“¡Asesino, asesino, asesino!”. Con estas duras palabras lanzadas por los familiares de la víctima, el policía que acribilló a balazos a Jonathan Oros (18) en la puerta de la Comisaría 33ª del barrio San Martín, el 7 de enero del 2007, Claudio Vaca, se retiró de la sala en la que fue juzgado y condenado.

    Tal como ocurrió a lo largo de todo el proceso oral, el efectivo se fue custodiado por sus propios colegas, quienes le taparon –como durante todo el debate– la cabeza con una capucha y lo alejaron de los flashes de las cámaras. A medio trote por los pasillos del primer piso de Tribunales, en busca de un ascensor, Vaca ya no tenía mayores argumentos para ejercer su defensa: el tribunal de la Séptima Cámara del Crimen lo acababa de condenar a 4 años de prisión por homicidio en exceso de legítima defensa.

    También recibió ocho años de inhabilitación para ejercer cargos públicos. Los presentes, enfurecidos por la pena, no pararon de insultarlo. No obstante, el policía se retiró de la sala. De todas formas, todavía no irá a la cárcel. Sucede que, como llegó a juicio en libertad –el delito es excarcelable–, recién será trasladado al pabellón de las Fuerzas Armadas y de Seguridad de Almafuerte cuando la sentencia quede firme.

    Tras casi una semana de los alegatos, el tribunal presidido por Agustín Chacón e integrado por Gabriela Urciuolo y Pedro Carrizo, compartió la pena propuesta por la fiscal de Cámara, Susana García, quien había solicitado cuatro años por el delito que finalmente le atribuyeron al policía. Además, había llegado a debate bajo esta calificación, luego de que el caso fuera instruido por el fiscal especial Luis Correa Llano.

    A QUEMARROPA. A las 10 del segundo domingo del 2007, cuatro efectivos estaban de guardia en la comisaría del barrio San Martín. A esa hora, se encontraban desayunando. De repente, un joven irrumpió en la tranquilidad de la mañana gritando que iba a “matar a todos” los presentes. Ingresó a la dependencia policial por el portón trasero, a los tiros, y los efectivos intentaron defenderse. La versión de los cuatro uniformados fue similar, y ninguno de ellos señaló haber visto a Oros disparar un arma calibre 22.

    El mismo Vaca, al igual que otros testigos que estaban en las afueras del lugar, sólo comentaron que escucharon dos detonaciones de un calibre chico, pero que no vieron al joven disparar un arma. Estas palabras fueron utilizadas por la parte querellante en los alegatos, para solicitar la pena de doce años de prisión, tras entender que Vaca cometió un homicidio agravado por el uso de arma y por la función.

    Sin embargo, peritos de Policía Científica que trabajaron en la escena del crimen encontraron vainas servidas de un arma calibre 22, lo que le dio mayor fuerza a la versión policial.

    ACONGOJADO. Fuentes policiales aportaron que, luego de que Vaca escuchara el veredicto del tribunal, el efectivo entró en llanto y se mostró conmovido con el resultado del proceso. En tanto, dos de los tres colegas que estuvieron con él esa mañana, Mónica Arias y Ricardo Moyano, serán investigados por el delito de encubrimiento, dado que el tribunal entendió que los efectivos intentaron proteger a Vaca con su declaración.