La mujer tenía 38 años.

La investigación por la muerte de una mujer de 38 años, hallada ahorcada en una vivienda de Luzuriaga, Maipú, avanza en la Justicia sin una hipótesis concluyente pero con sospechas contra un hombre que fue detenido e imputado.

A una semana del hecho, la fiscal de Homicidios Florencia Díaz Peralta sostiene una instrucción compleja, en la que se analiza si se trató de un suicidio o de un femicidio, en un contexto marcado por la falta de testigos directos y de registros fílmicos en la escena que permitan reconstruir con precisión lo ocurrido.

El cuerpo Gimena Sabrina Gómez, madre de cuatro hijos, fue encontrado el lunes 8 a las 20.30 en el interior de la propiedad ubicada en la esquina de Antártida Argentina y Pringles, donde la mujer convivía con su pareja, Jorge Miranda, y funcionaba un taller mecánico, tal como reveló El Sol.  

El hombre previamente relató a los policías que se había ausentado del domicilio durante la tarde y que, al regresar, encontró a la mujer colgada. Personal del Servicio de Emergencias Coordinado constató el fallecimiento y se dio intervención al Ministerio Público, que activó el protocolo de femicidios. El forense no trabajó en la escena como estaba pero sí lo hizo Policía Científica, detallaron fuentes del caso a este diario.

En las primeras horas, el caso ingresó como una muerte dudosa, con la hipótesis inicial de un suicidio. Sin embargo, el análisis de la escena y del contexto llevó a profundizar las medidas. No se detectaron lesiones visibles en otras partes del cuerpo de la víctima, más allá del ahorcamiento, pero la fiscalía dispuso nuevas pericias ante una serie de inconsistencias surgidas durante la instrucción.

Uno de los ejes de la causa está puesto en la declaración de Miranda, quien luego fue detenido e imputado por femicidio.

Según su versión, la que no está plasmada en el expediente, al momento del hecho había salido de la vivienda para llevar a su padre, una persona con discapacidad, a un club de bochas de la zona, y aseguró que permaneció allí durante todo ese lapso.

Sin embargo, el análisis de las cámaras de seguridad instaladas en ese club permitió establecer que Miranda llegó al lugar, dejó a su padre y se retiró casi de inmediato, para regresar recién unos 40 minutos después. Ese desfasaje temporal, que no fue explicado con claridad por el imputado, es una de las contradicciones que la fiscalía consideró relevante para avanzar en la detención.

Además, durante las charlas con los pesquisas, Miranda incurrió en otros cambios de versión respecto de sus movimientos previos y al hallazgo del cuerpo. A esto se sumó la constatación de dos lesiones recientes en su cuerpo, una en el cuello y otra en un brazo, compatibles con rasguños. Esto reforzó la necesidad de avanzar con nuevas medidas probatorias. El sujeto dijo que había discutido con la mujer porque ella le había solicitado estupefacientes y él se los había negado.

En ese sentido, la fiscal esperaba los resultados de los estudios genéticos para determinar si la víctima tenía restos de piel del imputado debajo de las uñas, lo que permitiría establecer la existencia de un forcejeo previo. Para ello, se preservaron las manos de la mujer y se ordenó la correspondiente comparación de ADN. Hasta este lunes, los restos de la mujer no habían sido entregados a la familia.

La pesquisa también apunta a reconstruir el contexto personal de Gómez. Fuentes del caso indicaron que se había rapado la cabeza pocos días antes de su muerte y que atravesaba problemas de consumo de sustancias.

No obstante, los vecinos de la vivienda declararon que no escucharon ruidos ni pedidos de auxilio esa noche, y se confirmó que en la propiedad no había cámaras de seguridad que aporten registros del momento del hecho.

Con este cuadro probatorio, los detectives avanzaban con cautela. La imputación por femicidio fue una de las primeras medidas tomadas por Díaz Peralta, pero los investigadores reconocieron que no será una tarea sencilla sostener esa figura penal con el paso de los días.