La escena en calles Newbery y Manzano. La víctima, Emilio Giménez.

La investigación policial-judicial del asesinato durante un asalto del empresario frutihortícola Emilio Giménez (49) tiene a dos detenidos en la cárcel y a otros cinco personajes más identificados gracias a rastros genéticos y huellas dactilares que se levantaron en los vehículos de alta gama que utilizó la banda delictiva para dar el golpe en la esquina de Padre Manzano y Jorge Newbery, de Guaymallén, la siesta del 15 de setiembre.

Se está por cumplir un mes del conmocionante hecho y los detectives de la División Homicidios continúan desarrollando diversas tareas para intentar dar con los prófugos. No sólo Investigaciones tiene en la mira a la peligrosa gavilla, otras áreas policiales trabajan para ubicar a sus integrantes.

La recompensa de 700.000 pesos que ofreció del Ministerio de Seguridad para aquellas personas que aporten información certera que permita “la individualización, detención y enjuiciamiento” de Gustavo Maximiliano Rivero Díaz (25), los hermanos Juan Ángel (27) y Ricardo Javier Andrada Mercado (30), Walter Sebastián Corcho Saez Olguín (31) y Maximiliano Andrés Martínez Llaneza (22)” continúa vigente y se han recibido algunos datos de importancia con respecto a sus paraderos.

Creen que algunos dejaron la provincia a las pocas horas de perpetrado el asesinato y que otros continúan ocultándose en algunas barriadas populares del Gran Mendoza, lo que complica su ubicación.

Lo cierto es que, de acuerdo con la instrucción que lidera el fiscal de Homicidios Carlos Torres, al menos nueve delincuentes que se movilizaban en tres vehículos participaron en el asalto, con diferentes roles cada uno.

Están los que marcaron a la víctima desde que salió de la Feria de Guaymallén, donde se movía diariamente porque tenía algunos puestos, hasta los que se encontraban armados y quisieron sustraerle, al menos, los 5 millones de pesos, dólares y cheques que transportaba en una camioneta VW Amarok V6 blanca.

Gracias a una seri de trabajos investigativos, los policías identificaron a las pocas horas del crimen al penitenciario Cristian Antonio Rivero –padre del prófugo Gustavo y también del Chori, un joven que se encuentra preso por el asesinato de un hincha de Independiente Rivadavia a principios del año pasado– y a Ángel Leandro Fredes Ponce.

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El guardicárcel, quien fue hasta hace poco tiempo jefe de seguridad de la Lepra, fue marcado gracias a una serie de cámaras de seguridad que lo captaron realizando movimientos de seguimiento a la víctima por algunas calles guaymallinas, y Fredes porque olvidó su teléfono celular –la línea estaba a su nombre– en una de las camionetas que utilizó la banda para emboscar al empresario.

Lo que no había trascendido en la causa era que estaban individualizados –sin identificación– otros dos hombres. Figuran como NN pero se sabe que uno conducía una camioneta Jeep Renegade blanca antes del asalto fatal y el otro circulaba en el mismo vehículo que los Rivero, un Fiat Tipo que quedó registrado por diversas cámaras de seguridad.

De esta forma, contando a los dos detenidos, los cinco prófugos y el par de hombres cuyos datos se desconocen, la banda estaba integrada por nueve agresores.

Justamente, durante los peritajes que se desarrollaron los primeros días de instrucción se logró levantar cuatro rastros genéticos que se encuentran en proceso de análisis y podrían ser cotejados en un futuro.

En detalle

El asalto que sufrió el empresario Giménez estuvo preparado. Una parte del grupo delictivo lo marcó y obtuvo información sobre los movimientos financieros que la víctima realizaba todas las semanas. Fuentes consultadas por El Sol contaron que “no era raro que transportara millones de pesos” en su camioneta cada vez que salía de la Feria de Guaymallén.

El 15 de setiembre a las 14.50, un vehículo marca Fiat modelo Tipo estacionó sobre la margen oeste de calle Sarmiento, a pocos metros de la feria. El vehículo era conducido por Cristian Antonio Rivero, el penitenciario. Su hijo Gustavo se encontraba con él. Además, había otro hombre no identificado.

De la reconstrucción surge que Gustavo también realizó algunos movimientos de marcación en el lugar de trabajo de la víctima.

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A las 16.07, el Fiat Tipo fue ubicado en algunas calles de Guaymallén, realizando un seguimiento a la camioneta Amarok de la víctima. La investigación señala que los Rivero y el tercer ocupante del Tipo estaban en permanente comunicación con la otra parte de la banda, la que se movilizaban en dos camionetas de alta gama denunciadas como robadas, pasando información sobre el recorrido que realizaba.

De la causa se desprende que en una Toyota Rav 4 circulaban los hermanos Ricardo Javier y Juan Ángel Andrada, Ángel Fredes, Walter Saez y Maximiliano Martínez. Por su parte, al mando de la Jeep Renegade blanca lo hacía otro sujeto no identificado.

Al llegar hasta la zona de calles Jorge Newbery y Padre Manzano, la Jeep le cortó el tránsito a la Amarok de Giménez y la Toyota se colocó detrás, obstaculizándole el retroceso.

Tres hombres bajaron de los rodados y uno esgrimía una pistola calibre 22, le puntó al empresario y lo amenazó para que bajara de la Amarok.

El objetivo era llevarse el dinero en pesos, dólares y cheques que transportaba, pero la víctima estuvo lejos de acceder a las exigencias de la banda y ofreció resistencia, por lo que accionaron el arma. El plomo impactó en el sector izquierdo delantero de la camioneta

Esto provocó que Giménez hiciera marcha atrás a toda velocidad con el objetivo de escapar y chocara violentamente a la Toyota, empujándola hasta dejarla en dirección contraria.

En ese momento, el malviviente que tenía la pistola volvió a accionar el gatillo hacia el lugar donde se encontraba Giménez: el plomo impactó primero en su brazo izquierdo y luego ingresó en su cavidad torácica, perforando los pulmones y el corazón.

Giménez quedó malherido en el asiento del conductor y murió minutos después. La banda en su totalidad no robó el botín, porque la Amarok se incrustó en una casa, y escapó en el vehículo que se encontraba utilizable, la Jeep blanca.

Testigos llamaron al 911 y, rápidamente, personal policial llegó hasta la escena. Hubo un operativo cerrojo y policías departamentales encontraron la Jeep estacionada en calles Colombia y Sarandí, de Guaymallén.

Un par de días después cayó Cristian Antonio Rivero y luego, Ángel Fredes. Ambos fueron imputados por homicidio criminis causa en concurso ideal con robo agravado por el uso de arma de fuego apta para el disparo en grado de tentativa y en poblado y en banda.