La historia criminal de Lucía Raquel Rosales volvió a quedar expuesta este miércoles, cuando la Justicia federal la condenó por segunda vez por delitos de narcotráfico. La joven de 30 años, oriunda de Perdriel y madre de tres niños menores, sumó una nueva pena tras admitir que intentó ingresar droga al Complejo Penitenciario Federal VI utilizando a su hija de apenas 3 años como “correo humano”.
Este caso reabrió un viejo expediente y dejó al descubierto una trayectoria marcada por vínculos con una jefa narco ya condenada, un búnker de venta de drogas descubierto en 2021 y una dinámica familiar atravesada por el delito.
El reciente hecho que derivó en esta nueva condena ocurrió el pasado 24 de julio. Rosales llegó al citado penal de Luján junto a sus tres hijos para visitar a su pareja y padre de los menores, Fabián Emilio Rodríguez, detenido por causas federales. Como sucede con los ingresos al establecimiento, el personal penitenciario realizó un control de rutina mediante body scan. Fue entonces cuando una imagen “impropia de la anatomía humana” fue detectada en el glúteo de la menor.
Ante la gravedad del hallazgo, Rosales entregó un envoltorio de nylon: adentro llevaba 50 pequeños paquetitos de colores, todos cargados con marihuana. En total, 61 gramos de cannabis listos para ingresar al pabellón donde se encontraba su pareja, estimaron los investigadores luego del procedimiento.
La maniobra -según dejó asentado el juez federal con funciones de Garantías, Alberto Daniel Carelli- estaba en plena ejecución y solo fue frustrada por la intervención de los guardiacárceles.
Ante esto, el delito por el que recibió tres años de cárcel quedó en grado de tentativa una vez que los admitió. Fue hallada responsable por suministro de estupefacientes a título gratuito en calidad de autora, agravado por haber ocurrido en la sede de una penitenciaría.
Una reincidente en el mundo narco
Pero esta no era la primera vez que Rosales enfrentaba al sistema judicial tema de drogas. Había sido condenada en julio del 2022 a cuatro años de prisión por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización. Esa sentencia, que llegó también luego de un juicio abreviado homologado por la jueza María Paula Marisi del Tribunal Oral Federal Nº1, surgió tras un operativo de la Unidad Investigativa de Luján de Cuyo (UID) en la casa donde Rosales vivía con sus hijos y su pareja.
El allanamiento, desarrollado el 5 de junio del 2021, dejó al descubierto un auténtico búnker de drogas en el barrio Nueva Vida de Perdriel, donde tiene domicilio y seguirá detenida la mujer.
En la mochila del inodoro del baño, los policías dieron con 360 envoltorios de marihuana listos para la venta (460 gramos en total) y otros 23 envoltorios con cocaína (33 gramos). En el mismo lugar también dieron con dos armas de fuego.
La cocina también era parte del circuito narco doméstico, típico de un “quiosquito”: once cigarrillos de marihuana, 362 gramos de cogollos en secado, semillas de cannabis y hasta una planta sin raíz. Además, dinero fraccionado en billetes de baja denominación, que reforzaba la hipótesis de una actividad comercial sostenida.
Con el paso del tiempo, y hace pocos meses, antes de su segunda captura, investigadores ya había advertido la existencia de vínculos entre Rosales y una conocida jefa narco mendocina, también con base en Luján: Janet Cruz, condenada este año. La relación -según fuentes del caso que renació tras el reciente fallo- se tejía a través de conexiones barriales, circuitos familiares y envío de dinero a través de billeteras virtuales.
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El fallo y la declaración de reincidencia
El juez Carelli destacó en su fallo que la modalidad elegida para intentar ingresar la droga, es decir, escondida en la ropa de una niña de 3 años, le dio al hecho una gravedad especial. Por eso, además de la pena de tres años de prisión y una multa de 1.560.000 de pesos), ordenó declarar a Rosales reincidente, lo que impide una nueva condena de ejecución condicional.
Sin embargo, la historia familiar pesó y terminó recibiendo un beneficio. Los tres hijos de Rosales viven con ella y el padre permanece detenido. Además de la criatura usada para intentar ingresar la sustancia para la comercialización intramuros, el mayor de los pequeños tiene 12 años y presenta una enfermedad que requiere acompañamiento permanente. La segunda, de 10 años, está en tratamiento por hipertiroidismo.
Por todo ello, el magistrado resolvió que la nueva condena se cumpla bajo la modalidad de prisión domiciliaria en la misma vivienda de Perdriel donde operó el “depósito” narco en 2021.
