Sergio Emiliano Ochoa, el sospechoso "número uno" del crimen ocurrido en Lavalle.


Primero estudiaron la escena. Luego analizaron el teléfono celular de la víctima fatal y hablaron un par de veces con el sobreviviente, quien en un principio se mostraba reacio a brindar información a los detectives que buscaban esclarecer inicialmente el hecho de sangre. Casi 72 horas después, Sergio Emilio Ochoa Ceballos (31) quedó detenido como el principal sospechoso de ejecutar al ya reconocido estafador Lucas Iván Aguilera Gelvez (31) el domingo 6 de este mes en un pasaje desértico camino a Lavalle.

El caso comenzó a instruirse en la fiscalía de Homicidios de Carlos Torres como un hecho de inseguridad. Es que el hombre que se encontraba con la víctima fatal había comentado que no recordaba mucho lo sucedido pero dijo que había llegado con Aguilera hasta ruta 34 y Costa Canal en una Toyota Hilux para realizar una transacción con la compra de un vehículo por un precio mucho menor transportando 8 millones de pesos y que cuatro hombres armados que se movilizaban en dos vehículos los habían asaltado.

Sin embargo, esa declaración que hizo Ricardo Darío Ortiz Ortubia (56), quien recibió un balazo en la espalda, se desvaneció con el paso de las horas cuando se realizó un cotejo con todos elementos probatorios incorporados al expediente luego de las labores de las divisiones Homicidios y Escuchas Telefónicas y Antisecuestro de Investigaciones.

La causa giró más hacia una mexicaneada entre conocidos gracias a los peritajes y el barrido de las cámaras de seguridad y todos los caminos condujeron a Ochoa Ceballos, un joven padre de 3 hijos que le alquilaba un domicilio a la madre de la pareja de la víctima fatal en Godoy Cruz.

Lo capturaron el miércoles y horas después fue imputado por homicidio criminis causa (por el asesinato) y tentativa de ese delito por el ataque contra Ortiz Ortubia, quien recibió un impacto calibre 22 al igual que la víctima fatal pero fingió su muerte entre unos arbustos y esto le permitió minutos después, cuando el homicida ya había abandonado la escena, solicitar ayuda tras caminar casi 3 kilómetros.

Cuando requisaron sus antecedentes, supieron que Ochoa Ceballos había sido detenido, entre otros causas, por venta de drogas en noviembre y diciembre del 2019 y tener un gabinete indoor para cultivar marihuana en su domicilio. Para los detectives que trabajaron esa causa, el hombre cultivaba su droga y se dedicaba al narcomenudeo.

La información a la que accedió El Sol sostiene que el 19 de noviembre del citado año vendió un total de 67 gramos de marihuana a cuatro personas y también por haber sembrado y cultivado una planta de cannabis sativa de 20 centímetros utilizando diversos elementos como un reflector de cuatro focos LED con un cooler en su parte superior y una caja de cartón naranja conteniendo una tabla de cultivo marca “Top Crop”.

Además, le descubrieron durante el allanamiento que se desarrollaron el 11 de diciembre en un domicilio de calle Díaz Vélez del barrio Suarez de Godoy Cruz cinco envases color negro de fertilizantes, una balanza digital, una jeringa, una tijera de metal, librillos, dos molinillos y un frasco con semillas. Esta causa le generó una condena en los Tribunales federales.

Durante la pandemia por el coronavirus, Ochoa Ceballos intentó dejar la cárcel pero la Justicia federal le negó esa posibilidad inicialmente porque no se encontraba entra las personas o grupos de riesgo. Además, el sujeto aseguró en una apelación que hizo mientras se encontraba procesado en esa causa que sus hijos se encontraban sin sustento económico debido a su captura y sin la presencia de su padre para fortalecer su crecimiento.

Alegó que su pareja, quien es conocida como Polaca, se dedicaba a la venta de ropa y que cobraba la Asignación Universal por Hijo (AUH) por las criaturas, pero que esto no era suficiente. Sin embargo, la fiscalía se opuso y la Cámara de Apelaciones rechazó cualquier tipo de argumento debido a que no se encontraban vulnerados los derechos de su familia mientras se encontraba privado de la libertad.

Descartaron un hecho de inseguridad

Para los detectives del asesinato, no existió el asalto y las tres personas llegaron en el mismo vehículo (la Toyota, que no ha sido habida) hasta ruta 34 y Costa Canal. La reconstrucción agrega que Ochoa Ceballos tenía una importante deuda de dinero con Aguilera.

El presunto homicida le habría ofrecido hacer un negocio con la compra de un vehículo y por eso lo guio engañado hasta Lavalle. Ortiz Ortubia también los acompañó porque era amigo de Aguilera (incluso, confirmaron que lo visitaba en el penal) y tuvo como un rol de custodio debido a que tenía experiencia en la materia por haber desarrollado tareas en la vieja policía comunitaria de Capital. “Este hombre siempre se movía armado”, detallaron fuentes del caso.

Una vez en el teatro del hecho, Ochoa sacó un revólver calibre 22 (así lo creen porque no se hallaron vainas servidas en la escena) y disparó a corta distancia contra Aguilera. El plomo, recuperado durante la necropsia, impactó en su cabeza.

La víctima quedó tirada de rodillas y con su cabeza sobre la calle de tierra. Ortiz Ortubia, dueño de un lavadero en Chacras de Coria, escapó corriendo pero también recibió un balazo que ingresó sobre el omóplato.

Este hombre se tiró sobre unos yuyos y el homicida se acercó para constatar que no se moviera. No lo hizo y creyó que también estaba muerto, por lo que escapó en la camioneta en la que habían llegado y sospechan que se llevó el dinero que transportaban.

Cámaras de seguridad captaron sobre la ruta 34 la llegada y la fuga de la Toyota y no detectaron la presencia de otras personas, como había destacado el testigo directo del asesinato.

Así las cosas, el caso, que presenta todos los condimentos de un hecho policial con un trasfondo de tema de drogas, deudas, estafas y todo tipo de movimientos del oscuro mundo del hampa mendocino, avanzó con la captura y la imputación y en los próximos días el fiscal Torres solicitará la prisión preventiva para ir cerrando la primera parte de la instrucción.