El presidente Javier Milei.

Fulgurante y estruendoso ha sido el arranque de año para el gobierno de Javier Milei en la nación. Ese fenómeno, seguido de tal luminosidad y destello, por cierto que también influye y condiciona las agendas locales, como la política de Mendoza que suele girar a gusto y placer del oficialismo liderado por Alfredo Cornejo.

De nada ha servido que opositores y críticos bien intencionados, dialoguistas si se quiere; más reaccionarios, obstruccionistas y destituyentes –como la porción del peronismo que fue colonizada por el kirchnerismo–, y la izquierda, desde ya, hayan advertido con sus modos y estilo, a medio mundo y voz en cuello, que la prepotencia y el dejo de autoritarismo que envuelven al presidente podrían hacerlo desbarrancar en su cruzada y con ello el lamentable desmoronamiento –esto último para bienintencionados y bienpensantes– de un trabajo exitoso que se está ejerciendo sobre la normalización del gasto del Estado y los principales aspectos malolientes y enfermos de la economía que tanto mal le han hecho al país por varios años.

Ya fuese por el resultado del tirado de cartas (de eso se habla, aunque no se crea), por convicción, tenacidad, un tesón inquebrantable, una fuerza a prueba de bala, por las encuestas que le sonríen o por todo junto, Milei avanza a paso redoblado y tambor batiente sin medias tintas. Ante tal comportamiento es probable que exista, para algunos, un dejo de inconsciencia en el presidente. ¿Pero qué si no un inconsciente es lo que requiere un país como la Argentina, que se ha arrastrado por el fondo de la tabla de países agobiados por la pobreza y la marginalidad no por falta de recursos, sino sobre todo por las malas praxis constantes en su conducción?

Con sólo un puñado de legisladores propios, lo que lo ubica en el gobierno con mayor debilidad parlamentaria en su arranque en los últimos cuarenta años de historia democrática continua, Milei ha conseguido en este período de extraordinarias tres rutilantes victorias en la discusión de los dictámenes y en el recinto de Diputados. Y a eso hay que sumarle que resistió la presión opositora para que incluyera en el debate el presupuesto de este año. Más rápido que un rayo, o más temprano que tarde, este presidente que surgió de la nada arrogándose la representación anti casta y abominando las prácticas mugrosas de la política tradicional, entendió que es mucho mejor conducir el ingreso de los recursos y la asignación del gasto sin control que con él. Notable. Y también sumó una victoria atronadora en la batalla cultural que libra más que gustoso, aunque con la toma de riesgos serios que no parece atender.

La política tradicional no logró imponer, mucho menos persuadir, de que el sostenimiento de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) son saludables al sistema democrático, a su orden y transparencia. Es cierto que fueron sólo suspendidas y que Milei pretendía lisa y llanamente su eliminación. Pero a la luz de la crisis que padecen los partidos tradicionales de la política nacional, las PASO garantizarían a futuro la aparición de más Milei y emergentes novedosos y creativos como alternativa a las miradas analógicas, anticuadas y algo retrógradas que inundan el peronismo, el radicalismo y ni hablar de los sectores de la izquierda.

Milei, por el contrario, consigue que la sociedad repare más en un gasto que ahora con la boleta única papel (BUP) resultaría poco relevante que en uso de este mecanismo electoral que en verdad favorece a las minorías y equilibra el peso de todos en la competencia electoral. En la era Milei, todo ese fenómeno que representa comparado con un huracán político y todo lo que emana del oficialismo termina fluyendo, en un altísimo porcentaje con éxito, pese a creerse de ante mano, y equivocadamente, que tal o cuales ideas o medidas no pasarán los filtros convencionales. Es que al presidente lo acompaña el signo de los nuevos tiempos, al beneficiarse de ese estado de descomposición casi total del mensaje y el discurso político tradicional y convencional, claramente.

El presidente también ha logrado que se vote favorablemente –siempre con media sanción en Diputados como la suspensión de las PASO, hay que destacar–, un mini paquete de leyes de seguridad en el que se incorpora el concepto de reiterancia para ir a pelear contra el efecto de la puerta giratoria en el delito, ordenando la prisión preventiva para quienes han delinquido varias veces si ser condenados. Se trata de un instrumento que nació en Mendoza y comenzó a aplicarse durante el primer gobierno de Cornejo, como parte de las reformas en seguridad y al sistema judicial que encaró aquella administración. La empatía y las enormes coincidencias que existieron durante esa época (2016/20) entre la administración provincial y el gobierno nacional de Mauricio Macri no alcanzaron para que en la nación se avanzara en la incorporación de ese instituto que la sociedad pedía. Digamos que tales empatías y las coincidencias existían en el plano de las apariencias, se sabe, porque fue tal el celo que Macri desplegaba por sobre los gobernadores y políticos aliados, a los que veía como la imagen misma de “la vieja política” creyéndose a su vez él mismo y un séquito muy reducido del PRO como lo nuevo, que terminó dándole la espalda a quienes podrían haberlo salvado. Todo contrafáctico, por supuesto, pero válido. Hoy Milei, de la mano de Patricia Bullrich, ordena y alcanza la victoria sobre este punto, también sobre el Juicio en Ausencia y entiende que podría obtener, además, un voto favorable del recinto para su proyecto de Ficha Limpia, el miércoles, en un paso que buena parte de la oposición razonable y dialoguista ve con dudas y sospechas por entenderse que podría tratarse de un guiño a Cristina Fernández de Kirchner en el Senado para conseguir, a cambio de hacer caer este proyecto que claramente perjudica a la ex vicepresidenta, el apoyo para la llegada de Ariel Lijo y de Manuel García Mansilla a la Corte Suprema de Justicia. Así lo desplegó, con todas las letras durante el debate en comisiones, el diputado de la Coalición Cívica, Juan Manuel López.

En medio de todo, Milei demuestra, haciéndose el sota, que puede hacer daño en el plano del juego político rosquero. No sólo ha conseguido fragmentar a kirchnerismo agudizando la crisis interna y propia que tiene la fuerza que conduce Fernández de Kirchner, sino que avanza sobre las filas del PRO absorbiendo dirigentes, deglutiendo el partido del ex presidente Macri. Claro que tiene la inestimable ayuda de Bullrich la que antes de firmar el pase definitivo hacia La Libertad Avanza va sumando dirigentes a su causa día tras día. Y en su mira aparece la vice mendocina Hebe Casado, todavía integrante del PRO “hasta que me echen”, dijo a LV10 la semana pasada, pero a punto de formar parte del partido del presidente.

Cornejo en Mendoza se prepara para otra batalla electoral, de las últimas ya cerca del retiro de la gobernación. Parece convenirle y beneficiarlo el coqueteo de Casado con Bullrich y particularmente con Karina Milei, El Jefe. Un acuerdo electoral con Milei podría significarle lo más útil y beneficioso. Si tomara al liberalismo como la oposición a vencer lo induciría a un error grave el pelear y enfrentarse contra un adversario al que no se le ve el ejército, ni los barcos, ni los aviones, y que parece no tener generales tampoco ni capitanes ni comodoros que lo guíen y conduzcan, pero del que se sabe cuenta con “Las Fuerzas del Cielo”: están ahí, en al menos seis de cada diez personas que caminan por la calle. Increíble. Ya no un síntoma, ni indicio, ni sospecha, sino más bien toda una marca distintiva de un tiempo nuevo.