Néstor Fabián Suárez Montiveros es considerado por su entorno un hombre problemático y peligroso. Lo describieron como un “violento alcohólico” que ejercía violencia de género contra su pareja. Vivió en varios departamentos del Gran Mendoza y no era raro que se metiera en conflictos con los vecinos.

A este hombre de 50 años lo apodan “Peka”, y el 14 de noviembre del año pasado mató a balazos a Exequiel Adrián Díaz Pacheco en la zona del asentamiento Campo Papa, en el oeste de Godoy Cruz.

La víctima era conocida como el Gringo y tenía 32 años. “Un tipo bueno que tuvo la mala fortuna de cruzarse con el Peka”, describieron los testigos. Lo cierto es que el homicida fue condenado el viernes a 15 años de cárcel.

Fue luego de reconocer el hecho y de que su defensa pactara la pena con la fiscal de la causa, Claudia Alejandra Ríos.

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Lo que no se conocía es que el “Peka” Suárez tenía pedido de captura al momento del asesinato por otro hecho de gravedad: una de las hijas de su pareja, quien actualmente tiene 22 años, lo había denunciado por abuso sexual con acceso carnal en el 2017.

En el juicio abreviado que terminó homologando el juez Eduardo Martearena también admitió que sometió sexualmente a la joven durante cinco años, mientras convivía con ella y su madre.

El caso, tal como describieron fuentes consultadas por El Sol, fue dramático porque la víctima de los ataques intentó quitarse la vida varias veces y su madre continúa el vínculo con el ahora culpable, con quien tiene una hija de 14 años.

Las dos causas

La denuncia por abuso comenzó a investigarse en el 2017, luego de la que la joven escapara de la casa que compartían en Las Heras.

Con sólo 17 años, cansada de sufrir las agresiones sexuales del Peka, se dirigió buscando ayuda hasta el Hospital Psiquiátrico Carlos Pereyra, ubicado sobre calle Ituzaingó, de Ciudad.

Pidió que la escucharan e internaran porque atravesaba una fuerte depresión. Tenía intensiones suicidas. No fue una tarea sencilla para los profesionales del lugar porque el hecho de que fuera menor de edad dificultaba su tratamiento. Sin embargo, luego de llenar algunos papeles y realizar consultas judiciales correspondientes, finalmente, quedó alojada en el lugar.

La joven pudo contar lo que era vivir con el Peka Suárez y la guiaron para que radicara la denuncia. La trasladaron hasta el Cuerpo Médico Forense y la Justicia comenzó a trabajar en la causa. Describió que fue vejada entre el 2012 y 2017 y que los hechos sucedieron mientras vivieron en diferentes domicilios de Las Heras, Maipú, Guaymallén y Godoy Cruz.

Con el paso de los días, Suárez quedó en la orden del día. Tenía pedido de captura pero no conseguían atraparlo.

La propia víctima aportó las identidades de los familiares que lo ayudaban a mantenerse en la clandestinidad y hasta direcciones y teléfonos para que el caso no “durmiera”. Pero no hubo caso, no conseguían detenerlo.

En las declaraciones que realizó en sede judicial, reveló que, producto de los reiterados abusos sexuales que sufría, quedó embarazada.

Enterado de esto el Peka –al parecer con el conocimiento de su pareja y madre de la víctima– la llevaron hasta un lugar para que le practicaran un aborto clandestino mientras cursaba el “cuarto o quinto” mes de embarazo, describieron fuentes consultadas por El Sol.

Esto potenció el estado depresivo que la adolescente padecía producto de las violaciones e intentó suicidarse ingiriendo tres blísteres de pastillas. Después de recibir atención médica, lograron estabilizarla y salvó su vida.

Estar pedido por la Justicia en una causa de abuso sexual con acceso carnal no fue un problema para el Peka Suárez. Continuó moviéndose en la calle como si nada pasara y mantuvo la relación con su mujer.

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La madrugada del domingo 14 de noviembre (esa jornada se realizaron las elecciones legislativas en la provincia y el país), protagonizó una pelea con un vecino y le disparó.

La víctima fue Exequiel Gringo Díaz y recibió un balazo en el parietal derecho. El plomo se alojó en el cráneo y le produjo la muerte dos días después en el Hospital Central.

Testigos del hecho de sangre ocurrido en Chuquisaca y Salvador Arias, muy cerca de donde vivían los protagonistas, fueron los que llamaron al 911 y contaron que tenían retenido al agresor y le habían quitado el arma de fuego utilizada para atacar al Gringo Díaz.

Los primeros efectivos en arribar a la escena entrevistaron a la hermana de la víctima y les contó que había un testigo presencial. Llegaron hasta este hombre y les contó que el Peka había iniciado la pelea con el vecino.

También indicó que lo tenían retenido para que no escapara y que le habían quitado un revólver calibre 32 marca Trademark de seis alveolos con tres cartuchos en su interior.

El Peka Suárez quedó a disposición de la Justicia, y la fiscal de Homicidios Claudia Ríos lo imputó por homicidio agravado por el uso de arma de fuego. También incorporó la causa por abuso sexual agravado y elevó todo a juicio hace pocos meses.

Finalmente, a menos de un año de su detención, el abusador y homicida reconoció ambos hechos y fue condenado a 15 años de cárcel.