Llegaron desde San Juan y se alojaron en un hostel ubicado en calle Juan B. Justo de Ciudad. Tres de ellos nacieron en esa provincia y el restante en Buenos Aires. Se movilizaban en un Renault Sandero gris y tenían un solo objetivo: pasar unos algunos días en la zona urbana para perpetrar robos. Trabajaban con datos, realizaron trabajos de inteligencia y marcaron viviendas de Godoy Cruz donde sus moradores no se encontraban al mejor estilo escruche.
Eran violentos y portaban armas calibre 9 milímetros. Pero todo salió mal y terminaron tras las rejas y condenados. Gracias a su captura, efectivos de la División Robos y Hurtos de Investigaciones profundizaron otras pesquisas que sirvieron para identificar a delincuentes foráneos que arribaban a la provincia para cometer ilícitos.
El 1 de enero del 2022, la gavilla decidió dar un golpe antes de las 19. La escena fue una casa de calle Alsina cuyo propietario había salido al mediodía. Sus integrantes treparon por una medianera e ingresaron a la vivienda sin violentar puertas ni ventanas.
Es más, estimaron que accedieron a una llave que se encontraba sobre una mesa utilizando algún elemento de alcance. Más allá de eso y con todo el tiempo a su favor, provocaron daños en algunos muebles mientras buscaban qué sustraer.
El botín que consiguieron fue importante: miles de dólares, euros, pesos elementos de electrónica y joyas de oro, entre otros que cargaron en las mochilas negras que llevaban.
Cuando todo parecía perfecto, el plan se desmoronó y no salió como lo habían ideado: dos mujeres policías identificadas como la oficial principal Carla Arriagada y la oficial sargento primero Roxana Rojos, quienes realizaban trabajos operativos y preventivos en una movilidad en sectores de espacios verdes godoicruceños, observaron a unos cincuenta metros de donde se encontraban cómo tres sujetos se descolgaban de la medianera de una propiedad.
Por su experiencia y trabajos de calle, supieron que estaban frente a un robo por escalamiento. La chofer de la unidad cruzó al vehículo en el que se movilizaban los delincuentes para evitar que escaparan y la situación se tornó dramática: uno de los ladrones sacó un arma, golpeó a una de las efectivos en el estómago y de un cachazo y esto provocó que la otra uniformada realizara disparos intimidatorios contra el piso. El accionar de las integrantes de la fuerza fue casi perfecto. No hubo ladrones heridos.
Lograron capturar en ese momento al conductor del Sandero. Los otros tres sujetos escaparon pero terminaron siendo capturados con el avance de la instrucción, que quedó en manos de la fiscal de Robos y Hurtos María Florencia Díaz Peralta. Hubo análisis de cámaras de seguridad, cotejos genéticos y de huellas y declaraciones de testigos que fueron encaminando la instrucción.
Hace pocos días, tres de los integrantes de la banda sanjuanina -entre ellos dos hermanos- reconocieron las imputaciones y pactaron, a través de su abogado, un juicio abreviado con la representante del Ministerio Público.
El juez del Tribunal Penal Colegiado Nº1 David Mangiafico homologó el acuerdo entre las partes y condenó al trío a 5 años de cárcel. El restante sospechoso de integrar la organización y registrado como dueño del vehículo en el que se movilizaban, el primer detenido de la causa, Elías Emanuel Molina, prefirió no ser parte de este procedimiento e irá a debate oral próximamente.


Los tres condenados y la investigación
Los miembros de la organización condenados fueron tres jóvenes radicados en San Juan. Maico José Gil Funes nació el 16 de abril de 1997. No terminó el secundario y tenía domicilio en la capital de la vecina provincia. Actualmente, pasa sus días en la cárcel de San Felipe. Su hermano Facundo Axel tiene 22 años. Dijo ser albañil y tener el mismo domicilio. Siguió el proceso desde la Penitenciaria Provincial de San Juan.
El restante, Fabricio Nahuel Vega, nació en Buenos Aires -tiene 21 años- pero tenía base en el barrio Cipolletti de Chimbas. Aseguró ser soltero y trabajar como ayudante de pintor.
La investigación de Díaz Peralta concluyó que el 1 de enero del 2022, ingresaron a la casa de calle Alsina y lograron apoderarse de tres notebooks, un Iphone 7, cuchillos de colección (algunos traídos de Estadios Unidos), tres teléfonos celulares, una PlayStation 2 con juegos, una importante cantidad de alhajas de oro (entre ellas, alianzas de casados), 7.400 dólares, casi 20 mil pesos argentinos y 1.600 euros.
Con el botín en su poder, decidieron escapar. Los esperaba un vehículo ubicado sobre calle Los Reyunos. Elías Emanuel Molina estaba al mando de un Renault Sandero y Fabricio Nahuel Vega en el asiento del acompañante.
Cuando los malvivientes que habían robado en la casa llegaron hasta el rodado para abandonar la escena, dos mujeres policías que vieron el accionar delictivo se interpusieron con su movilidad frente a la camioneta.
De la instrucción se desprende que Molina quiso escapar acelerando en reversa pero chocó contra un árbol. Ese fue el momento de las efectivos para capturarlos; sin embargo, uno de los sujetos, el que se encontraba en la parte trasera, sacó una pistola calibre 9 milímetros e inició un forcejeo con una de las uniformadas, Roxana Rojos.
La oficial recibió una trompada en el abdomen y un culatazo en la mano izquierda, donde portaba su arma provista.
Los sujetos escaparon pero luego terminaron tras las rejas con el avance de la investigación. En la escena quedó Molina, quien fue imputado horas después y pasó al penal. Gran parte de botín, el que habían ocultado en mochilas oscuras, fue recuperado en la escena.
