La investigación sobre una serie de estafas a comercios por cifras millonarias desembocó este fin de semana en la captura de una mujer de 30 años en un barrio privado de Guaymallén. 

El modus operandi de la sospechosa, identificada como Antonella Romina Albornoz, consistía en ganarse la confianza de las víctimas haciéndose pasar por una empresaria del agro y asegurando que tenía campos en Córdoba y San Luis. 

De ese modo, solicitaba en diferentes locales presupuestos para la compra de cubiertas y lubricantes para camiones, para luego abonar las abultadas cifras mediante transferencias que jamás se concretaban. 

Básicamente, la mujer se aprovechaba del tiempo que tardan en impactar esos movimientos de dinero (unas 24 horas) y se retiraba con los productos antes de que los comerciantes advirtieran que se trataba de un engaño.

Con ese mismo ardid también adquirió celulares, prendas de vestir, mercadería y hasta juguetes que había encargado para el Día de la Niñez. Se estima que estafó por una suma cercana a los 2.500.000 pesos. 

Sin embargo, quedó comprometida a través de la compra de cuatro cubiertas por 700 mil pesos que hizo en una gomería de calles Remedios Escalada, donde aportó los datos de una cuenta bancaria que estaba a su nombre. 

En primera instancia, los dueños del negocio se comunicaron con el banco y constataron que la cuenta era real, confirmaron los datos y hasta explicaron que había sido abierta en la provincia de Córdoba, por lo que coincidía con el relato de la mujer.

Pero, más allá de eso, el dinero jamás llegó y de las averiguaciones practicadas por los detectives de la División Delitos Económicos, de Investigaciones, la sospechosa no contaba con los fondos suficientes para hacer compras por esas cifras. 

Lo cierto es que los sabuesos identificaron rápidamente a Albornoz y establecieron que tenía domicilio en el barrio privado Aires Andinos, ubicado sobre calle Tapón Moyano. 

Pero eso no era todo. También descubrieron que le estaba vendiendo las cubiertas a un transportista de 70 años. Aparentemente, estaban destinadas al armado de un semirremolque. Con esos datos, el fiscal de Delitos Económicos Flavio D’Amore ordenó practicar allanamientos en los domicilios de ambos. 

En el complejo cerrado los efectivos capturaron a la sospechosa y le secuestraron un iPhone, 8.890 pesos, varias tarjetas, cuadernos y documentación de importancia para la causa. 

Además, mientras el personal policial y judicial trabajaban en ese domicilio, un joven llegó para entregar un dron y algunas muñecas que Albornoz le había encargado. Los juguetes tenían un costo de $32 mil y la mujer le había asegurado que le iba a pagar por transferencia. 

Asimismo, los detectives constataron que en una despensa de la zona había adquirido alimentos y otros productos por 8 mil pesos. Siempre con el mismo ardid o engaño. 

Por su parte, en la otra medida desarrollada en calle Avellaneda al 4300, cerca del cruce con Mathus Hoyos, dieron con doce cubiertas de diferentes marcas, las cuales tienen un costo de $200 mil por unidad, detallaron fuentes consultadas. 

Además, hallaron cinco armas de fuego y 1.539 proyectiles: tres escopetas doble caño, una carabina y una escopeta Remington; mientras que las municiones eran de calibres 7.62, 16, 28, 22, 36, 38 SLP, y  12.70, entre otros.

Por ese motivo, el propietario quedó comprometido por el encubrimiento por la estafa, tenencia ilegal de armas y acopio de municiones, señala la información de Delitos Económicos. 

Tanto el hombre como Albornoz quedaron a disposición del fiscal D’Amore, quien los iba a imputar en las próximas horas. El septuagenario iba a quedar en libertad por su edad y por presentar problemas de salud, mientras que la mujer podría pasar a prisión.