Dos nuevos detenidos se sumaron ayer por la mañana por el asesinato del quiosquero Luis Néstor Berady (47) tras un allanamiento que se realizó en Guaymallén. Son dos menores de 15 y 17 años y estaban en una casa a pocas cuadras de donde ocurrió el crimen. Además de esta medida, una de las pruebas para resolver el crimen del comerciante dio negativa. Es que el fiscal especial Santiago Garay imputó ayer por homicidio criminis causa en concurso real con robo a los hermanos Gonzalo (24) y Damián (26) Barrios Chanta para poder realizar la rueda de personas pero una testigo no los reconoció como los autores del hecho. Ahora esperan que hagan el reconocimiento dos de los hijos de la víctima fatal, pero si la medida no resulta favorable, los dos sospechosos –albañiles de profesión– hoy podrían recuperar la libertad, estimaron.
Durante la mañana de ayer en los pasillos de la fiscalía especial hubo mucho movimiento. Una nueva información llegó ante el magistrado Santiago Garay y, tras una serie de averiguaciones, realizaron un nuevo allanamiento en la zona de Dorrego. Los sabuesos policiales y judiciales llegaron hasta un domicilio de calles Vélez Sarsfield y Leandro Alem e irrumpieron en una casa.
Tras una requisa domiciliaria, un menor de 15 años y otro de 17 fueron demorados y presentados ante la Justicia por efectivos de la Dirección de Inteligencia Criminal (DIC). Sin encontrar el arma homicida ni el teléfono celular que le robaron a la víctima. Sin embargo, los efectivos secuestraron algunas prendas de vestir para ser analizadas por los peritos.
Con estos dos nuevos sospechosos, de quienes se reservan sus identidades por ser menores, esperan realizar una rueda de personas con los testigos presenciales del ataque para confirmar o no su participación. Al parecer, un testigo de identidad reservada habría escuchado a estos jóvenes confesar que tenían algún tipo de participación en el crimen.
También en la jornada de ayer, los hermanos Barrios Chanta fueron sometidos a un reconocimiento. Ellos están detenidos desde el martes por la noche, cuando cayeron por ser los principales sospechosos de asesinar de dos disparos al comerciante de 47 años en el negocio de calles Remedios de Escalada y Cipolletti, de Dorrego, a pesar de que sus familiares aseguraron que “no son chorros ni asesinos” y que no habían matado a Berardy, como publicó ayer El Sol.
Los hombres de 24 y 26 años fueron capturados en su domicilio de calle Castellanos, a tres cuadras de la escena del crimen, y fueron imputados por homicidio criminis causa a pesar de que no les hallaron el arma homicida ni los elementos robados. Pero, aparentemente, un resultado preliminar del Cuerpo Médico Forense habría arrojado que una prenda de vestir –sería una campera– tenía químicos correspondientes a pólvora.
Una vez que se formalizó la acusación, se realizó la rueda de personas con una mujer que estuvo en el minimarket en el instante en que la víctima fue asesinada. “Ella se escondió dentro del locutorio cuando entraron a robar pero ahora no los reconoció, quizás no los vio bien por la rapidez del hecho”, señalaron.
Aparentemente, la testigo observó a unos individuos “jóvenes, menores”, pero los detenidos no tendrían esa característica a pesar de su edad y no los pudo señalar. A pesar de que esta medida fue negativa, hoy por la mañana se desarrollará otra rueda de personas con dos hijos de Berardy que presenciaron el ataque. Si estos jóvenes no reconocen a los sospechosos, “sería inminente que en las próximas horas recuperen la libertad”.
CON UN REVÓLVER CALIBRE 22. Otro de los estudios que se hicieron ayer por la tarde fue el peritaje balístico que efectuaron sobre los dos plomos que fueron extraídos del cuerpo del comerciante.
Una vez que el Cuerpo Médico Forense extrajo las muestras, los dos plomos fueron trasladados, bajo una rigurosa cadena de seguridad, hasta Policía Científica. Una vez allí, en los laboratorios confirmaron que se trataba de proyectiles que correspondían a un revólver.
En primera instancia, se creyó que podían ser de un calibre “grande” pero luego afirmaron que los plomos corresponden a un revólver de calibre 22. Los mismos estaban “bastante deteriorados” debido a que, seguramente, impactaron contra alguna parte “dura” del cuerpo. Es que uno de los impactos lo recibió por arriba de la tetilla izquierda y el restante en el antebrazo izquierdo.
Por esa razón, un futuro cotejo –si es que hallan el arma homicida– podría ser dificultoso debido a las deformaciones que sufrieron los proyectiles, especularon.
