En Guaymallén, a un precandidato a la intendencia que proviene del sector privado –hoy enfrentado fieramente al oficialismo, pero que supo ser parte de él hasta no mucho tiempo atrás–, la Municipalidad le ha ordenado el cese de actividad a una de las empresas que administra como represalia, en apariencia, por haber decidido mantener su candidatura en pie y seguir hasta el final de sus posibilidades. Consecuencias de la pelea descarnada: unas veinte personas, con sus familias detrás, con una espada de Damocles sobre sus cabezas desde unos cuantos días a esta parte.

En Las Heras, otro de los aspirantes a la intendencia y que hasta no hace nada también era parte del gobierno del departamento con el que se encuentra hoy a los palos, ha apoyado rabiosamente un proyecto presentado en el Concejo Deliberante para eliminar el famoso y polémico sistema de fotomultas que allí funciona y del que supo ser uno de sus auspiciantes cuando se implementó. Sin empacho alguno ni demasiadas explicaciones y razones, festeja el pedido de eliminación escribiendo en las redes sociales: “Una vez más demostramos que somos un equipo que prometemos y hacemos”. Ayer servía, hoy no.

También en Las Heras, su gobierno, aceptó reabrir la paritaria municipal y llamativamente sin chistar ni queja alguna, ha ordenado un incremento para los empleados del orden del 123%, desde diciembre pasado en adelante, incluyendo adicionales mensuales y hasta bonos extraordinarios según categoría y zona. Tal medida y otras de tinte populista y altamente demagógica, podría provocar un déficit presupuestario de más 1.400 millones de pesos de acuerdo con una denuncia que se hizo trascender profusamente desde las filas de la oposición a ese Ejecutivo; una oposición rabiosa, hay que decir por si a esta altura alguien anda algo distraído, que nació de la división del propio oficialismo. A todo esto, habría crecido tanto la planta de personas con la incorporación de contratados que se podría contabilizar en esta gran comuna del norte un empleado municipal cada 56 habitantes. Nadie crece tanto en la actividad privada como sí lo suele hacer el Estado en períodos prelectorales, con tan envidiable y llamativa facilidad.

Una de las fórmulas del peronismo, la vinculada a la corriente kirchnerista del movimiento, ha sorprendido a medio mundo lanzando una propuesta de campaña de tinte y humor menemista. Le llaman “La revolución de la vivienda”, y prometen construir 16 mil viviendas en sólo un período de gobierno si en caso los mendocinos llegaran a votarlos, para generar “un shock económico” tal del que no habría registro comparativo en la historia de la provincia. Impresionante. Mágica movilidad social y dignidad para todos, sobre la base de un crecimiento y desarrollo del tipo keynesiano, con un Estado arriba de todas las cosas, ahora sí interviniendo como Dios manda, ya van a ver.

Todos los aspirantes a la gobernación –con la excepción del oficialismo provincial–, y que se presentarán a las elecciones PASO del 11 de junio con el fin de alcanzar el 3 por ciento mínimo de los votos y obtener el derecho para competir en las elecciones generales del 24 de setiembre, han asegurado que de llegar al poder eliminarán de un plumazo y sin miramientos el ítem aula que puso en vigencia Cambia Mendoza en el 2016. Un adicional que, como se sabe, regularizó y contuvo las ausencias en el sistema educativo público estatal, las que habían alcanzado un 20% para reducirse, una vez en marcha la medida, al 5% de acuerdo con los estándares del sector privado. Guiños para todos lados parecieran surgir, menos para el lado de mejorar los climas que integran todo: los chicos, los padres, los contenidos, los docentes bien formados y calificados. No señores: vamos a empezar por el lado de que el ir o no ir a trabajar no sea relevante, porque por ahí no pasa la cosa. Muy bien.

Otro precandidato a la gobernación, ahora desde uno de los sectores internos de la coalición gobernante, ha dicho que está dispuesto a eliminar el sistema de lucha antigranizo aéreo por siembra de bengalas para destinar esos fondos a financiar la colocación de malla para que todos los productores de la provincia puedan contar con ella. El sistema antigranizo actual, el mismo que se ha mantenido como una suerte de política de Estado a lo largo del tiempo, estaría necesitando reformulaciones, correcciones, modificaciones. Pero de ahí a eliminarlo de un saque podría agravar la situación, más teniendo en cuenta que llevaría años y varios miles de millones de pesos cubrir el total de la producción con la malla. Una de las formas, conocida desde ya, para intentar capitalizar políticamente la bronca, la desorientación y la incertidumbre de los pequeños productores afectados.

Todo vale en la campaña electoral. ¿Realmente todo vale? Es cierto que todavía Mendoza no ha llegado a los niveles surrealistas por los que está transitando la misma discusión política en otras partes del país, en donde lo mínimo que ocurre, como el caso de San Juan y Tucumán, responde a la interpretación forzosa y engañosa de la Constitución para buscar la perpetuación en el poder. Pero en general, con una mirada más amplia sobre las noticias que llegan del resto de las provincias, no se está lejos de todo ese disparate que está ofreciendo el primer tramo de la campaña de cara a las PASO. Pero de seguir así, como ha empezado el debate alrededor de los temas propuestos, la provincia ya no tendría nada de qué preocuparse y menos en el esfuerzo que supone evitar caer en la grosería, en la vulgaridad y en la rusticidad con la que se está desenvolviendo el debate por el recambio institucional.

Muchas de las primeras ideas lanzadas en el inicio de la campaña se asemejan a un mamarracho, y esto sin incluir los modos y las formas que se están utilizando y a los que apelan los principales candidatos para expresar sus ideas y contrarrestarlas con las que vienen de enfrente. A esta altura del sistema democrático, cuando la democracia ha dejado ya una larga adolescencia para convertirse, como ya lo debería ser, en un adulto responsable, cuanto menos tendría que contener protagonistas y actores sofisticados, junto a los planes y proyectos. Todavía, claramente y por si hiciera falta decirlo, seguimos sin estar a la altura.