Con una historia que se remonta al menos 14 años atrás y una investigación actual que lo volvió a ubicar en el centro del mapa del narcotráfico mendocino, Sergio Ariel Peralta Vargas (55), alias “El Bocón”, se convirtió por estos días en el hombre más buscado de Mendoza.
La Policía Contra el Narcotráfico (PCN) logró desarticular la semana pasada buena parte de la organización que presuntamente encabezaba, detuvo a cuatro personas -entre ellas sus hijas-, secuestró una fortuna en efectivo (pesos y dólares), armas, cocaína y vehículos, luego de una causa que se desprendió de otras, como sucede generalmente en los expedientes de narcocriminalidad.
Sin embargo, cuando parte del GES (Grupo Especial de Seguridad) fue a detenerlo, el sospechoso nacido en 1971 logró escapar en un auto y desapareció antes de que pudieran cerrar el operativo. Desde entonces permanece prófugo con pedido de captura emitido por la Justicia federal.
La pesquisa, desarrollada desde el año pasado por la PCN junto con la fiscal del Área de Casos Sencillos María Eugenia Abihaggle, reconstruyó el funcionamiento de una estructura delictiva dedicada al traslado de cocaína desde el norte del país hacia Mendoza para abastecer el mercado local.
Los detectives consultados El Sol sostienen que la banda no sólo adquiría la droga fuera de la provincia, sino que también la acondicionaba para incrementar su volumen antes de distribuirla.
Con las pruebas reunidas, se ejecutaron 13 allanamientos simultáneos en Guaymallén y Godoy Cruz, donde fueron secuestrados 174.620 dólares, más de 36 millones de pesos, dinero chileno, 1,68 kilos de cocaína, cuatro armas de fuego, tres vehículos, máquinas contadoras de billetes, notebooks y teléfonos celulares.
La incautación demostró el poder de la organización. Hubo medidas en el barrio Don Bosco y también el Pablo VI, por citar algunos. Se habían instalado hasta cámaras para detectar los movimientos de la estructura criminal. Los sabuesos policiales que hablaron con este diario aseguraron que los trabajos no estaban terminados y que las conexiones del Bocón podrían complicar el avance del caso.
Más allá de eso, el procedimiento representó mucho más que un importante secuestro de bienes. Significó el regreso al escenario judicial de un nombre que desde hace años aparece vinculado a las cocinas de cocaína en el Gran Mendoza.
Peralta Vargas ya era conocido entre policías y funcionarios judiciales cuando en el 2012 fue detenido en una causa que terminó por confirmar el perfil criminal que en estos días volvió a aparecer en la nueva causa.




La cocina de cocaína en Guaymallén
A principios de la década pasada, el caso comenzó de manera fortuita en el barrio Los Tilos. Un allanamiento ordenado por una investigación provincial vinculada a armas terminó descubriendo un inmueble que, según se pudo determinar luego, funcionaba como un verdadero centro de preparación de cocaína.
Durante el procedimiento fueron encontrados casi diez kilos de esa droga, sustancias utilizadas para el corte, siete botellas de acetona, moldes metálicos para fabricar ladrillos, una prensa, gatos hidráulicos, una batidora de hierro, ollas, embudos y otros elementos empleados para procesar y estirar el estupefaciente.
Vecinos señalaron entonces que el departamento pertenecía a Peralta Vargas y que era él quien administraba el lugar. Por aquellos días, este diario ya venía realizando informes sobre el Bocón, quien intentaba desligarse asegurando que esa propiedad era de su madre.
El expediente judicial fue todavía más contundente. Durante los dos juicios que tuvo el caso, se concluyó que Peralta Vargas no solo tenía cocaína con fines de comercialización, sino que desarrollaba tareas de preparación y estiramiento de la droga antes de insertarla nuevamente en la cadena de distribución.
Los jueces entendieron que la cantidad de cocaína secuestrada, los elementos químicos y la infraestructura hallada demostraban una actividad organizada destinada a incrementar el volumen de la sustancia y luego venderla. La sentencia incluso describió que el acusado realizaba el acondicionamiento de la cocaína para su posterior comercialización.
Ese proceso judicial terminó con una nueva condena. En el 2019, mediante un juicio abreviado, el Tribunal Oral Federal N° 2, con la jueza María Paula Marisi, lo condenó a cinco años y seis meses de prisión por preparación de estupefacientes y tenencia de estupefacientes con fines de comercialización. Además, lo declaró reincidente debido a antecedentes penales previos por delitos de la misma naturaleza, una circunstancia que fue considerada por los jueces al momento de fijar la pena.
Otra vez en problemas
Los investigadores sostuvieron que, lejos de abandonar el negocio, Peralta Vargas reconstruyó su estructura con el paso de los años. La pesquisa actual lo ubica otra vez como el presunto organizador de una red dedicada al abastecimiento de cocaína desde las provincias del norte, con recursos económicos que llamaron la atención por la cantidad de dinero hallado durante los allanamientos.
Dentro del expediente también aparecen bajo análisis sus presuntos vínculos con personas que habrían facilitado distintos movimientos de la organización, entre ellos un ex policía y un abogado con pasado en la Inspección General de Seguridad (IGS), quien habría mantenido reiterados contactos con el sospechoso, aunque no está claro el grado de relación. Las identidades se preservan para no entorpecer la pesquisa.
Aunque gran parte de la organización quedó golpeada por los allanamientos, el principal objetivo continúa prófugo. Su escape durante el operativo del GES obligó a desplegar un operativo de búsqueda que, hasta este domingo, no había dado los resultados esperados.
Para la PCN, la captura de “El Bocón” se transformó en la pieza que faltaba para empezar a cerrar los trabajos investigativos que volvieron a poner bajo la lupa a uno de los nombres “históricos” del narcotráfico local.
