Las lluvias no solo dejaron calles anegadas y complicaciones para circular en Mendoza. También profundizaron otro problema que impacta directamente en el bolsillo de los automovilistas: los pozos y baches que aparecieron o se agrandaron después de cada tormenta. Debido a ello, los talleres mecánicos comenzaron a recibir más vehículos con daños en sus componentes, especialmente, en el tren delantero y el sistema de suspensión.

El fenómeno se repitió después de los episodios de precipitaciones. Con el agua, muchos desperfectos de la calzada quedan ocultos y los conductores terminan atravesando pozos sin advertir su profundidad. Los golpes contra el asfalto deteriorado pueden provocar desde una cubierta dañada hasta roturas en distintas piezas de la suspensión.

En los talleres consultados coincidieron en que aumentaron tanto las consultas como los trabajos vinculados con este tipo de desperfectos. Alineación, balanceo y reparación del tren delantero aparecieron entre las intervenciones más frecuentes, aunque también se registran problemas en amortiguadores, frenos y componentes electrónicos.

Desde Taller Donati señalaron que notaron un incremento en las reparaciones de amortiguadores, rótulas, bujes y parrillas de suspensión: “Crecieron los trabajos de balanceo de cubiertas, una tarea necesaria cuando los golpes contra los pozos afectan el comportamiento de las ruedas”.

Por su parte, desde Maintenance Group confirmaron que, después de las últimas tormentas, recibieron numerosos vehículos con problemas en el tren delantero y los frenos. Además, advirtieron sobre un aumento de fallas electrónicas.

Cuánto cuesta repararlo

El impacto también se siente en el presupuesto de los conductores. Los arreglos del tren delantero pueden tener valores muy diferentes, ya que dependen de la cantidad de piezas afectadas, el modelo del vehículo y el precio de los repuestos.

Desde Mecánica Navarrete, Sebastián explicó que no existe un costo único para este tipo de reparaciones, porque no todos los componentes se rompen al mismo tiempo. Como referencia, señalaron que un trabajo que incluya el cambio de dos precaps, dos extremos y un fuelle de semieje puede rondar los $110.000, a lo que deben sumarse tareas como alineación, rotación y balanceo.

En términos generales, estimaron que las reparaciones más sencillas pueden partir de los $120.000, mientras que los trabajos más complejos pueden ubicarse entre los $500.000 y los $600.000, dependiendo de los repuestos que sea necesario reemplazar.

Los riesgos de circular con el auto dañado

Más allá del gasto económico, los desperfectos ocasionados por los pozos pueden comprometer la seguridad vial. Una cubierta con un bulto, una llanta golpeada, un amortiguador roto o un vehículo desalineado afectan la estabilidad y la respuesta del automóvil.

Por eso, los especialistas recomendaron no postergar los controles cuando se percibe un golpe fuerte al atravesar un bache, vibraciones en el volante o cambios en el comportamiento del vehículo.

Por qué las lluvias agrandan los baches 

El asfalto no se deteriora únicamente por el impacto directo de las gotas de lluvia. El principal problema aparece cuando el agua encuentra grietas, juntas o sectores dañados y se filtra hacia las capas inferiores de la calzada.

Cuando la base se humedece y pierde estabilidad, deja de distribuir correctamente el peso de los vehículos. La presión de las ruedas provoca hundimientos, desprendimientos y nuevos pozos que, con el tránsito y las precipitaciones, pueden crecer en poco tiempo.

Daniel Dimaría, presidente del Colegio de Ingenieros de Mendoza, remarcó que la base es uno de los componentes fundamentales de cualquier pavimento. “Si eso se ablanda, se va deteriorando rápidamente”, explicó.

A este proceso se sumó el tránsito pesado. Los camiones, colectivos y otros vehículos de gran porte ejercen cargas que pueden acelerar el desgaste, especialmente cuando la estructura de la calle o ruta ya está debilitada o no recibe el mantenimiento necesario.

Las variaciones de temperatura también influyen en el comportamiento del asfalto. Los cambios térmicos producen dilataciones y contracciones del material, que pueden favorecer la aparición o la expansión de fisuras.

Por eso, las tormentas recientes no necesariamente originan todos los daños, pero sí pueden acelerar el deterioro de superficies que ya presentan problemas estructurales.