La dupla ganadora en la UNCuyo, Adriana García y Ana María Sisti.

Suponer que la reciente elección en el ámbito de la UNCuyo, en la que se eligió una nueva conducción con un explícito mensaje de cambio respecto de la línea que se venía sosteniendo durante los últimos doce años, constituye un adelanto de lo que inevitablemente ocurrirá en la elección gubernamental de la provincia el año próximo conduciría a un error de apreciación tan profundo como ignorar por completo ese resultado y el eventual impacto que podría tener, de manera indirecta, sobre el crucial comicio de 2027, en el que, evidentemente, se pondrá bajo examen todo un estilo, un modo y un proceso de gobierno iniciado por Alfredo Cornejo en 2015 y que él mismo habrá liderado cuando ese ciclo complete una docena de años.

El triunfo de Adriana García, identificada con el peronismo, pero respaldada además por la izquierda, el kirchnerismo y buena parte del anticornejismo que logró reunirse detrás de su candidatura, sí podría considerarse como una suerte de prueba de laboratorio para el oficialismo provincial si, llegado el momento decisivo de la elección gubernamental de 2027, persistieran las mismas condiciones de insatisfacción general que hoy atraviesan a una parte importante de la sociedad.

Como lo indica el manual argentino de elecciones, es el bolsillo el que suele marcar el pulso al momento de ingresar una boleta en la urna para decidir el futuro institucional de la Nación y de las provincias. Generalmente funciona de esa manera. Por eso, tanto en el gobierno de Javier Milei como en el de su socio provincial, Alfredo Cornejo, se pone el acento en la marcha de la economía, en la necesidad de que ésta exhiba signos de recuperación capaces de generar empleo y de ofrecer una perspectiva de mejora generalizada, tanto en el poder adquisitivo del salario como en la posibilidad de volver a planificar y hacer cuentas a futuro sobre una base más o menos estable.

El ámbito universitario, naturalmente, tiene sus particularidades. Sin embargo, todo hace suponer que la falta de recursos y el progresivo desfinanciamiento que ha sufrido en los últimos años, agravado probablemente durante la gestión de Milei, caló hondo en los claustros docentes y estudiantiles. No sorprende, en ese sentido, que el triunfo de García se haya consolidado en las carreras humanísticas, con docentes que viven exclusivamente de sus salarios universitarios y con estudiantes mayoritariamente identificados con visiones progresistas y, en muchos casos, con militancia política activa, cercanos a movimientos abiertamente críticos del modelo de ajuste impulsado por Milei y, por carácter transitivo, también de la conducción saliente de la universidad, representada hasta agosto por Esther Sánchez y Gabriel Fidel, el candidato derrotado.

Ambos, Sánchez y Fidel, radicales, terminaron convirtiéndose en el frontón sobre el cual impactó buena parte del descontento acumulado en una universidad marcada por la pérdida del poder adquisitivo de docentes e investigadores, por la falta de recursos para sostener áreas de investigación como las vinculadas al Conicet y por la crisis que atraviesa la obra social universitaria, el Damsu, otrora considerada entre las mejores prestadoras de la provincia. Tampoco sorprende, en cambio, que en las facultades vinculadas con las ciencias duras y las profesiones liberales la tendencia electoral haya favorecido a la conducción saliente. “Quien vive del salario docente votó en contra“, es la síntesis que elaboran quienes dejarán el control del rectorado en agosto próximo.

El otro aspecto que emerge del resultado electoral universitario es el de la propiedad de la derrota o, dicho de otro modo, a quién corresponde atribuírsela realmente, en un debate clásico en el que, como suele ocurrir, los responsables nunca aparecen con claridad en la superficie. Resulta llamativo que propios y extraños hayan comenzado a señalar al mismo Alfredo Cornejo como el verdadero padre político de la derrota. La oposición peronista provincial no dudó un instante en intentar capitalizar el triunfo y señalar al oficialismo mendocino, al que ya describen transitando un supuesto fin de ciclo. Pero dentro del propio radicalismo y del espacio oficialista también surgieron cuestionamientos, especialmente entre quienes pretendían que Esther Sánchez –la rectora que deja el cargo– volviera a representar al sector y no Gabriel Fidel.

Fue Cornejo el que puso a Fidel“, sostienen sin demasiadas dudas algunos dirigentes. Sin embargo, esa afirmación podría no ajustarse del todo a la realidad. Tanto Fidel como algunas de las decanas que lo acompañaron indican que recién en febrero pasado Cornejo habría sido informado de la candidatura, surgida originalmente como una propuesta del denominado “grupo Sobremonte“, integrado por decanas y autoridades universitarias que impulsaron a Fidel por encima de la continuidad de Esther Sánchez y que adoptaron ese nombre por el lugar donde realizaban sus reuniones, en la calle Sobremonte de Ciudad. Lo que sí parece fuera de discusión es que, una vez definida la candidatura de Fidel, incluso enfrentando a la propia rectora que buscaba la reelección, Cornejo terminó involucrándose activamente en la campaña, tanto en la primera vuelta como en el balotaje.

Lo ocurrido en la universidad refleja, en realidad, una parte del fastidio y de la insatisfacción existente como en determinados sectores de la sociedad frente a la ausencia de resultados palpables del programa económico impulsado por Javier Milei y acompañado políticamente por Cornejo, especialmente en aquellos sectores sociales que viven al ras del suelo y donde todavía no se perciben los beneficios que, según el Gobierno nacional, deberían derivarse de la estabilización macroeconómica.

Pero sería extremadamente arriesgado extrapolar lo ocurrido en la universidad como un anticipo determinante de lo que podría suceder en el escenario provincial. Lo cierto es que, para algunos, no existen dudas de que se trata de una señal del principio del fin, mientras que para otros no es más que el reflejo de una burbuja particular en medio de una discusión política y social mucho más compleja.

El oficialismo provincial, de todos modos, deberá prestar especial atención al cambio de mando universitario, del mismo modo que a la situación económica y social de la provincia y a las consecuencias que ésta pueda tener sobre un gobierno nacional que, además, ha sufrido importantes traspiés en materia ética y moral, en el combate contra la corrupción y en la defensa de determinados valores.

El caso Adorni, que este fin de semana encontró una definición con la demorada salida del cuestionado jefe de Gabinete, terminó además comprometiendo a parte de la oposición dialoguista que orbita alrededor de Milei, incapaz hasta ahora de levantar una voz clara y contundente en torno al esclarecimiento de los desaguisados en los que el funcionario se ha visto involucrado.