La Justicia federal ordenó y la Gendarmería ejecutó el martes por la tarde importantes allanamientos en distintos puntos del Gran Mendozapero que tuvieron su epicentro en la galería Independencia, de Ciudad, donde atraparon a cinco personas sospechadas de ser proxenetas. Uno de los impulsores de la denuncia detalló lo que se vivía día a día en ese lugar, donde rescataron a diez mujeres. Una historia envuelta en dinero, amenazas, sexo y persecución.
Los dueños de los negocios ubicados en la planta baja del edificio –por donde se ingresa a los departamentos que fueron allanados– fueron testigos de cómo creció el mercado de la prostitución en ese inmueble de calle Lavalle, entre San Martín y San Juan.
El presidente del consorcio que nuclea a los propietarios –se reserva su identidad por motivos de seguridad– relató a El Sol que hace 10 años aumentó “fuertemente” el rubro. “Era increíble, tres proxenetas comenzaron a encontrarle la veta al negocio. Se venía gestando de todo tipo y color. Al principio, los departamentos pertenecían a ancianos o consultorios médicos pero después mutaron”, narró.
El representante de los comerciantes explicó que existen cerca de 160 departamentos en el edificio, de los cuales “60 por ciento estaba dedicado a la prostitución. Habría que ver por qué los dueños de los inmuebles se los alquilaban a estas personas. El negocio de la prostitución iba creciendo y comenzó a especializarse. Las mujeres daban servicio a los discapacitados, después a los ancianos, a los jóvenes, a los que tenían fantasías y hasta había clientes VIP. Se empezó a formar un abanico brutal”, subrayó. Agregó que comenzaron a ejercer niñas menores, de entre 15 y 17 años, pese a que ninguna adolescente de esa edad estaba el día de los allanamientos. “Parece que se avivaron a tiempo”, estimó.
“La plata que dejaba el comercio era importante. Con la investigación que llevamos adelante con el consorcio y las autoridades detectamos que les quedaba plata a la persona que traía a la mujer, al proxeneta y a la chica”, aseguró, creyendo que los “proveedores” de las meretrices son personas “muy conocidas en Mendoza y de grandes capitales”.
Si bien el negocio sexual se realizaba puertas hacia dentro, “poco a poco empezaron a salir a los pasillos de la galería. Ahí comenzamos a ver que se peleaban para agarrar a los clientes, se tiraban de los pelos. Laburaban al que viniera, no importaban edad ni condición. Ellas trabajaban desde las 9 hasta la 20. En la noche no hay movimiento porque está todo cerrado”, explicó.
Con respecto al delito de trata de personas, detalló: “Les decían a las chicas que les iban a alquilar un departamento. Las traían hasta la confitería, tomaban algo, charlaban y les prometían que no les iba a faltar nada. Algunas aflojaban y accedían rápido. Cuando no era así, empezaba el trabajo del proxeneta”.
El titular del consorcio manifestó que en una ocasión dialogó con uno de los negociantes, un hombre adinerado, quien le dijo: “Lo hago porque me da adrenalina”.
Cuando la Justicia comenzó la investigación, se iniciaron las extorsiones. “Le sacaban fotos a los clientes importantes. Y después agarraban a un doctor reconocido o a un empresario y lo chantajeaban, le decían que les iban a mostrar las imágenes a sus esposas”, contó.
“Otro de los fenómenos que apareció en la galería –en paralelo al mercado sexual– fue, como los departamentos valían poco, casi 40 inmuebles se alquilaban al turismo. Esto se comenzó a mezclar con las trabajadoras sexuales, y los arbolitos aprovecharon. Se instalaron en la planta baja y ofrecían cualquier tipo de moneda al instante”, agregó.
El encargado recordó que los reclamos comenzaron hace una década, pero no se podía hacer nada “porque el negocio sexual se daba puertas para dentro”.
Todo se destapó hace un año, cuando uno de los proxenetas amenazó de muerte a la contadora de la galería y a su hijo. A partir de este hecho comenzó la investigación federal. “Estos procedimientos fueron lo máximo que se pudo lograr. Acá ya no se puede estar, se vive al límite todos los días”, concluyó.
