Mañana se cumple un año del cuádruple crimen de Las Heras, uno de los casos policiales más sangrientos y con mayor repercusión nacional de la historia de Mendoza. El 9 de diciembre del 2011, un chico de 13 años asesinó a cuchillazos a toda una familia y, hace poco tiempo, gracias a tareas de psicólogos y psiquiatras, se descubrió qué originó semejante ataque de ira, después del archivo de la causa pues el matador es inimputable.

El menor era un muchacho común, algo introvertido, iba al colegio y vivía con sus abuelos en una casa ubicada frente al teatro de los hechos, en el barrio 8 de Mayo. Pero, un día después, cambió repentinamente ese entorno y se transformó en noticia nacional al ser el principal protagonista de una historia muy dolorosa para una familia y los vecinos de la zona, quienes no olvidan lo sucedido.

El hecho podría enmarcarse en el argumento de una película policial, de ciencia ficción o de terror. El chico está viviendo hoy en la casa de un familiar, protegido, lejos de los recuerdos y de donde fue detenido. Las pruebas y su confesión lo señalaron como el autor material del cuádruple crimen de Las Heras.

En la casa de calle San Pedro 1953 fueron asesinados a puñaladas Mónica Graciela Miguel García (48), su hijo adoptivo y amigo del agresor, Exequiel Jeremías Miguel (10), y sus abuelos, Alí Alfonso Miguel (80), y Sara Patricia Desideria García (85).
Hoy en día, la hipótesis del móvil de la brutal masacre para los investigadores no es exacta y no descartan ninguna, pero la que más fuerza tiene es la del abuso sexual y que el chico de 13 años fue encontrado infraganti por la madre de Exequiel “mientras estaban en una situación sexual comprometida que hizo reaccionar al acusado” y que desencadenó toda la masacre, aportaron los profesionales psicólogos que lo atendieron a ?El Sol.

Hubo, al menos, dos versiones de los hechos: la primera se basa en el relato del joven que hoy tiene 14 años y que minutos después del hecho adjudicó el ataque a un ladrón que entró a la casa, asesinó a todos y logró escapar. Pero, al día siguiente esa versión fue descartada por la fiscal especial Claudia Ríos, quien instruyó la causa en ese momento y encontró la pista de que el menor había sido el autor de los ataques. Ante esto, pasó la causa al fiscal de Menores Gustavo Farmache, quien terminó atribuyéndole los homicidios y archivando el expediente.

Las contradicciones del chico en su relato y el quiebre emocional provocó que contara la supuesta verdad y explicó que Exequiel fue quien asesinó a todos y que él tuvo que matarlo para defenderse (versión que en la actualidad sigue defendiendo).
Sin embargo, a pesar de su relato, que “estaba al límite de lo real y lo ficticio”, como describieron los investigadores, el menor no contaba con algo: las pruebas criminalísticas que confirmaron su posterior autoría de los asesinatos sucedidos en la vivienda que hoy está deshabitada.
El otro punto fundamental son las las pericias psicológicas que determinaron su personalidad y cómo reaccionaba con los demás.

el principio. Según relató el joven –se reserva su identidad por tratarse de un menor– a las autoridades policiales y judiciales, ese día se encontraba cerca de las 21 en la casa de su amigo Exequiel jugando a la computadora en una de las habitaciones.

En ese momento, según sus palabras, Exequiel estaba limpiando un reproductor de MP3 con un cuchillo, tipo serrucho Tramontina.?Ahí llegó Mónica Miguel, la madre del niño más chico y le dijo que se colocara la remera pero se negó, entró en ira, agarró el cuchillo y lo lastimó –al acusado– en el dedo pulgar de la mano derecha. Luego dijo que la abuela de su amigo, Sara García, lo llevó al baño y lo limpió, pero cuando volvió a la habitación, “Exequiel estaba agarrando a su madre del cuello, desde atrás, y tenía el cuchillo en la otra mano y le estaba dando puñaladas en la espalda”, explicó el menor, quien supuestamente logró sacarle el cuchillo pero fue herido nuevamente en la mano.

Aseguró que, con la abuela, ayudaron a la madre herida y entonces llegó Alí Miguel, el abuelo de Exequiel. En ese lapso, dijo que su amigo fue a buscar otro cuchillo tipo carnicero y que vio desde la habitación que el chico apuñalaba a su abuelo en el comedor de la casa, cerca del mueble del televisor, en varias ocasiones. Después, aseguró que se fue, malherido, al patio.
Explicó que escuchó a la anciana gritar desde dentro pidiendo ayuda y fue a ver a los pocos minutos y la mujer yacía en el piso del living, cerca del sillón. Agregó que vio en el baño a Ezequiel y comenzaron a pelear y que se arrojaron, mutuamente, uno de los cuchillos que allí quedaron hasta que el mayor de los menores agarró el cuchillo carnicero y lo apuñaló cuatro veces en la espalda y Exequiel volvió a caer arrodillado al suelo.

El chico de 13 años añadió que volvió a salir al patio y se quedó nuevamente en el mismo lugar donde lo hizo antes por tres minutos.
Después fue otra vez al baño, donde estaba su amigo, a quien le tiró agua para lavarlo y que, supuestamente, le dijo: “Gracias, andate” y “No digas nada”, según relató el sobreviviente.
Luego aseguró que se fue por el patio, subió desde un gabinete de gas al techo, se metió a una vivienda en construcción y cruzó la calle para ir a la casa de su abuela, quien le preguntó lo que había sucedido. El adolescente le contó la historia del ladrón –que mató a todos– y la anciana lo fue a limpiar y a lavarle la ropa.

Sin embargo, luego de las pericias que realizaron Policía Científica y los profesionales del Cuerpo Médico Forense (CMF) con las pruebas halladas en la escena, los investigadores desmintieron gran parte de la versión del único “testigo” presencial.

Primero no entendieron por qué si la madre se enojó con su hijo, este atacó al otro muchacho y no a su progenitora. Después, el chico habla de que Exequiel apuñaló a su madre en la espalda “varias veces”, pero el informe de la necropsia resaltó que la víctima de 48 años recibió una sola puñalada en la espalda –omóplato derecho– y que el resto de las heridas fue en otras partes del cuerpo. Además, según el relato del chico, fue Exequiel quien se dirigió a la cocina y a otras partes de la casa, pero los resultados de ADN confirmaron que no se hallaron rastros de sangre de él, pero sí del homicida cerca de los cadáveres, en muebles de esos sectores, en paredes, el control remoto del televisor, y que las marcas en el piso de la casa correspondían a sus zapatillas.

Luego dijo que vio desde la pieza cómo era acuchillado el abuelo en el comedor, pero, tras las pericias planimétricas, se comprobó que eso era imposible por la ubicación. Además, señaló que estuvo varios minutos escondido en el patio, sin embargo, allí, los peritos no encontraron charcos de sangre que habrían dejado las heridas que tenía en sus manos, detalló el informe forense. También relató que en el baño acuchilló cuatro veces en la espalda a Exequiel, pero la necropsia detalló que fueron 39 las puñaladas, de las cuales diecisiete fueron en la espalda y que tampoco pudieron ser autoinfligidas. La herida mortal, cortopunzante, fue la que lesionó “el lóbulo medio del pulmón derecho” dicta el informe. El mismo relata que las heridas ocasionadas fueron por obra de un sujeto derecho, característica que coincide con el chico que luego quedó detenido.

Por último, en ese fragmento de la investigación detallaron que existieron contradicciones entre el relato del adolescente y de su abuela, al detallar lo que pasó cuando se encontraron después del crimen.
Es que generó dudas porque no pidieron ayuda antes de ir a limpiarse o lavar la ropa, teniendo en cuenta que había cuatro personas que habían sido atacadas y que estaban malheridas. Pero estos no son lo únicos informes, ya que los psicológicos, a los que accedió El Sol, también revelaron detalles que encaminaron la pesquisa.

Explicaron que el perfil psicológico diagnosticó que el joven “presenta una estructura perversa con manifestación psicopática en relaciones interpersonales y en el plano afectivo (con otras personas)”.
También se determinó que “la familia de él tiende a cerrase como grupo ante el intercambio social y que hubo un silencio tácito por lo sucedido”. Se manifiesta que “el padre le enseñó al joven defensa personal desde los 10 años y a pegar desde los 5, provocando una sobreestimulación bajo el concepto de defensa y que por ese motivo reacciona de manera violenta, brusca y descontrolada ante los estímulos”.

Los estudios lo describen como “silencioso, frío, no expresa sentimientos hacia los demás, es indiferente al medio que lo rodea. No se muestra ante los demás como impulsivo o agresivo ni muestra hostilidad y tiene un autoconcepto elevado de sí mismo y de omnipotencia”. Por esas características, “cree que el medio es inferior a él y por eso siente disconformidad hacia el mismo. Es por ello que canaliza los errores hacia las demás personas y no acepta que él se equivoca”, explica un informe.
A pesar de mostrarse socialmente adaptado, evidencia intensos sentimientos de enojo ante situaciones en las que se siente provocado y en las cuales toma una actitud encarnizada.

Después de reunir todas las pruebas, el fiscal Penal de Menores le adjudicó los crímenes y archivó la causa.