La muerte el jueves del policía de la Unidad Motorizada de Acción Rápida (UMAR) generó un fuerte cimbronazo en la Policía y el Ministerio de Seguridad, y una importante investigación en la Justicia para determinar cómo se inició y concluyó la persecución en el barrio Cementista II del departamento de Las Heras.

Lo cierto es que, con los dos sospechosos detenidos, el expediente se encaminaba ayer hacia el esclarecimiento con imputaciones formales –una más delicada que la otra– con respecto a la participación de cada uno de ellos en el hecho de sangre. 

Minutos después del fallecimiento del oficial ayudante Miguel Ángel García (29), quien cayó mientras seguía a dos motochorros, se produjo la captura de uno de los sujetos, a una cuadra de la escena, en calle Los Tilos. Se trató de Alejandro Barros, de 19 años, con domicilio en el barrio San Martín. Este joven escapaba en el asiento del acompañante de la moto roja Honda 125cc CG. 

Fue puesto a disposición de la fiscal de Instrucción Gabriela Chaves y quedó alojado en la Comisaría 36ª. Lo imputaron por desobediencia en concurso real con resistencia a la autoridad. Por su parte, el sospechoso de manejar la moto que escapaba del uniformado, quien fue arrestado el sábado en el mismo barrio donde vivía el supuesto cómplice, fue acusado, además de desobediencia y resistencia a la autoridad, por homicidio simple con dolo eventual, arriesgando así hasta 25 años de cárcel.

Fuentes judiciales señalaron que no declararon cuando les notificaron la imputación y se mostraron resignados.

Es Jorge Exequiel Gil Rosalez, también con 19 años y señalado como el conductor de la moto, que estaba a nombre de su tía. Ante la gravedad del hecho, y antes de imputar, Chaves pidió directivas a un superior, en este caso, por turno, al fiscal de Cámara Darío Tagua. 

El sábado, minutos después de las 17, luego de que el personal policial aguardara más de tres horas el arribo de la orden de allanamiento –dictada finalmente por el juez de Garantías Aníbal Crivelli–, se procedió al arresto de Gil Rosalez. El joven no la hizo fácil: los policías que lo buscaban dieron con él en la manzana 36 y tuvieron que subir a los techos de las casas, porque por allí intentó escapar.

En un principio, por las pericias y el relato de algunos testigos, se creía que el efectivo Miguel García perdió el control de la moto que manejaba –una BMW 650–, impactó contra un árbol y golpeó su cabeza violentamente contra una acequia del barrio Cementista II. Sin embargo, hubo declaraciones que complicaron al sospechoso de manejar la moto que huía de García. 

Declarantes comentaron a la fiscal Chaves que Gil Rosalez encerró a la BMW de la UMAR y hasta intentó patear al efectivo, lo que provocó que perdiera el equilibrio y cayera. En ese momento, ambos vehículos habían alcanzado –según los peritajes– una velocidad promedio 85 kilómetros por hora. 

Debido a esto, la magistrada lo acusó por la calificación más dura. Entendió que a Gil Rosalez se le representó que, circulando a alta velocidad y realizando estas acciones, podía terminar con la vida del policía para poner fin a la persecución y por eso las realizó.

Miguel García, el policía fallecido.

Los dos sospechosos, hasta ayer, seguían tras las rejas. Si bien Barros podría recuperar la libertad en las próximas horas, porque recibió una calificación que es excarcelable, la fiscal aguardará el resultado de una encuesta ambiental que solicitó en la zona donde vivía. Por su parte, Gil Rosalez pasará a la cárcel en las próximas horas. Ambos tienen causas abiertas por robo. 

Fuentes judiciales señalaron que no declararon cuando les notificaron la imputación y se mostraron resignados.

Fatalidad

Miguel Ángel García era un efectivo reconocido entre sus pares de la UMAR. Tanto es así que ideó el cuchillo que utilizan los efectivos de esa división, conocido como Yarará. Por esta creación fue condecorado por la fuerza. Tenía 29 años, una hija de 5 años y estaba a punto de ser padre por segunda vez, ya que su mujer cursa un embarazo de 8 meses. Vivía en el barrio 8 de Abril. El viernes, la Policía despidió sus restos en el Cementerio Los Apóstoles de Las Heras.

Un día antes a las 14 salió en persecución de dos jóvenes sospechosos en Hudson y San Martín de Capital. Los sujetos escaparon y llegaron hasta el barrio Cementista II de Las Heras. En Bombal y Los Tilos, García se cayó y golpeó su cabeza. Murió en el Hospital Central.