Hace poco más de siete días, Carlos Josué Martín Vallejos recibió un tiro en el abdomen en el barrio Sargento Cabral de Capital y murió horas después en el Hospital Lagomaggiore. Este joven de 19 años que trabajaba como yesista, jugaba al fútbol en la reserva de Huracán Las Heras y era padre de un niño de 2 años, fue atacado por un sujeto que se movilizaba en un moto junto a un cómplice. El motivo de la agresión, de acuerdo con las primeras declaraciones, tuvo que ver con una bronca entre ellos ocurrida hace más de cinco años: durante un partido, Vallejos le dio un pelotazo y le ensució la ropa.

Desde ese tiempo, el atacante, de más de 30 años, molestaba al joven cada vez que se lo cruzaba. Desde insultos hasta intimidaciones con arma de fuego. Todo terminó en tragedia, y el nombre del sospechoso no tardó en llegar hasta los pesquisas tras el asesinato.

Tanto es así que, en las últimas horas, sabiendo que los policías de la Unidad Investigativa departamental lo seguían de cerca, Alberto Cortez, el Beto, se entregó junto a un abogado ante las autoridades judiciales en la Unidad Fiscal de Capital, en los Tribunales.

La fiscal de la causa, Laura Rousselle, lo imputó por homicidio agravado por el uso de arma de fuego y ordenó su traslado a Contraventores. Horas más tarde, el señalado cómplice del sospechoso Beto, Jonathan Noguera, fue detenido en la Oficina Fiscal Nº2 de Ciudad.

Este hombre, que según los testigos que declararon conducía la moto desde la que le dispararon a Vallejos, fue hasta la dependencia judicial del barrio Cano junto a familiares del Cortez y los investigadores lo notaron, por lo que quedó detenido. Lo imputaron por participación primaria y también quedó alojado en el centro de detención policial.

De acuerdo con lo que informaron fuentes judiciales, el Beto se desligó del hecho –dijo que estaba en la zona pero a cuatro cuadras de la escena– y aportó una versión diferente.

El dolor de la madre.

El ataque se produjo el domingo 1 a las 23. Al otro día, la madre de la víctima, a quien llamaban cariñosamente Martincito, relató a El Sol los motivos que llevaron al agresor a apretar el gatillo de un arma de fuego. Claudia Vallejos (49), aseguró que “estaban todos los niños jugando y él venía con su hijo a cococho cuando le dispararon”.

Carlos

“Fueron cinco disparos de una pistola calibre 9 milímetros”, describió, por su parte, un testigo que presenció el ataque.

“Fueron cinco disparos de una pistola calibre 9 milímetros”

El proyectil que terminó con la vida del futbolista ingresó por la zona abdominal y salió por un glúteo. De acuerdo con la necropsia, el plomo dañó órganos vitales y esto le produjo un paro cardiorrespiratorio a las 2 del lunes.

El testigo presencial, menor de edad, señaló que la víctima le alcanzó a decir algunas palabras antes de morir; “Mirá, hermano, me pegaron, me arruinaron”. Tanto la familia como los testigos apuntaron contra el Beto como autor del homicidio. Contaron que la vieja bronca se inició por un pelotazo y que siempre lo molestaban. Tras ese episodio, los testigos señalaron que “el Beto le pegó una piña y lo desmayó. Y después de eso siempre lo provocaba y lo insultaba”.

La madre del futbolista asesinado contó que, una semana antes del crimen, su hijo le contó que el Beto lo había correteado en moto con un arma. Y agregó que le habían baleado el auto, un Peugeot 504 que presentaba dos impactos de bala.
Si bien la familia apunta al Beto, la fiscal Rousselle aguarda por más pruebas y, por ahora, no enviará a los imputados a la penitenciaría.

No se ha encontrado el arma homicida y el relato del testigo presencial tuvo algunas contradicciones. No obstante, la única hipótesis apunta contra los dos detenidos.