Nueve meses demoró la Justicia para terminar la investigación por el femicidio de Janet Zapata, la joven madre a quien acribillaron a balazos y semienterraron en un pozo tipo fosa lleno de cal y plumas de gallina en la zona de El Algarrobal. Tiempo relativamente corto con respecto a otras investigaciones criminales.
Lo cierto es que la fiscal de Homicidios Claudia Alejandra Ríos elevó el viernes a juicio oral y público la causa –número P-98.916/16– con los tres hombres detenidos desde las horas posteriores al hallazgo del cadáver aquella tarde del lunes 26 de setiembre del año pasado.
Entre los acusados está el padre de la hija de 6 años de Zapata, quien era su pareja, Cristian Damián Minati. La fiscal lo marca como el instigador del homicidio de la mujer de 29 años.
Lo acompañan en el expediente un amigo suyo, Juan Orlando Manzano, y también Claudio Sebastián Quiroga, ambos acusados por homicidio agravado por haber sido cometido por precio y mediante la utilización de arma de fuego.
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En la fiscalía sostienen desde un principio la hipótesis de que, por problemas de pareja, Minati habló con su amigo Manzano y le pidió ayuda para darle fin a la vida de Janet. Mientras pergeñaban el plan, agrega la reconstrucción, se contactaron con Quiroga y le ofrecieron 15 mil pesos en efectivo para que cavara una precaria tumba en un descampado cercano a una avícola lasherina.
Pero lo que parecía el crimen perfecto terminó por desmoronarse cuando un mujer cercana a Quiroga llamó al 911 y brindó algunas pistas para dar con el cuerpo.
Versiones cruzadas
La elevación a juicio de Ríos evidenció que la instrucción terminó para la fiscalía. Y las pruebas que se incorporaron en la causa desde el día que desapareció Zapata en inmediaciones de La Barraca Mall –la noche del 21 de setiembre, cinco días antes de que la hallaran sin vida–, son consideradas contundentes para que los acusados sean hallados culpables en un futuro juicio. Si el trío es condenado en una Cámara en lo Criminal, la única pena posible para todos es la de prisión perpetua.

Los imputados también declararon y, en parte, se desligaron. Primero fue Quiroga, quien aseguró que a él sólo le dieron plata para que hicieran el pozo y que recibió los 15 mil pesos como paga. Dijo que no tenía nada que ver con el asesinato de la joven godoicruceña que vivía en el barrio Sarmiento.
Manzano, por su parte, se mantuvo callado hasta hace pocos días. Hizo lugar a su derecho de declarar y señaló que su amigo Minati lo fue a visitar a su lavadero de hortalizas (situado a un kilómetro de donde dieron con el cuerpo) un día después de la desaparición de Janet para pedirle ayuda porque se “había mandado una cagada”.
Siguiendo su relato, le dijo a la fiscal que discutió con Minati porque no quería problemas y le pidió que hablara con Quiroga, quien realizaba algunas changas en el lavadero.

Más allá de las declaraciones, en el Ministerio Público están convencidos de que entre Quiroga y Manzano está el autor material y que Minati fue quien pagó.
El femicidio se perpetró tras una crisis de pareja entre Janet y el padre de su hija. Al parecer, la joven habría intercambiado mensajes de WhatsApp con un conocido de la adolescencia y esto habría generado la furia de Minati. La víctima tenía pensado dejarlo porque creía que la relación estaba terminada.
Mientras buscaban a Zapata, Minati se mostró en las marchas pidiendo por la pronta aparición de Janet en el oeste de Godoy Cruz. Lo hizo con los familiares de la mujer, quienes nunca sospecharon de él.
