Comenzó a ser construido el 13 de abril del 2018 y al 15 de mayo del 2020 se declaró oficialmente terminado. Hoy viernes 26 de marzo debía recibir a las selecciones de Argentina y de Uruguay por la quinta fecha de las Eliminatorios Sudamericanas rumbo al mundial de Qatar 2022, un choque futbolístico siempre electrizante, un clásico del Río de La Plata, que fue suspendido sin fecha por la Conmebol, luego de que, en Europa, los clubes se negaran a ceder a los jugadores que se desempeñan en sus clubes. El estadio Único Madres de Ciudades no sólo es el más moderno del país, sino que resultó ser el más caro de todos los que se han levantado en los últimos tiempos, con una inversión de 1.500 millones de pesos realizada por la provincia en la que está localizado, Santiago del Estero, de las más pobres de Argentina, donde 45,3 por ciento de su población subsiste en situaciones casi límites.

Santiago del Estero es una de las diez provincias del norte argentino, a las que se ha sumado recientemente la vecina San Juan, que han sido beneficiadas con un nuevo sistema de promoción económica que comenzará a tener vigencia del 1 de abril en adelante y por el término, en principio, de tres años. El beneficio para estos estados se representa en fuertes disminuciones de las cargas patronales para las empresas que durante el período en el que rija el premio fiscal contraten nuevo personal para sus plantas, en blanco y debidamente registrado. Las reducciones en los aportes van desde 70 por ciento a 35 por ciento, para el caso de que los contratados sean varones, y alcanzan 80 por ciento para el primer año del sistema en el caso de que los nuevos empleados sean mujeres, travestis o transexuales.

El ejemplo de Santiago del Estero no es caprichoso. Allí se combinan las necesidades reales de la ciudadanía con una economía alicaída, sin proyecciones, pese a los recursos sin explotar de los que goza, con un sistema político siempre en las mismas manos, que domina a su propio placer un caudillo que suele perdurar en el tiempo, encaramado en el poder, hasta que cae en desgracia por el hastío popular o por el surgimiento de otra casta que lo termina desalojando. Hoy es conducida por el radical K Gerardo Zamora, quien ha alternado el gobierno con su esposa, Claudia Ledesma Abdala, actual presidenta provisional del Senado nacional, secundando a Cristina Fernández de Kirchner, la vicepresidenta de la Nación. El modelo de Zamora es similar al que lideró el recordado patriarca santiagueño Carlos Tara Juárez, el dueño del poder absoluto en esa provincia por más de 50 años, gobernador por cinco períodos y constructor, junto con su esposa, Marina Nina Aragonés, de una verdadera dinastía que recién vino a desmoronarse en el 2004, cuando la provincia fue intervenida tras el brutal asesinato de dos personas, que se conoció como “el doble crimen de La Dársena”.

En Santiago del Estero, como en Formosa, como ha sucedido en Catamarca por muchos años y en Tucumán hasta poco tiempo atrás, los problemas que se padecen son, obviamente, estructurales y de largo tiempo atrás; son económicos y también culturales, y la supervivencia de las personas, en general, depende pura y exclusivamente de la asistencia del Estado, en particular, de la Nación. Hoy, esas provincias, las diez que constituyen el Norte Grande, han sido, una vez más, promovidas económicamente por un programa especial y focalizado para que las empresas allí radicadas generen empleo. Promediando los 70 y hasta entrado el nuevo siglo, muchos de esos mismos estados fueron beneficiados con otra promoción industrial que el Gobierno central justificó como una suerte de “reparación histórica” por el retraso en infraestructura, de servicios y de atención que padecieron durante mucho tiempo. Hasta el gobierno de Mauricio Macri, entre el 2015 y el 2019, tomó a todo el Norte Argentino como una suerte de bandera de reivindicación que, sin embargo, nunca fue izada, cuando anunció un pomposo programa de inversiones que llamó Plan Belgrano y por el que se prometió destinar más de 40.000 millones de pesos en nuevas rutas y mejoras logísticas que no pasaron de los papeles en los que alguna vez fueron diseñadas. Una combinación de relato, de posturas populistas, de promesas grandilocuentes e incumplidas, claro está, y de mucho parche y de arreglo superficial, de mampostería, de poco vuelo y por poco tiempo.

El sistema de coparticipación federal de impuestos, cuando fue actualizado en los 80, buscó también pagar una deuda con la mayoría de los estados más vulnerables del país. Con el paso del tiempo, el régimen acentuó las inequidades con otras regiones y otras provincias, en particular, las del centro del país. Pero, el sistema no logró mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, como tampoco lo han hecho los envíos de las partidas no automáticas, aunque sí han dejado al descubierto que, por habitante, las provincias hoy nuevamente promovidas fiscalmente reciben muchos más recursos que las no beneficiadas. En la lista de las perjudicadas claro que aparece Mendoza, entre otras. Estados que, independientemente del color político que las ha gobernado, siempre han dejado expuestas sus quejas en el Gobierno central por los desequilibrios que se suelen producir desde lo económico y más en tiempos de crisis, como ocurre en la actualidad.

Al 5 de enero y con datos oficiales, La Rioja era la provincia que más recursos per cápita recibía enviados o distribuidos por la Nación. Por cada riojano, aquella provincia recibió más de 32.000 pesos contra los 3.800 que llegaron a Mendoza por cada ciudadano mendocino. Lo mismo con Formosa, que recibió 12.500 pesos por habitante; Catamarca, 10.800; Chaco, 10.100; San Juan, 8.800; Tucumán y Santiago del Estero, 8.700; Misiones, 8.000; Jujuy, 7.900; Salta, 6.200 y Corrientes, 6.100 por habitante.

Ni la coparticipación ni tampoco el envío de las partidas no automáticas, menos los regímenes de promoción industrial y económica que se han ideado y lanzado sobre esas provincias a lo largo de los últimos años han logrado sacar del ostracismo a provincias ricas en recursos naturales, lejos sí de los grandes centros de consumo más importantes del país y de los logísticos que permiten el comercio con el resto del mundo. Pero, no menos favorecidas que otras provincias, como Mendoza, La Pampa, San Luis y otras, por fuera de las consideradas privilegiadas y que forman parte de la Pampa Húmeda.

En verdad, la reivindicación definitiva del Norte no parece que se encuentre por la vía de los programas temporales como las promociones específicas, sistemas que más que beneficiar a quienes van dirigidas, perjudican a sus vecinas no alcanzadas con los incentivos. Se trata de dar vuelta el país como una media y empezar otra vez, en principio, por un nuevo sistema impositivo que cambie las reglas de juego, que tenga en cuenta, claro está, las particularidades de cada una de las regiones y que premie, por sobre todas las cosas, el empeño, el sacrificio y el esfuerzo de sus habitantes, además de un perfil emprendedor y tenaz.