe del ataque en el barrio SUPE –Horario Reinoso– y también lo sentenció a perpetua en diciembre del 2010.

En esa instrucción, liderada por el ex fiscal especial Luis Correa Llano -hoy juez- se comprobó que Romero también había sido el autor de los disparos contra Amaya y su hija Daiana pero, como ya había sido absuelto en el primer debate, no pudo ser juzgado dos veces por un mismo hecho.