El hombre detenido, el celular incautado, el auto robado y la escopeta policial limada.

La persecución terminó esta madrugada en las calles del barrio Covimet de Godoy Cruz, pero para los investigadores recién ahí comenzó el verdadero trabajo. La captura de Paulo Federico Molina Gallardo (44), el presunto asaltante detenido tras un violento golpe comando en una casa de Vertientes del Pedemonte, abrió una nueva línea de investigación que apuntará a desarticular a toda la banda que operaba junto a él y que, según sospechan fuentes policiales, venía ejecutando robos bajo una modalidad cada vez más repetida: falsos allanamientos, chalecos policiales y armas largas para irrumpir de madrugada y reducir a las víctimas.

Los pesquisas de Robos y Hurtos y de Sustracción de Automotores de Investigaciones comenzaron a reconstruir los movimientos del grupo desde distintos frentes. Uno de los ejes centrales pasó a ser el Toyota Yaris blanco utilizado para escapar después del asalto cometido durante la madrugada de este lunes.

El vehículo, que llevaba una patente colocada que no coincidía con la numeración grabada en los cristales, tenía pedido de secuestro por hurto agravado desde enero pasado. Para los detectives policiales, el auto no era un detalle menor: creen que pudo haber sido utilizado en otros golpes similares cometidos en el Gran Mendoza.

Sobre el rodado trabajaron peritos de Científica que levantaron rastros y buscaron huellas, mientras otra parte de la pesquisa se concentró sobre un teléfono celular secuestrado durante el procedimiento.

Ese aparato es considerado una pieza fundamental para intentar identificar a los otros tres hombres que escaparon corriendo entre las casas del barrio Covimet, hacia el sur del carril Sarmiento, cuando la persecución policial de los efectivos de la Unidad Especial de Patrullaje de Luján (UEP), llegó a su punto más crítico.

El hecho que terminó con Molina Gallardo detenido, revelado por El Sol, ocurrió cerca de las 3, cuando comenzaron a ingresar llamados al 911 alertando sobre un asalto armado en una propiedad de calle Los Álamos, en Vertientes del Pedemonte.

Cuando los policías llegaron, encontraron a las víctimas atadas con precintos plásticos. Según denunciaron, los delincuentes habían irrumpido armados mientras dormían y con indumentaria similar a la policial, simulando un allanamiento. Uno de ellos permanecía afuera con pasamontañas, una escopeta y un chaleco antibalas, mientras el resto ingresó por sorpresa y redujo a toda la familia. En total, eran siete integrantes del grupo de parientes, destacaron fuentes que hablaron con este diario.

La banda escapó con más de un millón de pesos en efectivo (ocultos en un bolso negro y rosado), dólares y un teléfono celular Xiaomi Redmi. Pero la fuga duró pocos minutos.

Con los datos aportados por las víctimas y vecinos al 911, personal policial localizó un Toyota Yaris con características idénticas en la zona de la intersección de calles Paso y San Martín. El conductor aceleró al advertir la presencia de los uniformados de la UEP y comenzó una persecución de varios kilómetros que atravesó distintas calles de Luján hasta terminar en el barrio Covimet.

En calle Formosa de ese complejo, descendieron cuatro hombres y escaparon a pie. Durante la corrida, uno de ellos apuntó con una escopeta hacia los policías. Los efectivos efectuaron un disparo intimidatorio y finalmente lograron detener a Molina Gallardo, mientras los otros sospechosos desaparecieron entre las casas del complejo. Lograron escapar.

En la zona encontraron una escopeta Rexio sin numeración de fabricación, un chaleco de transporte y una funda porta placa policial. Para los investigadores policiales, esos elementos reforzaron una hipótesis que ya venía circulando entre distintas dependencias: la existencia de grupos que se hacen pasar por policías para irrumpir en domicilios durante supuestos allanamientos ilegales.

Fuentes policiales y vecinales señalaron que la banda podría estar vinculada a otros hechos ocurridos bajo la misma modalidad. Incluso, una de las sospechas que ahora se intenta corroborar es si los golpes estaban dirigidos específicamente contra vendedores de estupefacientes o personas vinculadas a esos entornos, aprovechando que muchas víctimas evitan denunciar por temor o por sus propios antecedentes.

La figura de Molina Gallardo también comenzó a ser revisada con detenimiento. Oriundo de Guaymallén y de oficio albañil, acumula antecedentes por amenazas agravadas, robo agravado, robo simple y encubrimiento. Tiene tatuajes de un bufón en el brazo izquierdo y un león en el derecho. Además, un hermano suyo cumple condena a prisión perpetua por un asesinato perpetrado en el 2009. Al momento de su captura, no tenía medidas pendientes.

Sin embargo, para los investigadores el foco ya no está únicamente en el detenido. La prioridad pasó a ser la identificación del resto de los integrantes de la organización, reconstruir los hechos previos en los que habrían participado y determinar cuántos robos ejecutaron utilizando vehículos sustraídos y el equipamiento que llevaban.