El Clan Caro es conocido en el norte del país por formar parte de una organización dedicada a robar grandes sumas de dinero y alhajas y otros bienes en barrios privados de Tucumán y otras provincias. Lo destacaron por sus trabajos de inteligencia para conocer cada movimiento de sus víctimas.

Sus integrantes también están sospechados de cometer golpes en la vía pública al mejor estilo motorrochos y llevaban un estilo de vida de alto nivel: no dudaban en mostrarse en las redes sociales con dólares y vehículos de alta gama.

Parte la banda especializada en el escruche fue desarticulada el año pasado y se encuentra en pleno proceso de instrucción en la citada provincia del norte argentino. Pero había una pata que logró escaparle a las esposas policiales y se instaló en Mendoza.

Estuvieron más de tres meses “parando” en una casa de un country de Guaymallén hasta este viernes por la mañana, cuando efectivos de la División Robos y Hurtos de Investigaciones, en un trabajo en conjunto con sus pares del Departamento de Inteligencia Criminal tucumano, que venían siguiéndoles el rastro a través de diversos rastrillajes, atraparon a cuatro de los sospechosos.

La captura de los presuntos malvivientes generó fuerte repercusión en el territorio más pequeño del país, donde están acusados en una causa conocida como la “Industria del Escruche”.

Mientras permaneció en Mendoza, parte de la gavilla no paró de cometer delitos y mover el dinero que juntaba al mejor estilo “lavado”. Realizó compras millonarias y hasta pagaba una importante cantidad de pesos por día en alquiler para intentar evadir el trabajo judicial y policial de los detectives.

Para eso contaban con un nexo, un cordobés nacido el 31 de mayo de 1971 domiciliado en el barrio Cooperativa Mi Casa que les alquilaba a los Caro “por 20.000 pesos el día”, tal como describieron fuentes consultadas por El Sol, el domicilio del barrio cerrado Bohemia en Guaymallén. El objetivo era ocultarse mientras continuaban viviendo de lo ajeno y qué mejor que un complejo donde era difícil acceder para los detectives.

Ver también: Alarma por una banda que viene cometiendo salideras en el centro

De acuerdo con lo informado por diarios como La Gaceta y también por el Gobierno de Tucumán, a principios del año pasado se inició una investigación contra una banda integrada por tucumanos y cordobeses dedicada a cometer delitos bajo la modalidad de escruche.

Diversos análisis de videos y escuchas telefónicas determinaron que sus más de 10 integrantes, entre los que se encontraba el Clan Caro, ingresaban a viviendas cuando sus propietarios no se encontraban y saqueaban todo lo que podían.

Identificaron a los cabecillas del grupo delictivo a Miguel La Gata Lizárraga y Walter Kuki Caro. También mencionaban participaciones en algunos de los hechos a otros Caro, como Marcos Tore o Batore, Cristian Bichi y Francisco Vikunga. La Justicia tucumana detuvo a varios de ellos y apuntaron a los robos y a un presunto enriquecimiento ilícito.

Se hicieron allanamientos masivos entre marzo y diciembre del año pasado y hubo secuestros millonarios de dinero y también de bienes que habrían adquirido con el dinero que sumaban de los robos. Durante la pesquisa judicial se supo que los miembros de la banda tenían conversaciones con, al menos, un policía tucumano en actividad.

Más allá de eso, algunos lograron escapar de la provincia durante las medidas y llegaron a Mendoza a mediados de julio.

Se instalaron en un barrio privado gracias a un nexo cordobés, que podría ser de la banda que ya era investigada en Tucumán, y cometieron algunos robos.

En Mendoza se movían cuatro sujetos: los hermanos conocidos como Vikunga y Batore, ambos nacidos en Tucumán, y de 27 y 31 años. También se encontraba su padre, Walter Ernesto Caro, un comerciante de 52 años, y otro joven que habría participado en algunos delitos, de acuerdo con lo que señalaron fuentes judiciales, llamado Juan Gabriel Zamorano, oriundo de San Miguel de Tucumán y con 20 años.

Luego de las tareas de inteligencia y la colaboración de ambas provincias ubicaron a todos estos hombres en el barrio cerrado Bohemia e identificaron el dueño de la propiedad, un sujeto que ya había investigado por presuntas participaciones en una banda delictiva cordobesa.

Para mantenerse en la clandestinidad, habrían cometido una serie de hechos de inseguridad y comenzaron a ser investigados por el fiscal de Robos y Hurtos de Mendoza Gonzalo Marzal. Además de algunos robos en barrios cerrados, habrían dado otros golpes al mejor estilo motochorros.

Tenían un modus operandi bastante particular, pocas veces detectado en Mendoza. La banda utilizaba dos vehículos a la hora de los hechos, un utilitario tipo “kangoo” y una moto. Una vez la perpetrada la salidera o robo en la vía pública, escondían la moto en el auto y escapaban totalmente ocultos para evitar ser identificados, lo que dificultaba el seguimiento de parte de las fuerzas de seguridad.

Además, con el paso de las semanas, cuando el dato de su presencia en Mendoza estaba confirmado, los detectives locales supieron que uno de los Caro había gastado más de 8 millones de pesos en efectivo en la compra de una camioneta doble cabina marca Chevrolet S10.

Con todas las pruebas recolectadas, los cuatro sujetos fueron detenidos el viernes por la mañana para quedar a disposición de fiscales de Robos y Hurtos de Tucumán y Mendoza. En las próximas horas iban a ser imputados localmente y luego trasladados al norte del país para que respondan por robo y asociación ilícita,

La causa “madre” ya fue elevada a juicio a principios de este año por el fiscal Diego López Ávila.