Eran cerca de las 18 del martes cuando un joven que había salido de cursar de la universidad observó a una pareja discutiendo junto a un auto blanco, en las cercanías del mirador de El Challao.
El chico intervino porque el hombre había tomado de un brazo a la mujer con violencia. Cuando lo increpó para que dejara de agredirla, el sujeto sacó un arma blanca y le hizo dos cortes: uno en el rostro y otro en el cuello.
La mujer aprovechó para escapar, pero el atacante la siguió a bordo del vehículo. Al mismo tiempo, el muchacho que resultó herido fue a pedir auxilio a un barrio privado de las inmediaciones y desde allí pudo alertar a las autoridades sobre la situación.
Policías se desplazaron hasta ese punto, pero no había rastros del agresor, ni del auto blanco y mucho menos de la mujer.
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Dos días después, la alerta por un femicidio condujo a los detectives policiales hacia ese mismo sector del pedemonte mendocino. No muy lejos del lugar donde acuchillaron al joven, fue hallado el cadáver de María Aida Oliva (52), quien estaba desaparecida desde el martes.
Los pesquisas llegaron hasta allí después de que Mario Ricardo Castro Herrera (55) confesó que mató a la mujer y descartó su cuerpo en la localidad de Papagayos.
Las características físicas de Castro y Oliva coinciden con las descritas por el chico que fue lesionado, así como también el modelo y color del auto.
Por eso, los investigadores creen que el acusado lo atacó momentos antes de quitarle la vida a su ex pareja. De ese hecho previo se incautó un cuchillo y un bolso, que el agresor abandonó en la escena y fueron tomados por el joven.

Esos elementos serán peritados para determinar si efectivamente pertenecían a Castro. Aunque, independientemente de eso, la fiscal Claudia Ríos, quien lidera la investigación, le imputará al hombre el homicidio simple en grado de tentativa en perjuicio del chico.
A eso se le sumará la acusación por homicidio agravado por ser en contexto de violencia de género (femicidio) y por el vínculo, por el asesinato de Oliva.
Con esa calificación, Castro arriesgará como única pena la prisión perpetua en caso de que llegue al juicio por jurados.
Más allá de que la confesión espontánea sobre el crimen de la mujer podría no ser ratificada posteriormente en el expediente, la situación del ex cónyuge de Oliva es complicada.
En las últimas horas se sumó la declaración de una familiar del hombre, quien aseguró que el mismo martes que desapareció la mujer Castro le pidió que le lavara unas ropas con sangre y le aseguró que había tenido un accidente.

Durante el allanamiento en la casa del barrio Andino, en La Favorita, también se hallaron machas hemáticas en el auto del acusado.
Tanto las prendas como las muestras tomadas del vehículo serán sometidas a los peritajes correspondientes, cuyo resultado podría transformarse en prueba clave para el expediente.
Por mientras, se aguarda para las próximas horas el resultado de la necropsia, para determinar la causa de muerte de la víctima. A simple vista, los peritos dedujeron que pudo haber sido atacada con un objeto contundente, pero aún no había certezas de cómo fue ultimada.
El caso
La investigación tuvo su inicio el miércoles cuando una hija de la víctima se presentó en la Oficina Fiscal Nº 6 de la Comisaría Sexta, en Ciudad, para denunciar la desaparición de su madre.
La joven sostuvo que el martes su progenitora había almorzado en la casa de uno de sus hermanos (son seis en total), en La Favorita, y después de eso nada supieron sobre ella.
Sus familiares intentaron contactarla por celular, pero el aparato estaba apagado. También la buscaron en la casa que alquilaba en el oeste de Capital, pero no había rastros de la mujer.

Tras la presentación judicial se le dio intervención a la fiscal Ríos y a la División Búsqueda de Personas, de Investigaciones, que iniciaron las labores para dar con el paradero de la víctima.
La mañana de este jueves, la hija de Oliva amplió su declaración y contó que durante una charla su padre le contó que había estado con su madre el martes.
El hombre agregó que fueron de paseo a la montaña y que tuvieron una discusión, por lo que la dejó en el Parque de los Pueblos Originarios, en el Parque General San Martín, según su relato.

Esa situación, sumada a crisis por la separación que atravesaron hace aproximadamente un año y tres meses, puso a Castro en el centro de las sospechas.
Cuando lo fueron a entrevistar, los detectives notaron que tenía una lesión en una mano, por lo que la fiscal del caso solicitó allanar su vivienda.
En medio de la medida, el hombre se quebró y le dijo a los funcionarios: “Yo tengo la culpa de todo, la tiré en Papagayos”.
Con esa información, los sabuesos se dirigieron hasta ese lugar y tras más de una hora de rastrillaje encontraron el cadáver de Oliva.
