Sandra Jaquelina Vargas, la señalada jefa narco conocida en el oeste de Godoy Cruz y en diversas causas penales como la Yaqui, fue llevada ayer a las 10 de nuevo a los tribunales locales para que declare en otra causa que la mantiene tras las rejas en la cárcel de El Borbollón: falso testimonio agravado. Compareció junto con su hija Silvina Gelvez (21) también en una celda por esa y otras calificaciones en su contra. El viernes, ambas habían pedido hablar en la causa “madre” –asociación ilícita–, y negaron rotundamente ser jefa e integrar una organización criminal, respectivamente, y denunciaron una persecución periodística y policial.
Vargas, bajo custodia penitenciaria armada, volvió a sentarse en el despacho del fiscal Juan Carlos Alessandra, el líder de las pesquisas, y realizó, prácticamente, la misma exposición que la semana pasada sin responder pregunta alguna.
La mujer, quien el lunes cumplirá 38 años, está acusada de haber mentido en la instrucción judicial por el asesinato de su esposo, Cristian Gelvez (40), a fines de enero, para perjudicar a una persona que no estaba señalada como autora del hecho. Su hija también declaró en ese expediente y sostuvo que Juan Chicho Paez, un hombre con quienes estaban enfrentados, era el asesino. Sin embargo, se comprobó que el sujeto que disparó fue Javier el Carnicero Quirino, detenido semanas después del fallecimiento de Gelvez.
En la primera declaración en el expediente, la Yaqui no aceptó preguntas del fiscal y aseguró que está encerrada por publicaciones periodísticas y un seguimiento intencional policial de efectivos de Godoy Cruz.
Acto seguido, dijo, palabras más palabras menos, que su detención fue una respuesta inmediata a un pedido que hizo el gobernador Francisco Pérez para terminar con la inseguridad en la zona.
De acuerdo con las pruebas que se han incorporado en esas dos causas, la situación de las sospechosas es complicada. Tanto es así, que el fiscal Alessandra está muy cerca de solicitar a la Justicia de Garantías la prisión preventiva en su contra.
Hacia el este de los tribunales provinciales, sobre calle 9 de Julio, están los federales, y en ese edificio, el juez Walter Bento las mantiene imputadas –junto con otros familiares– por venta de estupefacientes y lavado de activos.
En esos expedientes también están complicadas, explicaron fuentes de la causa. Existen sobradas pruebas que afirman que, por la comercialización de drogas, en los últimos años compraron diversos bienes como vehículos y propiedades, y la mayoría está a nombre de personas que, al igual que ellas, no presentan ingresos de dinero para adquirirlos.
Por ejemplo, además de las camionetas Toyota SW4 blanca y la Amarok negra secuestradas, se sumaron otros vehículos, como un VW Suran y un Bora. El primero fue utilizado varias veces por Cristian Gelvez –el día que lo balearon en el Campo Papa– y el segundo, por la hermana de la Yaqui, Silvana Natalí Vargas, quien tenía pedido de captura y fue apresada el 18 de julio junto con su pareja, Miguel Ángel Valdivia. La Nati, el día que cayó la mayoría de los sospechosos, el 14 de marzo en Juana Koslay, San Luis, escapó en el Bora.
Esos dos vehículos, además de una moto Yamaha, están a nombre de un sujeto identificado por fuentes judiciales como Marcos Jonas Miranda. De acuerdo con lo que investigó personal policial y judicial, este joven hombre “pasó de no tener nada en el 2013 a comprar tres vehículos”, explicaron, y agregaron que no presenta ingresos de dinero para realizar compras por cerca de 200 mil pesos.
Para destacar, los investigadores dieron con una prueba de importancia: el título de uno de esos vehículos fue hallado en el chalet de la mujer en Juana Koslay. “Si no era suyo, por qué tenía el título en su casa”, confió un investigador policial. Pero, la prueba que más las complica, agregaron las fuentes, es que la Yaqui, sus hermanas y su hija, tenían tarjeta azul para manejarlos sin inconvenientes. La hipótesis es que adquirían los autos y los ponían a nombre de allegados y testaferros que recibían una “comisión” para eso.
Lo mismo con las dos propiedades que serían de la Yaqui en los loteos de Granja y Jardín Lomas de Chacras. La primera, conocida como Guanipera y ubicada sobre calle Dardo Pérez, después de la captura de la mujer en San Luis, presentó un cartel de venta, y quien la ofrecía a 900 mil pesos era un carpintero “que tampoco puede justificar sus bienes”.
Ese mismo hombre, de quien se reserva su identidad por pedido de los pesquisas, era quien pagaba los servicios de mantenimiento de un lote de 2.000 metros con pileta y quincho ubicado un kilómetro hacia el oeste de la Guanipera.
Los investigadores sostienen que las pruebas contra la organización son contundentes y aseguran que las instrucciones continuarán varios meses más antes de la última etapa, la elevación a juicio.
En la mira
Los pesquisas judiciales federales no descartan más detenciones en las causas por lavado de activos y venta de estupefacientes. Se encuentran en proceso de investigación una serie de pruebas que sostienen que más hermanas de Sandra Jaquelina Vargas tienen vehículos costosos a su nombre que no podrían justificar.
Angelitos en problemas
En su edición de ayer, El Sol informó sobre la situación procesal de uno de los nueve detenidos –los imputados son 10, sin embargo, la hija de 17 años de la Yaqui está acusada pero en libertad– que tienen las causas tanto provinciales como locales. Se trata de Carlos Junior Vargas. Este joven de 20 años, hijo de Patricia, hermana de la presunta jefa narco también en la cárcel, fue acusado por participación primaria en homicidio agravado por el uso de arma de fuego. Complicado, además, por tres abusos de arma, se transformó en el primero en ser imputado por un crimen desde que se produjo la mayoría de las capturas relacionadas con la banda, el 14 de marzo. Está señalado como integrantes de los angelitos de la Yaqui –chicos que recibían órdenes a cambio de armas, drogas y vehículos en el oeste godoicruceño– y sería uno de los tres autores del homicidio de Andrés Arce, ocurrido el 8 de febrero en el barrio Sarmiento. Se cree que los agresores querían vengar la muerte del marido de la presunta jefa narco y se confundieron de persona. Es también primo de Jonathan Brizuela, hijo de otra hermana de la Yaqui, detenido en setiembre del 2013 en Juana Koslay e imputado por homicidio, y era amigo del Cara Cortada y Arielito, dos menores que van a ir a juicio por tres asesinatos.
