Javier Wilson Herrera Poblete, alias el Caconi, es uno de los personajes más conocidos del mundo del hampa mendocino. Testigo del crimen de su madre cuando sólo era un niño, acusado de graves delitos durante su adolescencia y con permanentes ingresos y egresos a prisión después del alcanzar la mayoría de edad.
Con toda una vida vinculada al delito, actualmente se encuentra en la cárcel a sus 32 años. Se podría decir que gran parte de su juventud la pasó tras las rejas y la situación poco cambió ya siendo adulto.
Los últimos meses en la cárcel del, famoso Caconi, como lo llamaban desde que era menor de edad y no paraba de protagonizar detenciones y conflictos en las calles de barrio Pedro Molina I, fueron de terror. Fue blanco de otro ataque intramuros que le dejó secuelas de por vida y sumó una nueva condena por un asalto.
Desde hace tiempo que Herrera Poblete se ha vuelto un dolor de cabeza para las autoridades penitenciarias. Conflictivo y poco querido por el resto de la población carcelaria, ha sido víctima de varias agresiones por parte de otros internos.

En 2018 denunció que fue secuestrado dentro del penal San Felipe, maniatado, golpeado y amenazado con armas blancas. Incluso, los agresores subieron fotos del Caconi malherido y con una faca sobre su cuello a Facebook. “Se lo merece. Hizo mucho daño en la calle a muchas familias”, rezaba un comentario de la publicación que sólo duro un par de horas en esa red social.
En 2020 la historia se repitió. Un grupo de internos le dio una paliza y quisieron ahorcarlo. “No lo mataron de milagro”, refirieron fuentes penitenciarias por aquel entonces. Nuevamente, trascendieron fotos de su rostro ensangrentado e hinchado por los golpes.
A los pocos días de ese hecho, volvió a ser agredido y se debieron tomar recaudos para proteger su integridad. Hasta se pensó en trasladarlo a otro complejo penitenciario, pero en todos había rivales que lo esperaban para atentar contra su vida.
Hace poco más de tres meses, el 29 de setiembre, el Caconi recibió un puntazo en un ojo. Aparentemente, se asomó por la mirilla de la puerta de su celda de San Felipe y lo hirieron con un arma blanca.

A raíz de eso, debió ser internado en el Hospital Central y con el paso de los días se confirmó lo peor para él: perdió el 100 por ciento de la visión en el ojo derecho.
Luego de eso, durante los últimos días de diciembre, recibió una nueva sentencia en su contra. Durante un juicio abreviado reconoció haber asaltado a un joven vendedor de ropa y acordó una pena de 5 años con declaración de reincidencia.
La información judicial señala que, a mediados de 2020, un chico y su novia fue a venderle prendas a su domicilio. El Caconi le compró una remera y le pide que al día siguiente pase a cobrarle.
De acuerdo con la reconstrucción, cuando la víctima se presentó horas después en la vivienda de Herrera Poblete lo asaltó y le sustrajo sus pertenencias.
Así las cosas, al Caconi deberá pasar un nuevo periodo en prisión, en el que deberá cumplir su sentencia de manera efectiva y sin posibilidades a ningún tipo de beneficios carcelarios.
La historia del Caconi
El 4 de octubre del 2001, la vida del Caconi cambió para siempre. Ese día su madre, Luz la Chilena Poblete, fue amenazada luego de ser testigo del crimen en un asalto de un delivery en el barrio Pedro Molina I.
Por eso, la mujer decidió ir hasta una comisaría para radicar la denuncia. Acompañada por sus dos hijos más pequeños, de 9 y 11 años (el menor era el Caconi), hizo la presentación judicial y mientras regresaba a su hogar, dos sujetos la abordaron y ole dispararon a matar.
Poblete recibió un proyectil en la nuca y perdió la vida prácticamente en el acto, ante las miradas de sus dos hijitos. Por ese hecho de sangre terminaron condenados a prisión perpetua Rubén Antonio Bugui Ortega y Oscar Javier Noni Ortega Osorio.

A partir de allí el Caconi abandonó la escuela y con tan sólo 11 años cometió su primer asalto a un repartidor de pan. A lo largo de su adolescencia no paró de ser sindicado por robos, tiroteos y demás delitos. Pasó varias veces por el ex Cose y se escapó en varias ocasiones.
En 2009, ya siendo mayor de edad, fue acusado por el homicidio de Roberto Daniel Ortiz, baleado durante un asalto en el barrio Lihué, pero terminó sobreseído al año siguiente.
Pese a eso, jamás paró de delinquir y pasó por todas las prisiones del Gran Mendoza, ganando rivalidades y conflictos que terminaron con un hecho que le afectó su visión de por vida.
