Esfumados los efectos de la pandemia en gran medida y luego de que el país comenzara a moverse tras el letargo y el encierro de la cuarentena eterna, el gobernador Rodolfo Suarez acuñó el término Modo Mendoza para diferenciar su gobierno del de la nación, mucho más de que lo estaba y está políticamente. La administración de Alberto Fernández había decidido cerrar la economía casi al cien por ciento, también el funcionamiento de las escuelas y restringir a la máxima expresión el movimiento de las personas en las calles. Usando las prerrogativas constitucionales y las facultades del Ejecutivo nacional, el presidente ordenaba una emisión de pesos a ritmo alocado y de magnitudes históricas para asistir con subsidios a las empresas que debían pagar los salarios y a los ciudadanos que, por culpa del parate, veían reducidos sus ingresos o perdidos en un cien por ciento. Las provincias, en cambio, quedaban supeditadas a esa política nacional de beneficencia y magnanimidad total detrás del populista, y cínico a la vez, eslogan “El Estado te cuida”.

Con el Modo Mendoza, Suarez sacó pecho en la escena nacional: dentro de las facultades y resquicios de acción propia que le permitían los sucesivos DNU que firmaba Fernández cada quince días, la Provincia mantuvo algunas actividades económicas sin cambios ni prohibiciones; lo propio ocurriría con los horarios del comercio y la administración; de a poco se fueron haciendo menos restrictivos y, por ende, más laxos los tiempos para el entretenimiento y los períodos de los toques de queda (que en Mendoza sólo rigieron durante las semanas de la cuarentena más dura), como buena parte de los servicios públicos, entre ellos, el transporte, claro está. Pero, si hubo un aspecto por el que se hizo notar la Provincia fue por la vuelta a clases regulares, lo que le provocó al Gobierno un duro enfrentamiento con el sindicato docente, cuya dirigencia siempre se mantuvo proclive a mantener las clases a distancia, como en casi todo el territorio nacional. 

Esas medidas de corte coyuntural y cercanas en el tiempo, más el recuerdo –como efecto residual positivo más que nada– de cómo se fue construyendo Mendoza a lo largo de los años, convirtiendo un desierto sin agua en los tres grandes oasis productivos y económicos que la componen, sobre la base del esfuerzo, el sacrificio y el emprendedorismo, volvieron a poner en valor aquello del Modo Mendoza con el que Suarez ganó visibilidad en la nación. Tanto es así que Patricia Bullrich, titular del Pro nacional, de paso por la ciudad en las últimas horas y lanzada en una campaña no oficial todavía hacia la Presidencia de la Nación, ha dicho que buscará nacionalizar eso que se conoce como el Modelo Mendoza en el resto del país.

Sin embargo, el llamado Modelo o Modo Mendoza no sólo es todo aquello con lo que puede haberle sacado ventaja a muchas otras provincias y a la nación en su conjunto. También va acompañado de una docena de años sin crecimiento ni creación de trabajo genuino. Y, si de cuestiones institucionales se trata, hoy más que nunca está en duda hacia dónde se dirigen los cambios de funcionamiento de su Corte de Justicia, por caso; y, en cuanto a ese clima de diálogo y alta civilidad que rodeó a las relaciones políticas y entre partidos, hay que decir que lejos han quedado aquellos años en los que se lograba trazar una política de Estado definida en aspectos centrales y se continuaba. 

En Mendoza, hace años que ese clima de buen diálogo institucional falla. Lo que ha afectado, claro está, el abordaje de los acuerdos mínimos entre la política, los empresarios, la cultura y la academia de alto nivel para sacarla del ostracismo y, con ello, por supuesto, hacer gala con aquello del Modo Mendoza.

Dentro de un país tomado por una economía en estado terminal y perniciosa en todo sentido, a Mendoza parece irle peor en varios sentidos. Eso también es el Modo Mendoza, aunque, por supuesto, la Provincia tenga cada vez una mayor dependencia de los aspectos macroeconómicos, de resorte absoluto nacional.

El último informe de coyuntura regional que ha elaborado el IERAL, confeccionado por los economistas mendocinos Gustavo Reyes y Jorge Day, da cuenta de las dificultades que aquejan a Mendoza y le impiden crecer, aun al escaso ritmo en lo que lo hace en algunos aspectos la nación en ciertos y determinados sectores.

“La recuperación económica pos COVID en Mendoza ha sido más lenta que en el resto de la nación”, arranca afirmando el trabajo. Comparando el primer semestre del año en curso con el mismo período del anterior, salvo el sector de la hotelería y los restaurantes, que ha crecido un poco más que en el promedio nacional, todos los demás están por debajo. El promedio de todas las actividades económicas para el primer semestre del año fue de 5 por ciento para Mendoza y de 7 por ciento en el ámbito nacional.

Mientras en la nación la actividad económica vinculada al movimiento turístico (hoteles/restaurante) creció 48 por ciento, en Mendoza lo hizo 51 por ciento. En la construcción, el aumento fue igual que el nacional (9 por ciento para ambos casos); para el comercio, la mejora fue de 6 por ciento en Mendoza y de 10 por ciento en la nación y la actividad financiera se comportó igual en ambas jurisdicciones (1 por ciento de aumento).

La industria, la minería y el agro tuvieron un comportamiento a la baja en Mendoza comparado con el nivel nacional de los tres sectores. El mayor decrecimiento se produjo en el agro, con 13 por ciento menos (en la nación cayó 5 por ciento). En Mendoza, la industria disminuyó 1 por ciento y la minería, 2 por ciento, pero en la nación la primera creció 7 por ciento y la segunda, 18 por ciento de un semestre al otro.

“Un factor clave ha sido la evolución de la masa salarial, neta de inflación. A nivel privado, su poder de compra disminuyó durante la pandemia y viene recuperándose gradualmente en el país, aunque todavía no alcanza los niveles pre-COVID. Como se ha mencionado anteriormente, la recuperación en Mendoza ha sido más lenta”, dice el informe del IERAL elaborado por Reyes y Day. 

El informe se ocupa, claro está, de las industrias tradicionales más importantes para Mendoza, como la vitivinícola y la petrolera. Y, en ese sentido, el Modo Mendoza no ha sido tan benévola con ellas, o bien se podría decir que el Modo País las tiró abajo. Como sea, se sabe que la actividad petrolera ha ido disminuyendo por el efecto imán de las inversiones que ha provocado la cuenca neuquina, en detrimento de los pozos maduros y de bajo rendimiento que tiene Mendoza. Y, respecto del vino, las exportaciones han sido afectadas por un dólar oficial retrasado, dicen los expertos en el texto. “Para entender mejor la implicación de un dólar oficial más barato, las exportaciones han disminuido 3 por ciento en dólares, pero 23 por ciento si se mide en poder de compra (en pesos netos de inflación). Ha habido una fuerte caída en cantidad (graneles genéricos básicamente). Los precios han mejorado, pero se han neutralizado con un dólar rezagado respecto de la inflación”, dice.

En síntesis, el Modo Mendoza claramente existe, pero a quien lo compra o lo adopta hay que advertirle que va acompañado de efectos no deseados, tanto de producción o factura propia como de factores externos, por supuesto.