En la intrincada danza de la política argentina, las provincias han surgido como los verdaderos protagonistas, desafiando las olas del poder central. Desde las raíces de nuestro constitucionalismo hasta las complejidades de las elecciones modernas, las voces provincianas han tejido la trama de nuestra historia política.

Para nosotros y para nuestra posteridad…

El constitucionalismo argentino, que comenzara su ciclo de consolidación con el proyecto de Alberdi, y al cual Mendoza tuviera el alto honor de secundar en primera línea con su carta fundamental provincial, abrió el ciclo de diseño de lo que se denominó la unidad federativa.

La organización nacional constitucional tuvo lugar desde las fuerzas provinciales que preexistieron a este estado nacional.

La lucha iluminista y revolucionara de mayo, entre otras cuestiones, fue el aglutinante que enmarcó el proyecto que surgiría como superador de los antagonismos que, desde 1810, y trasvasando los sucesos de 1816, atentaban contra la consolidación de las ideas republicanas.

En el devenir, frente a los liderazgos personalistas del poder central, representado a lo largo de la historia por Buenos Aires y luego por el estado nacional, el antídoto contra la desintegración, que permitiera la consolidación del proyecto de Alberdi, fue, ante todo, la renovación del pacto entre los poderes locales.

Tras la derrota de Rosas en Caseros, el llamado al acuerdo que se materializaría en San Nicolás de los Arroyos el 31 de mayo de 1853, abrió esta posibilidad, encabezada por “los infrascriptos Gobernadores y Capitanes Generales de las Provincias de la Confederación Argentina”.

Luego en Tucumán, los representantes locales consolidaron y proyectaron su poder político redefinieron competencias y reorganizaron las milicias.

El acuerdo de las fuerzas locales frente al poder central, forjo nuestra constitución de 1853 y la creación de un orden institucional y campeo sin el poder concentrado porteño hasta1860.

Es que las idiosincrasias locales, sus ricas diferencias y características, la variable regional, siempre han estado allí y seguirán estando.

En el complejo entramado del sistema federal, las provincias fueron las incubadoras de la democracia y hoy como ayer, los gobernadores emergen como pilares fundamentales de la política local con significativo poder, jugando en una danza delicada y desafiante frente al embate del poder central.

El gran desafío que tenemos por delante es el de resistir a los encantos de la atracción nacional y sus intentos de plataformización al servicio del interés central.

Lo importante será la capacidad para preservar la identidad y diversidad local y el equilibrio entre la unidad nacional y la autonomía regional.

En el embarullado contexto político argentino, ha quedado claro que los titulares de la soberanía saben votar distinguiendo claramente los niveles de gobierno por encima de todo apego a las coherencias de los sellos partidarios.

En dicho entendimiento, la alianza de Juntos por el Cambio (JxC) se convirtió en la fuerza que tendrá mayor cantidad de gobernadores a partir del 10 de diciembre, pasando de gobernar 4 a un total de 10 provincias.

Sergio Massa, quien fuera el candidato más votado el pasado 22 de octubre, habrá sin embargo reducido su poder territorial, pasando de 16 distritos a 9 con igual signo político. Y Javier Milei, contrincante de Massa para el balotaje, no gobernara ninguna provincia.

Un país fuerte se construye desde abajo hacia arriba, dando poder a las provincias y respetando su autonomía.  La descentralización efectiva no solo es una opción, sino una necesidad para construir una democracia sólida y responder a las necesidades diversas de nuestras regiones.

En este contexto político actual, y conforme expresa el Preámbulo del texto dado a la luz por dicho medio, es necesario, hoy más que nunca reforzar el pacto de gobernadores, para nosotros y para nuestra posteridad, y a efectos de consolidar la paz y el bienestar general como bandera de vida.

Gane quien gane, las provincias y sus mandatarios concentraran parte del poder político institucional de la federación argentina.

Confio en la sabiduría de los mendocinos y mendocinas para tomar decisiones informadas y ejercer su derecho al voto con libertad y compromiso en el balotaje que se avecina.

La responsabilidad del gobierno local que eligieron será, antes y después e independientemente de quien gane la presidencia, construir el mejor futuro posible, renovando el pacto republicano con otras jurisdicciones y dando pelea desde el interior hacia el poder central.

La historia de Argentina está tejida con hilos de valentía y autonomía provinciana. En el escenario político actual, los gobernadores se levantan como los guardianes de nuestra identidad local, recordándonos que las verdaderas soluciones a nuestros desafíos nacionales a menudo se encuentran en el corazón mismo de nuestras provincias. En esta elección y más allá, las provincias no deben subestimarse; son los cimientos sobre los cuales se construye un país fuerte y unificado.

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(*) La autora es senadora de Cambia Mendoza.