Un acuerdo que empezó a esbozarse en marzo pasado en Nueva York y que, según las versiones que circulan dentro del oficialismo, habría terminado de cerrarse por estos días en París, terminaría por modificar el escenario electoral provincial y, sobre todo, despejar uno de los problemas que Alfredo Cornejo tenía por delante para ordenar su propia sucesión.
El pacto involucra a La Libertad Avanza, que conduce Javier Milei desde la Presidencia, pero cuyo armado político y electoral está en manos de su hermana Karina, y al gobernador mendocino. El entendimiento, de corroborarse definitivamente, supone que el partido presidencial no presentará un candidato propio para disputarle a Cambia Mendoza la gobernación que Cornejo deberá dejar en diciembre de 2027.
Como se sabe, Cornejo ya ha puesto a correr a los propios. Natalio Mema y Tadeo García Zalazar, dos de sus ministros y hombres de confianza, aparecen dentro de esa competencia, a la que se suma Ulpiano Suarez, el intendente de la Capital radical con cierto grado de autonomía respecto del gobernador. La definición, al menos por ahora, debería producirse en las PASO provinciales que Cornejo ha dicho que Mendoza mantendrá en 2027, independientemente de lo que suceda con las primarias nacionales.
El acuerdo deja afuera a Luis Petri. El exministro de Defensa, hoy diputado nacional por La Libertad Avanza, podría encontrarse sin el aval oficial del partido de Milei para disputar la gobernación. Sería un golpe importante para alguien que desde hace tiempo trabaja para llegar a ese lugar, aunque no necesariamente significaría dejarlo fuera del juego: Petri conoce el escenario adverso y viene analizando alternativas para competir por afuera si finalmente el entendimiento entre Karina y Cornejo termina cerrándole la puerta a competir por adentro con las banderas libertarias.
El Partido Demócrata mendocino aparece desde hace tiempo entre esas posibilidades. Sería un plan B, más complejo y seguramente con menos estructura, pero suficiente para mantenerlo en carrera y, sobre todo, para obligarlo a demostrar cuánto del capital político que acumuló en estos años pertenece efectivamente a Petri y cuánto dependía del sello y del acompañamiento de Milei.
A cambio de preservar el territorio provincial, Cornejo debe garantizarle a Milei el respaldo político y los votos en el Congreso. Lisandro Nieri y Pamela Verasay en Diputados, Rodolfo Suarez y Mariana Juri en el Senado, forman parte de un esquema legislativo clave para los Milei cuando llegue la discusión de una reforma político-electoral prioritaria para la presidencia.
La eliminación de las PASO nacionales, o eventualmente una nueva suspensión, forma parte de esa discusión. ¿Cómo se resolverán las disputas por las listas de diputados y senadores nacionales?
Entre las alternativas en estudio aparecen las llamadas colectoras, adhesiones o listas paralelas: distintas nóminas de candidatos a legisladores nacionales que podrían compartir una misma candidatura presidencial. No existe todavía un proyecto definitivo y la discusión con los gobernadores continúa abierta.
Pasado en limpio, el esquema que promueven desde Mendoza parece sencillo de explicar, aunque complicado de instrumentar. Si se tomara a nivel nacional, Cambia Mendoza integraría la alianza que lleve a Milei como candidato a presidente para buscar su reelección y, por debajo, podrían convivir una lista de candidatos al Congreso avalada por el oficialismo mendocino y otra promovida directamente por La Libertad Avanza. Ambas acompañarían al mismo candidato presidencial compitiendo el mismo día.
La idea no es exclusiva para Mendoza. Es parte de la negociación que la presidencia mantiene con gobernadores aliados para conseguir una arquitectura electoral que les permita acompañar la candidatura presidencial de Milei sin entregar completamente sus propios espacios políticos provinciales. El mecanismo, sin embargo, continúa en discusión y deberá además adaptarse a la Boleta Única de Papel.
Cornejo ha ratificado hasta ahora que habrá PASO provinciales y que la provincia mantendrá su autonomía electoral respecto de la Nación.
Hay una imagen que ha dejado París con la Argentina Week realizada allí que ayuda a entender cuánto ha avanzado este proceso. Cornejo acompaña a Milei en Francia y acaba de ratificar públicamente que el Presidente podría ganar en primera vuelta en 2027 si consigue construir buenas alianzas con diez o doce gobernadores. Milei, por su parte, reunió allí a los mandatarios que lo acompañaron y les habló directamente de la necesidad de ganar las próximas elecciones para sostener el rumbo.
A casi un año de las elecciones, entonces, la política parece haber avanzado mucho en sus pactos y acuerdos técnicos que la tranquilizan. Puede acordar las alianzas, preservar gobernaciones y sus intereses, negociar las listas, cambiar las reglas y hasta resolver como en este caso qué mecanismo tomar para competir entre sí dirigentes que, al mismo tiempo, llevarán al mismo candidato a presidente.
Es la parte técnica de la historia. La que reduce incertidumbres, evita sorpresas y permite que cada dirigente conozca de antemano con qué bandera y bajo qué reglas va a jugar. Pero ninguno de esos acuerdos puede garantizar el resultado.
Cornejo puede imaginar la continuidad de Cambia Mendoza más allá de 2027 y Milei puede aspirar legítimamente a conseguir su reelección, incluso en primera vuelta, como acaba de plantear el gobernador mendocino en París. Pero la ingeniería electoral no puede controlar el humor de la sociedad.
La transformación emprendida por Milei desde diciembre de 2023 ha sido profunda. El Gobierno redujo el gasto, logró bajar la inflación, desreguló sectores enteros de la economía, flexibilizó el mercado cambiario, abrió las importaciones y redujo drásticamente la intervención del Estado. Sin embargo, la actividad económica cayó 2,9 por ciento desestacionalizado en julio respecto de junio y 1,4 por ciento interanual; la producción industrial manufacturera retrocedió 5 por ciento y la construcción cayó 4,5 por ciento frente al mismo mes de 2025. La desocupación llegó al 7,9 por ciento durante el segundo trimestre y las ventas de supermercados acumularon una caída real del 2,7 por ciento entre enero y julio. Son datos de los últimos registros oficiales disponibles del INDEC.
Pero al mismo tiempo, otros sectores avanzan. Petróleo, gas, minería, energía y buena parte del complejo agroexportador muestran la otra Argentina diferente de aquella que atraviesan la industria, la construcción, el comercio y buena parte del consumo masivo. Por allí pasará la discusión central de las elecciones del 2027.
Milei volvió a pedir paciencia desde París y prometió profundizar las reformas si consigue un segundo mandato. Una parte de la sociedad considera que después de décadas de desequilibrios la Argentina debe sostener el rumbo, terminar las reformas y darle tiempo al nuevo modelo para que produzca los resultados prometidos. Otra parte rechaza el camino y buscará frenarlo en las urnas, o con lo que tenga a mano para que el gobierno fracase, especialmente sus principales abanderados.
Pero entre esos dos extremos existe un tercer espacio social, quizás menos ruidoso, aunque políticamente decisivo, que no necesariamente quiere regresar al pasado, pero tampoco está dispuesto a considerar que la estabilización macroeconómica bajo este modelo deje afuera a sectores necesarios.
Es el mundo de quienes quieren estabilidad y crecimiento; una economía abierta pero también una industria capaz de competir; menos Estado, pero un Estado presente allí donde la infraestructura, la educación, la seguridad o las condiciones básicas para producir requieren necesariamente de él; inversión privada, pero también empleo; equilibrio fiscal, pero acompañado por salarios capaces de recuperar capacidad de consumo. En concreto, una economía integrada al mundo sin resignar la aspiración de industrializar, producir y agregar valor dentro del país.
Cómo hacer competitiva a la industria en una economía abierta; cómo construir la infraestructura que necesitan la minería, la energía, el agro y las economías regionales; qué lugar debe ocupar el Estado en ese proceso; cómo convertir las grandes inversiones anunciadas en actividad concreta y, sobre todo, cómo conseguir que los sectores que hoy aparecen como ganadores de la transformación terminen derramando inversión, empleo e ingresos hacia una sociedad que todavía observa buena parte de esos beneficios desde lejos.
La política puede haber avanzado mucho en París en la semana que terminó. Puede cerrar acuerdos, decidir candidaturas, cambiar las PASO por otro mecanismo y hasta encontrar una fórmula para que radicales y libertarios compitan por bancas nacionales mientras acompañan juntos la reelección de Milei. Lo que no puede resolver en una mesa es el voto.
