Hace unos días, Luján de Cuyo sorprendió con una modificación en su sistema de recaudación tributario al disponer la eliminación de un plumazo de 64 diferentes tipos de tasas. La más importante resultó ser la que se percibía por la habilitación de un comercio. Cinco meses atrás, Godoy Cruz lanzó un amplio incentivo para las inversiones en su territorio: todo aquel empresario que ampliara sus instalaciones y/o decidiera sumar trabajadores o se radicara en el departamento, obtendría de inmediato una exención en el pago de tasas por el lapso de dos años. Mucho más atrás en el tiempo, en enero del 2021, en San Carlos se daba un paso que se creía trascendente para estimular las inversiones y el arraigo de las pymes, cuando se eliminaban 60 tipos de tasas porque la Comuna se encontraba, según se decía desde el Ejecutivo, en condiciones de hacerlo y por contar con un comportamiento equilibrado de los recursos. Lo propio han dicho en Luján de Cuyo y lo mismo se afirma en Godoy Cruz.

Así como la administración de Cambia Mendoza, cuando alcanzó el poder a fines del 2015, comenzó un proceso de reformulación del manejo y la administración de los recursos, bajando el gasto y, sobre todo, la planta de personal público, a la par iniciaría un camino hacia la disminución de la presión impositiva al reducir la alícuota de Ingresos Brutos en muchas actividades: llegó a cero por ciento en algunas agrícolas e importantes estímulos para el caso de lo que se considera la economía del conocimiento. A poco de andar ese proceso promisorio y virtuoso, fue dejado de lado y, si bien las alícuotas no se incrementaron, sí se frenó la pendiente descendente que se había iniciado. Todo detrás de un mayor incentivo a las empresas para mantener su nivel de actividad y generación de empleo.

Tanto las experiencias de los municipios, que en cantidad son muchos más que los casos de Luján, Godoy Cruz y San Carlos, tomados aquí como meros ejemplos, como la emprendida por la Provincia, no han movido la aguja en el exclusivo ámbito de la creación de empleo. Sí han sido medidas y decisiones que, cuando menos, evitaron agravar la crisis. Mendoza no crece ni genera empleo privado, formal y de calidad desde una docena de años. De no haber existido este puñado de estímulos, a los que se suman los programas de la actual administración, tales como el Mendoza Activa, Enlace y Enlazados, la debacle habría sido mucho más dolorosa y grave de lo que es.

Quienes han seguido la película de todos estos procesos de estímulos impositivos y de tasas municipales coinciden en que no han tenido gran impacto. En Godoy Cruz, por ejemplo, desde que se lanzó el programa de exención de 100 por ciento para las inversiones hubo muchas consultas y muy pocos hechos concretos de toma de beneficios. Lo atribuyen a la quietud y el estancamiento que padece el país y a los constantes problemas de índole monetaria con las fluctuaciones del dólar, con la variedad de tipos de dólares existentes y con la incertidumbre general. “Los empresarios, chicos, grandes y medianos, salvo excepciones, prefieren no arriesgar nada. Eso es lo que está pasando”, describieron desde Godoy Cruz.

Para el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), de la Fundación Mediterránea, los niveles de empleo total tanto en Mendoza como en el país ya superaron los niveles de la prepandemia, pero con un comportamiento diferente. Según Gustavo Reyes, en Mendoza están por arriba de 7 por ciento, mientras que en el país (promedio) por arriba de 9 por ciento. Pero, el dato que hay que seguir es el del empleo formal privado. Dice Reyes que la Provincia no se ha recuperado de la pandemia en ese sentido. Es decir que tenemos menos empleo privado formal que antes de la pandemia. Pero en el país ese rubro ya está por arriba, superando la crisis que dejó el parate por el coronavirus: se ubica en 2 por ciento.

¿Y qué está pasando en Mendoza, entonces? Según el INDEC el desempleo cayó casi dos puntos, ubicándose, según el último registro del segundo trimestre del año, en 5,6 por ciento. Reyes explica que lo que ha sucedido es un incremento del empleo informal, con menor salario y menor calidad. Y en Mendoza la desaceleración en el crecimiento del empleo total (público y privado formal) en el segundo trimestre ha sido más pronunciada respecto de lo que sucedía en el primer trimestre.

El Ieral ha advertido que hay menos gente buscando trabajo, por una mezcla entre que no consigue lo que busca o a lo que puede acceder y por desaliento. A nivel país, de acuerdo con los datos oficiales del INDEC, 6 de cada 10 personas que salen a buscar trabajo, no lo consiguen. Hay otras razones que han comenzado a explicar este fenómeno y tienen que ver con el nivel de capacitación y formación de la gente desocupada que quiere y necesita trabajar. Se está dando el fenómeno de que los nuevos empleos requieren de competencias que no todos los desocupados tienen. Y el trabajo de menor calificación se está dando en la dimensión de la informalidad. Otro aspecto a tener en cuenta es el del subempleo que se da en las personas que no superan las 35 horas semanales de trabajo. Quieren más trabajo o mejor, pero tampoco lo encuentran. El desempleo en Mendoza casi duplica al que se da en la Nación: de 14 por ciento en la provincia contra el 8 por ciento a nivel país. La síntesis da cuenta de que mejoran los números del desempleo, con un crecimiento de la informalidad y un aumento leve del empleo formal, todo con salarios bajos o por debajo de la media nacional en gran medida, lo que explica con brutal simpleza por qué la pobreza se resiste a retroceder, ya no sólo en Mendoza, sino en todo el país, claramente.