“Cuidar a Mendoza. Nadie puede hacerlo mejor. Nueva etapa, nuevas metas”, reza el spot de campaña que para las PASO lleva a Alfredo Cornejo como precandidato a gobernador, el más importante y por el que ha apostado en Cambia Mendoza el oficialismo al comando de la provincia. Su retador directo en la interna es el ex diputado nacional Luis Petri quien, con mucho menos presupuesto y presencia, ha logrado ser visible y estar bien presente en la discusión a fuerza de un discurso llano, preciso, claro y que va directo a la fibra íntima de las personas que, por una u otra razón, el Estado no las beneficia, no está con ellas directamente o, simplemente, se le ha convertido en un estorbo en medio del suplicio que significa sobrevivir en un país con todas las coordenadas alienadas.

Las PASO que se avecinan, ¿jugarán a favor del oficialismo y del favorito, Cornejo, en eso de conseguir volumen y una muestra de poder militante frente al peronismo o al ex socio Omar De Marchi y su La Unión Mendocina? Es obvio que dependerá del porcentaje de votos que consiga el espacio oficialista en su conjunto frente al resto, claramente; y de la distancia que Cambia Mendoza logre sobre su inmediato perseguidor que, según el oficialismo y sus encuestas (las únicas que en apariencia se están realizando de modo presencial cara a cara entre encuestador y encuestado), es un lugar que se está discutiendo entre un peronismo que viene en baja, con menos de 20 puntos de adhesión y La Unión Mendocina, que se habría estancado en los mismos niveles que el PJ.

La distancia entre Cambia Mendoza y sus seguidores, si todo en definitiva se resuelve como esos sondeos vaticinan, marcará a fuego y condicionará las generales. Además de constituirse en la encuesta real, el resultado operará como una primera vuelta electoral más que como una escala para ordenarles los candidatos a los frentes, a sabiendas de que La Unión Mendocina de De Marchi no tendrá una interna, pero sí su verdadero poder de fuego con vistas a la Gobernación; en otras palabras, al anochecer del domingo 11, De Marchi puede que conozca –como ningún otro de sus contrincantes, con alguna posibilidad y mucho antes– cuál podría ser el futuro y la suerte que le tiene preparada esta particularísima elección.

Y está claro que la lógica de funcionamiento de los candidatos y la estrategia manda que quien está arriba no debate ni se mete en los embrollos que producen sus competidores. Pero, entre todos, lo de Petri es cosa seria por su realismo y gran dosis de racionalidad. Lejos de revolear casas y policías para todos y todas, Petri le disputa al mismo oficialismo, del que no se ha despegado, políticas de gobierno que el tándem Rodolfo Suarez/Alfredo Cornejo no llevaron adelante o, si lo hicieron, como en el caso de la disminución de impuestos, puede que se quedaran en deuda o bien demorados.
Será interesante saber, después del 11, cómo reaccionará Petri frente a una derrota que pareciera descartada. Él asegura que, orgánico, pedirá a sus seguidores que se inclinen por la fórmula ganadora. Dice también que habrá sorpresas y que, según sus pronósticos, pasará ampliamente los dos dígitos en el porcentaje de sufragios a su favor.

“Vamos a dar una sorpresa, ya lo verán”, asegura un Petri que propone disminuir el gasto público, ajustando el costo de la política con menos movilidad, menos combustible, menos autos pagados por el Estado y menos celulares para unos 2.800 funcionarios y cargos políticos.

Ha reflotado, además, una idea del propio Cornejo que, sin razón ni explicación, parece haber quedado en el olvido, como una posible demanda ante la Nación por los efectos de la discriminación en el reparto de fondos por fuera de las partidas automáticas. Además de Cornejo, el diputado Lisandro Nieri ha hecho números y evaluaciones calculando que el quebranto para Mendoza oscila entre $16.000 millones a $18.000 millones por ese motivo, mientras que Petri va más allá, sosteniendo que el ninguneo nacional hacia Mendoza le ha impedido a la Provincia unos $25.000 millones, sólo calculando el promedio de lo que se distribuye. Su ejemplo más contundente es el que sostiene que mientras La Rioja recibe $95.000 per cápita, Mendoza, $6.000. Son datos harto conocidos, pero, no por eso, menos sorprendentes cada vez que se mencionan.

Son asuntos a tener en cuenta y con seriedad. La comparación –para algunos, odiosa, pero ciertamente provocadora– del costo de las viandas que reciben los presos de las cárceles de la provincia con la de los chicos que almuerzan en las escuelas, muestran una situación que tiene que ser corregida y no para que los presos, unos 5.800 entre todos los penales, coman menos o viandas de menor calidad, sino para que la que reciben los chicos, cuanto menos, sea revisada.

Petri ha corroborado que mientras a los penales se ha enviado una porción de pollo asado con fideos tipo tirabuzón, huevo y una flauta de pan, los chicos han recibido una tortilla de papas con ensalada de repollo. Ocurrió el 17 de abril. Según la nutricionista que analizó ambas porciones, los presos consumieron 1.151 calorías, mientras que los chicos, 424, además de un estudio un poco más minucioso sobre las proteínas para ambos casos, desfasadas y lejos de las necesarias tanto para uno como para otro.

Petri ha metido en la discusión electoral otra comparación odiosa para el oficialismo: Neuquén y San Juan, por hache o por B les sacan más jugo a sus recursos que lo que hace Mendoza con los suyos. Por eso, lo que dice Petri –y desde el lugar desde donde lo hace tendría que ser tomado en serio por sus rivales en el oficialismo; unos rivales y un oficialismo que, tras las PASO, quizás se vean obligados a cambiar aquel eslogan de “Cuidar Mendoza”– de hacerlo mejor que nadie y que otras etapas están por venir; no por deficientes, sino por insuficientes.