Leandro Jata Abuín está prófugo desde el 5 de junio del 2020. Ese día, cuando la pandemia por coronavirus pegaba fuerte en la provincia, efectivos de Investigaciones desarrollaron allanamientos masivos en el barrio La Gloria y alrededores para desbaratar al clan Aguilera.
Apuntaban a Diego Asesino Aguilera, hermano del popular Daniel Rengo, quien supo liderar la barra del club Godoy Cruz y actualmente pasa sus días cumpliendo una pena de 12 años de cárcel por comercio de drogas, como jefe de una organización que operaba en el Gran Mendoza.
Durante esa jornada hubo una veintena de detenidos. Pero los tres señalados hombres fuertes de la organización quedaron prófugos: el Asesino (citado como jefe) y sus dos marcadas manos derechas, el Jata y Raúl Eduardo Lucero.
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De un total de 19 procesados, 12 fueron condenados el 31 de agosto a penas que llegaron hasta los 8 años y medio de cárcel.
Los trabajos investigativos para atrapar a Diego Aguilera y los otros personajes continuaron con el paso de los meses y los años. Recién la mañana del 5 de setiembre fue capturado el Asesino en el barrio donde mejor se movía y mantenía sus negocios, el La Gloria. De Leandro Abuín y Lucero, nada se sabe.
Pero el 9 de mayo de este año, policías de Investigaciones estuvieron cerca de atrapar al Jata en una vivienda del barrio González Galiño, de Luzuriaga, Maipú.
Logró escapar gracias a la ayuda de un amigo que le permitió quedarse en su casa. Este hombre, identificado como César Alberto Carrasco, terminó detenido esa jornada porque sabía que el Jata se encontraba con pedido de captura en una causa de drogas pero esto no fue impedimento para que lo albergara en su domicilio durante dos meses.
Carrasco, de 31 años, reconoció esta semana haber encubierto al Jata y acordó una pena de un año y medio de cárcel con el Ministerio Público. El juez Alberto Daniel Carelli homologó el acuerdo y se dio por terminado el proceso.
Pero la historia de cómo Carrasco contribuyó para que el Jata lograra burlar a los detectives no fue una más, debido a que durante un allanamiento en el citado domicilio encontraron una importante cantidad de dinero en efectivo, marihuana y cocaína y hasta entradas para asistir a un partido del Tomba, club que está estrechamente familiarizado con los Aguilera.
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Lo cierto es que policías que venían siguiendo al prófugo estuvieron a un paso de apresarlo pero no lograron hacerlo porque esperaron más de una hora por una orden de allanamiento.
De la reconstrucción surge que, el 9 de mayo, los efectivos que trabajan el caso supieron, por una serie de trabajos con escuchas telefónicas, que el Jata se encontraba pernoctando en una propiedad de la manzana C del barrio González Galiño.
Se instalaron en la zona para realizar las vigilancias y observaron a las 10.40 el arribo de un Chevrolet Astra bordó. Del vehículo descendió el Jata Abuín y se introdujo en el domicilio. Los efectivos solicitaron una orden para ingresar a la propiedad y aguardaron pacientes en las cercanías.
Estimaron luego que el Jata se dio cuenta de que había personal policial en la zona. Pasaban los minutos y recién a las 11.45 llegó la aprobación de la Justicia. Los sabuesos irrumpieron en el domicilio y aprehendieron a César Alberto Carrasco.
Iniciaron una rápida inspección en el lugar para capturar a Abuín, pero ya era demasiado tarde: descubrieron hacia el este una escalera en el patio, apoyada en una medianera que daba a una casa abandonada colindante, e intentaron acceder a la misma.

Solicitaron en primera instancia autorización a un vecino que dijo ser el dueño del lugar y lograron acceder, pero no hallar al sospechoso.
Con el Jata continuando en la clandestinidad, los policías realizaron una requisa en el domicilio. En ese momento, Carrasco tomó una mochila y dijo que le pertenecía a Abuín. En su interior había 140.000 pesos (en billetes de distintas denominaciones), dos frascos con marihuana y un envoltorio de cocaína, entre otros elementos.
Además, en la habitación encontraron la billetera del Jata: la misma contenía dos entradas del club Godoy Cruz, un DNI tarjeta y una licencia de conducir a su nombre, tres constancias de emisión de voto, un papel con una importante cantidad de números telefónicos y un comprobante de pago.
En el patio interno de la vivienda dieron con 14 plantas de marihuana y un Peugeot 307 cubierto con una tela media sombra, una pistola calibre 9mm debajo, y en el interior, más rastros de cocaína.
Carrasco quedó detenido a disposición de la Justicia y se inició un proceso en su contra. Básicamente, apuntaban a que permitió a Abuín quedarse en su casa sabiendo que se encontraba con pedido de captura, lo que constituye el delito encubrimiento.
Con el avance de la instrucción, el joven declaró y confesó que tenía conocimiento sobre la situación que atravesaba su amigo.
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Así las cosas, en la última etapa de proceso se comprobó que Carrasco no tenía relación con los elementos incautados y sólo se hizo cargo de los 14 plantines de cannabis sativa que había en la propiedad.
Por esto eso fue condenado a una pena de ejecución condicional por encubrir al Jata y ayudarlo a “eludir las investigaciones de la autoridad o a sustraerse a la acción de esta”, tal como sostiene el artículo 277 del Código Penal.
Tal fue la gravedad de su accionar que, hasta estos días, Leandro Abuín continúa prófugo de la megacausa junto con Raúl Eduardo Lucero.
Luego del juicio que culminó el 31 de agosto contra varios de los integrantes del Clan Aguilera, la Justicia ordenó que se investigue si, en un principio, tanto el señalado jefe de la banda como sus hombres de confianza, habían recibido algún tipo de información policial que les permitió escapar durante los allanamientos masivos que dejaron como resultado el secuestro de 12 kilos de cocaína, 5 kilos de marihuana, 23 armas de fuego, mil municiones, cargadores, 50 celulares, más de 2 millones de pesos, 53.000 dólares y una veintena de detenidos.
