El Ministerio de Seguridad envió este martes una gacetilla de prensa a través de correo electrónico bajo el título “Caconi detenido (de nuevo)”. El parte policial tenía como objetivo informar sobre la aprehensión de Wilson Javier Herrera Poblete, un joven de 20 años que conocido en el mundo policial por su particular historia.

Herrera Poblete, apodado “Caconi”, se convirtió hace algunos años en el blanco preferido de algunos medios de comunicación. Lo mostraron como el estereotipo del “pibe chorro” mendocino y cada uno de sus conflictos con la ley fue cubierto con cierto tinte de espectacularidad. De ser un “niño delincuente” pasó a ser un adolescente violento y esquivo a los régimenes de encierro

Esta vez, a Herrera Poblete lo detuvieron en Guaymallén por portar un arma de fuego marca Hi Power calibre 9 milímetros, igual a uno de los modelos usados por la Policía de manera reglamentaria.

Según el parte oficial, cuando se sintió atrapado, Caconi dio un nombre falso, pero su identidad finalmente fue descubierta. Apeló a ese último recurso  porque el año pasado fue condenado a tres años en prisión en suspenso por robo, y, de cometer algún delito, –como la portación ilegal de un arma- su destino estaría en cárcel.

El mismo día en que recibió esa condena fue absuelto por una causa de homicidio. El “Caconi” entendió entonces que su nombre estaba en un lista negra de los efectivos policiales y que era probable que lo culparan de algún otro hecho en el futuro. Por eso, en una entrevista que dio a El Sol, aseguró que tenía ganas de irse del país. Sin embargo, se quedó y –tal como dice el mail del Ministerio- quedó “detenido (de nuevo)”.

Su historia es particular. Hasta el 4 de octubre de 2001 era un chico más como otros tantos que jugaban en las veredas de la zona de Pedro Molina. Tenía 11 años y su vida cambió de repente cuando Rubén y Oscar Ortega (padre e hijo) decidieron sacarle su bicicleta por la fuerza. Fue un hecho cobarde, de pobres que le roban a más pobres.

Esa noche Javier fue con su mamá hasta la Comisaría Novena para hacer la denuncia. Cuando regresaron, los ladrones de bicicleta se descolgaron de un árbol y, como venganza, le dieron un tiro a la mujer. El chico fue un espectador trístemene privilegiado de la muerte de su madre. Y años más tarde, su testimonio fue clave para condenar a los culpables a prisión perpetua.

Desde ese momento, sin su madre y con el padre alojado en la penitenciaría provincia, Caconi devino a chico de la calle. Abandonó por completo la escuela y se convirtió en visitante asiduo del COSE, de donde escapó en más de una ocasión. Su “alias” comenzó a circular por algunos medio que se regodearon con la figura del nene bajito y regordete que manipulaba de manera llamativa un arma de fuego y se convertía en protagonista de las crónicas policiales.

Este martes, ese chico que fue testigo directo del asesinato de su madre y que luego se convirtió en un precoz delincuente, fue detenido (de nuevo).