Este chisporroteo allá arriba no alcanza a los que están en negocios por todo lo construido entre ambos países en todos estos años.”

La frase pertenece a uno de los especialistas que mejor conoce la relación comercial entre Argentina y Brasil y particularmente entre Mendoza y Brasil. Llegó casi al final de la conversación, después de hablar de política, logística, energía, corredores bioceánicos y de las oportunidades que todavía ofrece una integración que lleva décadas consolidándose. Sin embargo, bien podría haber aparecido al principio. Resume bastante bien el momento que atraviesa una relación bilateral sometida, una vez más, a la tensión que generan Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva cada vez que uno habla del otro. Hace tiempo que, en Mendoza, los empresarios que viven del comercio tanto importador como exportador reclaman un cambio en esa matriz que marca la economía de la provincia, porque ven que un desbarajuste macro, especialmente político y diplomático, podría hacerles caer el andamiaje en el que están apoyados. Pero no hay caso, Mendoza casi es Brasil dependiente, al menos por ahora y se verá muy adelante en el tiempo.

No es que el episodio carezca de importancia. Milei volvió a cruzar la frontera para participar en San Pablo de un acto político del bolsonarismo encabezado por Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, hoy con prisión domiciliaria tras haber sido condenado por su participación en el intento de golpe contra las instituciones brasileñas. Desde allí eligió nuevamente el agravio contra Lula. El mandatario brasileño, fiel a la estrategia que mantiene desde que el libertario llegó a la Casa Rosada, respondió con el mismo desdén de siempre: “¿Quién es ese tipo?”, dicen los reporteros brasileños que respondió cuando lo consultaron sobre la andanada en su contra. Ninguno parece dispuesto a bajar el tono de una pelea que hace tiempo dejó de ser solamente ideológica para transformarse también en una cuestión personal.

La inquietud aparece casi de inmediato entre quienes viven del comercio exterior. No tanto por los insultos en sí mismos como por lo que representan. Brasil no es un país más para la Argentina y mucho menos para Mendoza, como está dicho. Es el principal socio comercial de ambos.

Y no es para menos cuando se consultan los números. Uno de cada cuatro dólares que Mendoza obtiene de sus exportaciones tiene como destino el mercado brasileño. La provincia vende al exterior entre 1.500 y 1.600 millones de dólares al año y unos 409 millones corresponden a operaciones con Brasil, el equivalente al 26 por ciento del total. Muy por detrás aparecen Estados Unidos, con el 19 por ciento; Reino Unido, con el 7 por ciento; Chile, con el 5 por ciento; España y Canadá, con el 4 por ciento cada uno, y México, con el 3 por ciento.

¿Qué compra Brasil en Mendoza? Básicamente productos primarios y manufacturas de origen industrial. Ajo, por encima de todo; vino, frutas frescas, frutas secas y procesadas, aceite de oliva y otros productos que sostienen buena parte del entramado exportador mendocino. A escala nacional ocurre algo parecido. Brasil continúa siendo el principal socio comercial de la Argentina, con un intercambio que supera los 30.000 millones de dólares anuales.

Las diferencias ideológicas ayudan a entender el enfrentamiento entre Milei y Lula, aunque difícilmente alcancen para explicarlo. La relación entre ambos venía averiada desde bastante antes de que el libertario llegara al poder. Lula decidió involucrarse de manera explícita en la campaña presidencial argentina de 2023 respaldando a Sergio Massa. Milei nunca dejó pasar aquella intervención y desde entonces la distancia política terminó convirtiéndose también en una enemistad personal.

La pregunta, entonces, es otra. ¿Puede semejante enfrentamiento afectar una relación diplomática de más de doscientos años, atravesada por gobiernos democráticos y dictaduras, por etapas de acercamiento y de desconfianza, y que encontró uno de sus momentos fundacionales en 1985, cuando Raúl Alfonsín y José Sarney decidieron dejar atrás viejas rivalidades para comenzar a construir el camino que años más tarde desembocaría en el Mercosur?

Los actores de esa relación comercial creen que no.

Eso no significa que miren el conflicto con indiferencia. Todo lo contrario. Saben que cualquier ruido entre los dos principales socios del bloque merece atención. Pero también entienden que los negocios suelen tener una lógica bastante diferente de la política.

En la Casa de Gobierno mendocina prefieren mantenerse al margen de la controversia. Consultados sobre el episodio, desde el área económica resumen la posición oficial con una frase tan breve como elocuente: “Negocios son negocios”. Lo mismo que decir que no pasará nada relevante.

Una postura distinta adoptó el intendente de la Ciudad, Ulpiano Suarez, quien cuestionó públicamente los insultos de Milei hacia Lula, marcando una diferencia con el silencio que predominó en el oficialismo provincial, hoy alineado política y electoralmente con el presidente a partir del acuerdo sellado por Alfredo Cornejo.

El especialista consultado para esta columna tampoco minimiza el conflicto, aunque se inclina por pensar que el intercambio comercial difícilmente se vea alterado.

Este chisporroteo allá arriba no alcanza a los que están en negocios por todo lo construido entre ambos países en todos estos años.”

Y enseguida agregó una reflexión que probablemente pocos funcionarios argentinos expresarían públicamente: “Lo que dice Milei de Lula lo piensa medio Brasil, sobre todo el sector empresario, la industria y los que se la pelan. La otra mitad también cree que los políticos son corruptos, pero ni leen ni se informan, sólo reciben las ventajas del modelo. Así que, para resumir, no van a cambiar las cosas, los que hacen negocios no mueven sus decisiones por este tiroteo. Ambos países se necesitan. Brasil, sobre todo por la energía, el gas y, en el futuro, los fertilizantes, el potasio, la logística y los corredores bioceánicos.”

La mirada también alcanza a Mendoza. Si bien el paso Cristo Redentor continúa siendo la principal conexión con el Pacífico, el experto observa los avances logrados para consolidar el corredor que atraviesa Paraguay y Jujuy hasta Antofagasta, una alternativa logística que Brasil sigue con especial interés.

Y cuando la conversación vuelve a la provincia, deja otra definición que ayuda a entender la profundidad del vínculo.

Es nuestro principal mercado; estamos ya muy entramados. Seguiremos yendo por turismo a Brasil y ellos seguirán viniendo a Mendoza y al país, porque los brasileros que viajan están de acuerdo con lo que piensa Milei.

Quizá allí esté la principal diferencia entre la política y la economía. Los presidentes pueden elegir el camino de la confrontación permanente y convertir cada encuentro en un nuevo capítulo de una disputa personal buscando beneficiarse cada uno en la disputa electoral que tienen por delante; ahora en octubre Lula y a fines del año que viene Milei. Los países, o los pueblos quizás para ser más preciso, en cambio, suelen moverse por intereses bastante más estables y de pura convivencia social. Después de más de dos siglos de relaciones diplomáticas, de cuarenta años de integración creciente y de un entramado comercial que beneficia a ambos lados de la frontera, cuesta imaginar que una sucesión de agravios alcance para desarmar lo que demandó décadas construir.