La pequeña se encuentra en sala común y podría recibir el alta médica en los próximos días.

La evolución médica de la niña de 11 años baleada en Godoy Cruz abrió una expectativa de recuperación en los próximos días, pero al mismo tiempo dejó expuesto otro problema que generará repercusiones directas: el miedo.

La menor, que continúa internada en el Hospital Notti bajo el cuidado de su mamá desde el sábado 21 por la noche, podría recibir el alta este fin de semana. Sin embargo, ya le adelantó a su madre que no quiere volver a su casa, el asentamiento Los Cerros, donde fue atacada.

“La buena es que podrían sacarle el drenaje el fin de semana y le dan el alta médica. La mala es que no quiere volver al asentamiento y no tenemos dónde ir”, resumió en charla con El Sol Johana Sánchez, madre de la pequeña, en relación al escenario que deberán afrontar en los próximos días.

La niña fue sometida a una nueva intervención quirúrgica el lunes por la mañana, en la que los médicos avanzaron sobre las lesiones más delicadas. Le abrieron la pierna donde tenía un bypass y le tomaron muestras para descartar cualquier tipo de infección y para cambiar los drenajes. A esa extremidad izquierda no volverán a tocarla en los próximos días a la espera de recuperación.

Allí recibió impactos calibre 9 milímetros y casi se la amputan. También le recompusieron los huesos de la mano, le volvieron a poner una clavija mejor ubicada y un yeso, se desprende del procedimiento médico que le hicieron en el pediátrico de Guaymallén. .

En paralelo a la evolución clínica, el impacto psicológico aparece como una de las secuelas más profundas. La menor no solo atravesó una situación crítica tras recibir cuatro disparos, sino que además tomó dimensión de que el autor del ataque continúa libre. Incluso, según confiaron fuentes del caso a este diario, logró reconocerlo en fotografías que le fueron exhibidas durante la investigación.

Ese dato se volvió determinante en su temor. “¿Mamá, está presa la persona que me hizo daño?”, preguntó en reiteradas ocasiones. La respuesta fue negativa. Desde entonces, su postura es firme: “Entonces yo no quiero volver a la casa, yo no quiero salir del hospital”. A eso suma frases que repite con insistencia: “Tengo miedo” y “nos va a matar”.

El caso, que sacudió a Godoy Cruz hace once días, continúa sin detenidos, pese a que la investigación que lidera la fiscal de Homicidios Florencia Díaz Peralta logró reconstruir una secuencia de violencia que comenzó con amenazas y un primer tiroteo ocurrido el 15 del mes pasado en la casa de una tía de la niña, sobre calle Renato Della Santa.

Sin un agresor detenido y con un entorno atravesado por la violencia, el regreso al lugar donde fue baleada aparece, por estos días, como una posibilidad descartada en el entorno de la pequeña. Por eso se barajaba llevarla a otro domicilio y las autoridades del Ministerio de Seguridad no eran ajenas al análisis de esta situación.

Una escalada de violencia

La investigación policial y judicial permitió reconstruir una secuencia que se extendió durante al menos una semana y que terminó por exponer una presunta trama narco con base en el penal de Almafuerte, en Luján de Cuyo. El hilo comenzó el 15 de marzo, cuando se registró un primer ataque a tiros contra una casa de calle Renato Della Santa, en Godoy Cruz. También se analizó un tiroteo ocurrido a fines del año pasado.

En ese episodio, una testigo observó a un hombre armado que escapaba tras efectuar múltiples disparos. En el lugar se secuestraron vainas calibre 9 milímetros y se constataron daños en propiedades cercanas. A pesar de la gravedad, las víctimas no denunciaron el hecho en ese momento.

Con el correr de los días, comenzaron a aparecer amenazas a través de redes sociales dirigidas a una de las personas que se encontraba en ese domicilio, Yamila Agüero Declaux, quien está imputada en una causa por narcotráfico junto a otros integrantes de su entorno familiar y del ámbito carcelario.

La tensión fue en aumento y la hipótesis de una represalia empezó a tomar forma. Los pesquisas detectaron vínculos con conflictos internos dentro del penal de Almafuerte, particularmente con el entorno de Marcelo Agüero Declaux, conocido como “Tapón”, detenido en ese complejo, hermano de Yamila y padre de la menor baleada.

El punto de quiebre se produjo seis días después, cuando dos hombres llegaron en un vehículo gris hasta el domicilio del barrio Los Cerros. Uno de ellos descendió, caminó unos metros, llamó varias veces a la puerta y abrió fuego directamente contra la menor.

La niña recibió cuatro disparos, dos en el muslo izquierdo, uno en el derecho y otro en una mano. Mientras pedía auxilio, el atacante escapó a pie y luego abordó el vehículo en el que había llegado. Durante la fuga volvió a disparar, esta vez contra el hermano de la víctima que intentó perseguirlo.

El cuadro fue crítico desde el inicio. La niña fue trasladada primero al Hospital Lencinas y luego derivada al Notti, donde fue intervenida por el compromiso de la arteria femoral. La causa, que en un principio fue calificada como lesiones graves, escaló rápidamente a tentativa de homicidio.

Con el avance de las medidas, la fiscalía consolidó una línea investigativa que apunta a una disputa interna por narcotráfico con derivaciones fuera del penal. En ese contexto, surgió el nombre de Pedro Esteban Morales Anisco, alias “Piter”, señalado jefe del pabellón 4.1 de Almafuerte e imputado en la misma causa que Agüero Declaux, sindicado como quien habría ordenado el ataque desde la cárcel.

Desde un principio, por lo que detallaron las fuentes, creen que el ataque contra la niña no fue un hecho aislado, sino parte de una cadena de violencia que incluyó amenazas previas. A pesar de los avances en la reconstrucción, el autor material del tiroteo no fue detenido. Creen que fue el mismo “sicario”, debido a que las vainas calibre 9 milímetros levantadas el domingo 15 de marzo y el sábado 21 fueron disparadas por la misma arma.