El gasoducto que llevaba el nombre del ex presidente y ahora se denomina Perito Moreno.

El nivel de hartazgo y capacidad de resistencia de la sociedad frente al drama integral que afecta a los argentinos pareciera estar en un punto de colapso. Los sondeos más serios así lo reflejan. Sin embargo y como contrapartida el potencial del país para revertir la situación y comenzar, cuanto menos, a frenar la decadencia marcha en sentido inverso al desánimo.

¿Cómo es esto? Que si se hacen más o menos bien las cosas desde la próxima administración nacional en adelante, las oportunidades que están ofreciendo lo que se denominan o se identifican las razones productivas objetivas que aparecen, permitirían el cambio de dirección que hoy le apunta a una debacle total.

El litio, el gas, el petróleo, la finalización del período de sequía y su particular efecto en el núcleo cerealero del país para lo que viene, sumado a las ventajas objetivas que se esperan comience a ofrecer el nuevo gasoducto que parte de Vaca Muerta aflojando con su producción la presión y tensión sobre las reservas inexistentes que se requieren para la importación de energía, conforman ese bloque de factores esperanzadores que están viendo algunos economistas de cara al futuro inmediato que, bien gestionados sobre la base de una conducta continua y sostenible en el tiempo, serán la llave para un principio de soluciones básicas. Uno de esos especialistas que comulga con tal visión es Diego Bossio, un conocido de los mendocinos de la época en la que fue funcionario de Celso Jaque, para pasar luego al ámbito nacional conduciendo la Anses, ser parte del Banco Hipotecario, del BICE, legislador nacional y hoy uno de los animadores detrás del cordobés Juan Schiaretti detrás de un nuevo modelo para el país. La consultora que fundó, Equilibra, junto a Martín Rapetti, Lorenzo Sigaut Grabina y otros, abona la teoría de que partiendo de una serie de transformaciones y reformas clave, que van desde las constitucionales, pasando por una revisión completa de la carta orgánica del Banco Central junto a nuevas medidas legislativas básicas de forma y de fondo, conformarían ese grado de confianza que buscan los capitales destinados a la inversión que hoy no existen.

La campaña electoral camino a las PASO deambula por un terreno en donde la desconfianza y la apatía general son el común denominador. El rechazo al gobierno en el orden del 70 por ciento y el desplome al 24 por ciento en el índice de confianza del consumidor sobre la administración, están dando paso a esa especulación cada vez más cercana y concreta de que se avanza hacia un cambio de dirección. ¿Se podría decir un cambio de color político? Es lo que no se sabe y es lo que comenzarán a develar las PASO del 13 de agosto.

El alto nivel de negatividad social y generalizado hacia el oficialismo no asegura que Sergio Massa, por caso, quede fuera de carrera. El candidato del gobierno hoy podría estar conteniendo a buena parte de esa visión conservadora del votante común argentino –parte de la que no se tiene certeza de su dimensión real– que bien se desilusionó y mucho con el kirchnerismo, de la misma forma se permitiría ser seducido en parte por el volátil, difuso y muchas veces inclasificable ministro de Economía.

La oposición, en particular Juntos por el Cambio, se prepara para capitalizar el malestar y ese reclamo de salida que se demanda. Bossio, que visitó Mendoza junto al compañero de fórmula de Schiaretti, Florencio Randazzo, acompaña el análisis económico que ha venido realizando la consultora, con el social y político. La decisión de cambiar por otra cosa de lo que se está haciendo es lo que está predominando, dicen. Y en ese sentido, los opositores que están compartiendo un espacio común y diverso a la vez, como Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y el propio Schiaretti desde el peronismo cordobés el que intenta hacer pie también en Mendoza, ponen fichas a la supuesta caída en las encuestas del libertario Javier Milei.

Ese conservadurismo como parte de las particularidades del votante del que se habla un poco más arriba, y que bien podría beneficiar en parte a Massa también, es el que va aflorando a medida que se acerca la fecha de las elecciones. Mientras eso sucede, las visiones extremas se van diluyendo y crecen las del espacio opositor convencional, hoy identificado en esa maqueta de colores y visiones que están ofreciendo los referentes del PRO con sus aliados radicales y lo que representa el cordobés, aunque por ahora de manera incipiente.

Los peronistas no K, los cordobeses y de los que pueden quedar en Mendoza, llegaron a la provincia con una mirada que los distingue sobre el resto: el acuerdo trunco que buscaron con Rodríguez Larreta para sumarse a Juntos por el Cambio los condujo a idear una estrategia distinta. Entienden que hay dudas sobre el jefe de CABA y no saben muy bien cómo operará e influirá en Mendoza, especialmente, el hecho de que Bullrich haya elegido a Luis Petri como su compañero de fórmula, quien osó enfrentar a Cornejo, el que lo hiciera con éxito y el que lo obligara a introducir modificaciones al discurso electoral y de alguna manera también al paquete de nuevas medidas con las que el ex gobernador ha venido trabajando para un eventual nuevo período. ¿Se bancará sin más Cornejo que Bullrich se haya hecho acompañar por Petri? Es la pregunta que, con cierto grado de intriga, Schiaretti, Bossio y compañía hoy se hacen, detrás de una porción del voto que está en juego el 13 de agosto.

En un sentido más amplio y general, tomando como punto de partida el escenario con el que se encontrará el próximo gobierno, aquellas oportunidades por caso, quien suceda a Alberto Fernández –creen en Equilibra–, deberá encarar un plan de estabilización de la economía poniendo desde el inicio mismo las cuentas en orden. Claro que todavía es incierto el resultado de las negociaciones de Massa con el FMI. Pero descartan que se llegará a un acuerdo luego de que el FMI se garantice que con los recursos que liberará se le harán los pagos correspondientes. En Equilibra dicen que lo que demora el cierre del acuerdo es la demanda de Massa a que se le adelante los fondos al país, a lo que el organismo se niega en medio de la coyuntura: la duda es que esos fondos terminen financiando la campaña electoral hacia octubre. Y se descree, claro, de la existencia de esa campaña antiargentina que según Massa se lanzó desde la oposición para que el FMI no pacte con la Argentina: “Le apuntan a quienes le permitieron votar en el Congreso el nuevo acuerdo, mientras los propios candidatos que tiene Massa son los que siempre se opusieron a esa firma. Si hay quienes no quieren un arreglo, están alrededor del propio Massa”, afirman.