Ante los últimos hechos de violencia en el barrio Santa Teresita, desde la Jefatura Departamental decidieron montar un operativo de prevención el martes a la noche. Cerca de 40 policías se ubicaron en puestos fijos en calles Lisandro Moyano, Álvarez Condarco, Independencia y Ameghino, rodeando los ingresos al conglomerado.

Los uniformados sabían de antemano que iban a ser repudiados por algunas bandas que se ubican en el lugar, pero nunca se imaginaron el desenlace casi fatal que tuvo el procedimiento. Desde el interior del Santa –como le dicen en la fuerza policial- comenzaron a arrojar piedras y botellas contras las fuerzas de seguridad pública.

Un grupo táctico integrado por cuatro integrantes de la UEP de Las Heras, el jefe de esa unidad, Sergio Salgado y el jefe departamental, Camilo Uvilla, se adentró en el barrio por calle Libertado, a unos 70 metros de la periferia. En ese momento, una ráfaga de disparos –primero cuatro y luego dos más- pasó entre los dos cabecillas del grupo e impactó a tres de los oficiales que venían atrás.

Las balas dañaron a los uniformados en distintas partes del cuerpo que no eran protegidas por los chalecos antibalas. El auxiliar Matías Montenegro (25) fue herido en el abdomen, el oficial ayudante Mario González (26) en la clavícula y el oficial primero Rodrigo Salvador (34) en la pierna.

El resto del grupo que estaba ileso corrió hacia los baleados y formó un escudo humano, mientras contestaba la balacera con disparos de posta de goma. Fuentes policiales explicaron que había niños jugando en la calle y no podían individualizar a los atacantes, por lo que era peligroso contestar con balas de plomo.

Mientras los uniformados se replegaban, un patrullero ingresó a auxiliarlos y logró sacarlos del punto de conflicto, para trasladar a los heridos al Hospital Carrillo. “Fue una emboscada. Tenemos bronca con estos cobardes que disparan y se ocultan”, lanzó un uniformado que estuvo presente en el tiroteo.

“Fue una emboscada. Tenemos bronca con estos cobardes que disparan y se ocultan”. 

La investigación cayó en manos de la fiscal departamental, Virginia Rumbo,  que ordenó realizar una inspección ocular en el lugar, ya que Policía Científica no pudo trabajar tras la balacera ante la hostilidad en el conglomerado. La investigación está sujeta a la declaración de los policías, aunque por el momento ninguno pudo identificar a los agresores.

El jefe de la Policía, Juan Carlos Caleri, aseguró que “los disparos no eran para intimidar, eran para matar. Llama la atención que permitieron que ingresara el personal al interior y ahí comenzaron a disparar”. “Vamos a ver cómo empezamos a trabajar de ahora en adelante en ese lugar. Esto no nos da miedo para entrar al lugar, al contrario”, lanzó.