El líder narco de una de las facciones más violentas de la barra brava de Godoy Cruz Antonio Tomba fue condenado a 13 años de prisión por liderar una organización dedicada al comercio de drogas y acopio de armas en distintos puntos del Gran Mendoza, principalmente en Godoy Cruz. Se trata de Diego Ramón Aguilera Maldonado, conocido como el “Asesino”, quien escuchó el veredicto del Tribunal Oral Federal N°2 de la provincia este viernes, tras un juicio en el que se analizó su rol como organizador de una red criminal con alcance provincial y vínculos directos con el negocio del fútbol.
La condena, dictada por mayoría por los jueces Daniel Carelli, María Paula Marisi y María Carolina Pereira, lo encontró culpable de organizar el comercio de estupefacientes agravado por la intervención de tres o más personas, en concurso real con el delito de acopio de armas de fuego, piezas y municiones. Además, deberá pagar una multa de 90 unidades fijas. El fiscal subrogante Federico Baquioni había pedido una pena de 14 años durante su alegato.
Aguilera, de 45 años, fue el último integrante del llamado Clan Aguilera en ser juzgado en esta megacausa iniciada tras los 37 allanamientos realizados por la Policía contra el Narcotráfico (PCN) el 5 de junio de 2020.
En esos operativos se secuestraron 12 kilos de cocaína —fraccionada en cilindros compactos conocidos como “alfajores”—, marihuana, balanzas de precisión, moldes, prensas, dinero en efectivo y un importante arsenal. Según la acusación, el líder se encontraba al frente de una red narco que operaba en el Gran Mendoza, el Valle de Uco y el sur provincial, con base de operaciones en el barrio La Gloria.
Durante el debate, el fiscal detalló cómo Aguilera coordinaba distintos subgrupos que respondían a su mando con total subordinación. “El amplio poder que ejercía en la zona se sostenía también en el uso de la violencia”, señaló Baquioni, y explicó que la organización contaba con armas distribuidas entre sus miembros, utilizadas para realizar “aprietes”, ajustes de cuentas y garantizar el control del territorio. A través de intervenciones telefónicas, los investigadores documentaron cómo el “Asesino” obtenía piezas, encargaba reparaciones y enviaba armas a otras bandas aliadas.
Diego Aguilera había sido capturado en septiembre de 2022, tras permanecer más de dos años prófugo. Durante ese tiempo, continuó operando desde las sombras, según consta en las escuchas judiciales. Su caída ocurrió meses después de la muerte de su hermano menor, Walter Aguilera, quien falleció por una sobredosis mientras estaba preso en la cárcel federal de Luján por esta misma causa. Ese episodio profundizó la grieta entre Diego y su otro hermano, Daniel “el Rengo” Aguilera, con quien mantenía una feroz disputa por el control de la barra del Tomba.
La interna entre los Aguilera, que explotó tras el quiebre familiar, tuvo repercusiones directas en la popular Sur del estadio Malvinas Argentinas. En menos de un año se registraron violentos enfrentamientos entre sus facciones durante partidos frente a Instituto, Sarmiento y San Lorenzo, este último suspendido por los desmanes. Por esos hechos, tanto Diego como Daniel fueron trasladados en junio pasado a cárceles federales fuera de Mendoza —Marcos Paz y Ezeiza, respectivamente—, en una decisión que buscó evitar nuevos estallidos de violencia.
Con esta condena, el clan queda con casi todos sus líderes tras las rejas, luego de que en 2022 fueran juzgados y condenados 18 integrantes de la organización, entre ellos Diego Enzo Aguilera Giménez, hijo del “Asesino” y señalado como su segundo en la línea de mando. Otro de los acusados, Raúl Eduardo Lucero Álvarez, reconoció los hechos en un juicio abreviado y aguarda que se determine su pena en las próximas semanas.
El caso dejó al descubierto la alianza entre narcos, barras y armas en Mendoza, y cómo la influencia territorial y el negocio del fútbol fueron utilizados como plataformas para una estructura delictiva compleja y violenta. Aunque desde la prisión, Aguilera declaró que ya no tomaba decisiones en la hinchada, los investigadores sostienen que tanto él como su hermano siguieron moviendo los hilos a la distancia.
