La economía argentina llega al cierre de 2026 con superávit fiscal y comercial, menor inflación y un Banco Central que volvió a comprar dólares. Sin embargo, el mercado todavía no termina de validar esa mejora: la expectativa de crecimiento se redujo a la mitad, los bonos volvieron a perder terreno y el riesgo país sigue en niveles altos.
Gustavo Neffa, director de Research for Traders, señaló que la proyección de crecimiento para este año pasó del 3% a alrededor del 1,5%, mientras espera una recuperación cercana al 2,5% en 2027 y al 3% en 2028. Para el economista, parte de la explicación está en que “las ganancias rápidas se agotaron en 2025”, luego de una primera etapa en la que el Gobierno bajó con mayor velocidad la inflación y estabilizó las expectativas.
Esa cautela ya se refleja en los activos argentinos. Después de las fuertes ganancias de comienzos de año, los bonos llegaron a caer entre 5% y 10% y actualmente ofrecen rendimientos de entre 11% y 13% en los tramos cortos y alrededor de 12% y 13% en los largos. “Eso significa un riesgo país altísimo”, afirmó.
El nivel de reservas aparece como una de las principales razones por las que esa mejora todavía no se traduce en una percepción de menor riesgo. Neffa estimó que representan alrededor del 5% del PBI, frente a niveles de entre 10% y 15% en otros países de la región. “El Gobierno ha ido haciendo los deberes, pero son requisitos necesarios, no suficientes”, sostuvo, y agregó: “Si uno le pone la lupa, son más deuda que reservas”.
Del lado positivo, destacó un superávit comercial que podría superar los US$25.000 millones este año y mantenerse en niveles similares en 2027, impulsado por hidrocarburos, minería y agro.
La inflación, en cambio, enfrentará algunos límites en los próximos meses. “Va a ser muy difícil que baje de 1,6%”, anticipó, y ubicó la tendencia para el cierre del año entre 1,7% y 1,9%. La estacionalidad, el tipo de cambio y el petróleo seguirán condicionando la baja, aunque estimó que la desaceleración podría profundizarse a partir de marzo.
Otro de los temas que condicionará el escenario en 2027 es la evolución de la economía real. El economista reconoció que “la economía, el poder adquisitivo, el salario, la recomposición del poder de compra del asalariado son vitales” de cara al año electoral. Una recuperación insuficiente del poder de compra o una nueva desaceleración de la actividad podrían aumentar la incertidumbre y trasladarse a las expectativas del mercado.
A ese desafío se suma un contexto internacional que puede afectar el acceso al crédito y las inversiones, claves para motorizar la actividad y refinanciar la deuda. Tasas elevadas, una suba del petróleo, una caída de los commodities o peores condiciones financieras podrían complicar el financiamiento de proyectos vinculados al RIGI y el acceso a fondos de organismos multilaterales y líneas bancarias. “Lo peor que puede pasar es que la crisis internacional bloquee todo tipo de financiamiento hacia Argentina para muchos proyectos”, advirtió.
En paralelo, el Gobierno busca eliminar o suspender las PASO. Neffa recordó que en otras oportunidades fueron “un antes y un después en los mercados”, por lo que el calendario electoral podría condicionar el rendimiento de los bonos, la cotización del dólar y otras expectativas. De todos modos, consideró que ese riesgo aparece sobre una economía que atravesó “cambios estructurales tremendos” desde 2024 y llega a 2027 con un Banco Central “mucho más blindado”.
Además, proyectó que la actividad podría recuperar dinamismo el próximo año a “una muy buena tasa”, acompañada por un superávit comercial elevado y un mayor aporte de hidrocarburos, minería y agro. El desafío será que esos avances alcancen para amortiguar el ruido político y evitar que vuelva a trasladarse a las variables financieras.
Con información de Noticias Argentinas.
