Vicentico al frente de Los Fabulosos Cadillacs y un shoe en Mendoza para celebrar 40 años de carrera.

Los Fabulosos Cadillacs pasearon sus hits por el Teatro Griego Frank Romero Day para celebrar 40 años de carrera en los escenarios. Y Mendoza volvió a responder tras una ausencia de varios años, con una multitud coreando desde El genio del dub hasta los bises, que incluyeron las canciones más emblemáticas de la banda.

Vicentico, Flavio Cianciarulo, Sergio Rotman, Fernando Ricciardi, Mario Siperman y Daniel Lozano demostraron que continúan vigentes como una de las bandas de rock argentino que marcó la escena latinoamericana de los 90, principalmente, tras aquellos inicios de los 80 donde hubo mucho ska.

Eso sí, ahora también tocan los hijos, porque LFC también está integrado por Florian Fernández Capello -el hijo de Vicentico- y por Astor Cianciarulo -vástago de Flavio-.

El show en el teatro griego arrancó a las 21.40, aproximadamente, y se elevó desde el primer hit que hizo corear a las más de 15 mil almas que se pararon en las gradas para comenzar a bailar. A El genio, le siguieron Mi novia se cayó a un pozo ciego, Manuel Santillán El León, Carmela, La Vida y una primera parte que cerró con Demasiada presión.

Hubo dedicatorias personales con CJ, en la que Vicentico le canta a su pareja Valeria Bertucelli, pero luego el recital fue expansivo y en ascenso: mechado entre discos clásicos y los más experimentales a los que se atrevió la banda, llegaron Calaveras y diablitos, la cumbia villera de Padre Nuestro, los ritmos latinos de Los condenaditos, el ragapunk de Quinto Centenario y la poderosa Tengo un saco azul.

Antes de los bises, LFC fue a más con un mix entre los 80 y los 90: Siguiendo la luna, Carnaval, Mal Bicho y Satánico Dr. Cadillac. A esa altura, el público mendocino estaba más que de parabienes, pero no quería irse.

Todavía faltaba el nocaut: Matador, El número 2 en tu lista, Vasos vacíos y el oh oh final de Yo no me sentaría en tu mesa, el golpe de efecto que los hizo conocer con ese ska británico que luego superaron, pero quedó para recitales donde vale recordar los primeros pasos.

Así, cerraron un show de casi dos horas donde confirmaron el compromiso con una generación que todavía quiere saltar y bailar con LFC, en un escenario por el que ya tuvieron dos recitales históricos -uno en el 95, con polémica incluida con un guardia de seguridad en pleno auge de Mal bicho- y una vendimia acuática en 1999.