En el Gobierno nacional están convencidos de que a partir de este lunes, con la llegada de 2.148.600 dosis de AstraZeneca, se invertirá la discusión sobre la campaña de vacunación. La carga de la exigencia cambiará de lado. La Casa Rosada comenzará desde ahora a reclamar resultados a los gobernadores. Y no al revés, como venía ocurriendo con la compra de vacunas. La responsabilidad por llegar a las elecciones con la población inmunizada recaerá en cada provincia. Mañana se lanza la carrera electoral que será, al mismo tiempo, la carrera de las vacunas.

Este jueves el Senado de la Nación terminará de ratificar el nuevo cronograma electoral: PASO el 12 de septiembre y las generales el 14 de noviembre. El cambio obedece al acuerdo entre el oficialismo y la oposición para ganar cinco semanas para que avance la campaña de vacunación. El objetivo del gobierno es contar con el 85% de la población vacunada para fines de agosto, es decir, dos semanas antes de las Primarias, el tiempo necesario para que los últimos vacunados desarrollen un nivel aceptable de inmunidad.

De los 32,6 millones de argentinos mayores de 18 años, es decir la población objetivo de la campaña de vacunación, ya 9,2 millones recibieron al menos una dosis. En el Ministerio de Salud de la Nación reconocen que será difícil llegar al 100 por ciento, ya que hay un porcentaje de ciudadanos que no quiere vacunarse o a los que el Estado no llega por problemas logísticos o de comunicación. Asumen que la meta será cubrir al 85 por ciento de la población. Para ese objetivo resta vacunar a 18,5 millones de argentinos, un poco más de 6 millones de personas por mes.

“Las vacunas van a estar”, promete un funcionario del Gabinete nacional y expone un cálculo que se repite como un mantra en la Casa Rosada: “Rusia se comprometió a sostener el envío de un millón de dosis semanales que luego se reemplazará con la producción local. Habrá al menos 4 millones de vacunas de AstraZeneca por mes y entre junio y julio otras 6 millones de dosis de Sinopharm”. Son 30 millones de dosis en tres meses. No lo reconocen ante las cámaras: el Presidente no quiere volver a tropezarse con su optimismo. La gestión de las vacunas es sin dudas uno de los ejes que más costo político le hizo pagar.

Hasta hoy, el ritmo de vacunación estuvo condicionado por la disponibilidad de dosis. Ahora, la cantidad de dosis que cada distrito será capaz de aplicar será el indicador que marque el ritmo de la campaña, junto con los datos de contagios y disponibilidad de camas críticas. La mirada estará puesta, ineludiblemente, en las provincias gobernadas por la oposición y, en particular, en aquellos distritos donde el Frente de Todos tiene esperanzas de sumar alguna banca en el Congreso. Mendoza está en ambas listas.

El Frente de Todos renueva 15 de las 24 bancas que están en juego en el Senado y 51 escaños de los 127 que se disputan en la Cámara de Diputados. El escenario de la Cámara alta no tiene chances de cambiar demasiado ya que el oficialismo tiene mayoría propia y la conservará incluso haciendo una pésima elección. Pero para el Frente de Todos, Mendoza tiene un atractivo especial porque es uno de los dos distritos, junto a Córdoba, donde puede sumar alguna banca. En las demás provincias debe defender los dos lugares reservados para la mayoría, salvo en Chubut donde la magia aliancista consiguió que con el paso de los años, los tres senadores respondiesen al Frente de Todos. En ese distrito patagónico pueden perder dos de las tres bancas que hoy tienen. Pero en Córdoba y Mendoza ya son minoría y apuestan a sumar.

Donde sí hay mucho en juego es en la Cámara baja. Allí el oficialismo necesita sumar 12 bancas para convertirse en mayoría y dejar de depender de los aliados circunstanciales que le retacean, entre otras cosas, las reformas que el cristinismo impulsa para el Poder Judicial. Si bien la principal cantera electoral es la provincia de Buenos Aires, Mendoza también cobra protagonismo en este escenario. El Frente de Todos defiende en la provincia una de las cinco bancas que están en juego. Y si repite la elección de 2019, donde se alzó con el 38% de los votos en la pelea legislativa, no sólo defenderá la banca que hoy ocupa Omar Félix sino que podría quedarse también con el sillón del aliado José Luis Ramón.

Es esperable que la estrategia local de Junto por el Cambio, con Alfredo Cornejo a la cabeza, apunte a nacionalizar la elección provincial, para hacer pié en las debilidades de la gestión Fernández, mientras que el Frente de Todos con Anabel Ferández Sagasti se esfuerce en provincializar la disputa para capitalizar las carencias que denuncian de la gestión Suárez. La vacunación será clave en ese terreno que entremezcla ambas estrategias.

En la Casa Rosada creen que de ahora en más tienen mucho más para ganar que para perder en la carrera por la inmunización. Si efectivamente las dosis llegan a la Argentina, pueden compartir el éxito de la vacunación, pero los yerros recaerán sobre las espaldas de los gobernadores. El ritmo de inoculación, es decir, la capacidad de gestión local, estará en manos de los funcionarios locales. Y hasta ahora Mendoza está en una zona gris.

De acuerdo con los datos que Mendoza cargó hasta el viernes en el sistema SISA que administra el Ministerio de Salud de la Nación, en la provincia hay 395.706 personas que recibieron al menos una dosis y 95.389 que ya completaron el esquema de vacunación. Esas cifras (ver Gráfico 1) representan al 19,7 por ciento de la población total de la provincia con al menos una dosis, o al 30,6 por ciento de los mendocinos mayores de 18 años que conforman la población objetivo. Entre ellos el grupo etario más protegido es el que va de los 60 a los 69 años, donde el 99,5% ya recibió su primera dosis.

Más de la mitad de los mendocinos vacunados son mayores de 60 años, el grupo más vulnerable frente al virus. Entre ellos también está la mayoría de las personas que ya tiene las dos dosis, aunque el personal de Salud es el que porcentualmente ha completado en mayor medida el esquema de vacunación (ver Gráfico 2).

De los 18,5 millones de argentinos que Nación proyecta para vacunar entre junio y agosto, poco más de 721 mil son mendocinos. Es decir, la cantidad de ciudadanos de la provincia que habría que vacunar para cubrir al 85 por ciento de la población local. Entre ellos hay unas 17 mil personas mayores de 70 años que aún no han sido vacunadas y el resto son menores de 60 años con comorbilidades y aquellos mendocinos de entre 18 y 59 años que no tienen factores de riesgo (ver Gráficos 4 y 5).

El objetivo que Nación le exigirá a Mendoza es que llegue a esos 721.296 mendocinos en tres meses, porque promete enviarle la dosis necesarias. Aquí es donde entra en juego la pata local. Si bien hasta ahora el ritmo de vacunación estuvo condicionado por la disponibilidad de dosis, la cantidad de aplicaciones que por día se hicieron en Mendoza no siempre acompañó al ritmo promedio del país. En la mitad de las 24 semanas que lleva la campaña de vacunación, en la provincia se vacunó a un ritmo más lento que el promedio nacional. En 7 se hizo a una velocidad mayor y en 3 avanzaron a la misma velocidad (Ver Gráfico 6).

Valga una digresión: en todas estas semanas, Argentina nunca llegó a vacunar a un promedio mayor de 0,37 dosis cada 100 habitantes por día. Durante una semana Mendoza pudo vacunar a un ritmo levemente superior: un promedio de 0,39 dosis diarias cada 100 habitantes. Para tener una referencia: en Chile se llegó a aplicar 1,56 dosis por día cada 100 habitantes y en Brasil el último viernes se dieron 0,64 dosis por día por cada 100 personas. No alcanza con tener vacunas. También hay que aplicarlas.

Para alcanzar el objetivo al que apunta el Gobierno Nacional, Mendoza debería vacunar a más de 60.100 personas por semana, una marca que hasta ahora nunca alcanzó. El máximo de aplicaciones se registró entre el 5 y el 11 de abril: fueron 55.181 entre lunes y domingo.  Aunque el 13 de abril la provincia consiguió su mejor despliegue, con 13.445 mendocinos vacunados, de acuerdo a los datos que figuran en el sistema SISA. Desde comienzos de marzo, cuando se regularizó -al ritmo actual- la distribución de vacunas entre las provincias, Mendoza aplicó un promedio de 36.757 dosis semanales, poco más de la mitad de lo que necesita para alcanzar la meta (ver Gráfico 7).

De acuerdo con el anuncio que hizo el Gobierno nacional, entre el 24 y el 29 de mayo, Mendoza recibió 122.100 dosis, es decir, la cantidad suficiente como para dos semanas. Si lograse sostener durante 5 días semanales el nivel máximo de vacunación que logró en abril, la gestión de Suárez podrá alcanzar la meta. De lo contrario acumulará “deudas” con su electorado. Dependerá, sin dudas, de que Nación cumpla con su promesa y garantice el ritmo de los envíos.

El tiempo corre. La campaña electoral se convierte en algo que va más allá de la disputa por los cargos. Es una carrera para salvar vidas. O dejarlas perder. Nunca una campaña electoral tuvo tanto en juego.