La droga semaglutide que en Argentina se presenta bajo diversas marcas (la más famosa Ozempic), para distintos usos vinculados al tratamiento de la diabetes y la obesidad, se convirtió en un fenómeno entre las personas que simplemente quieren bajar de peso. Sin embargo, profesionales mendocinos advirtieron que parte de ese interés está relacionado con la presión estética y la búsqueda de resultados rápidos. Coincidieron en que es una herramienta muy útil si se la utiliza bien indicada y sin abandonar otros tratamientos. También alertaron sobre la circulación de productos adulterados en el mercado negro.
El interés por medicamentos como Ozempic no es nuevo y data de los últimos años pero sigue creciendo, a pesar de que la droga ya es utilizada en Argentina hace al menos 10 años. La reciente viralización de contenidos en redes sociales contribuyó a instalar a la semaglutida como una herramienta para adelgazar, incluso entre personas que no necesariamente tienen una indicación médica para utilizarla.

La nutricionista Paola Navarro señaló que más del 80% de las personas que se interesan por estos tratamientos son mujeres adultas, de entre 30 y 60 años. También destacó un dato que marca el componente estético de parte de la demanda: más del 30% de quienes realizan consultas no tienen sobrepeso.
“Hay mucha demanda no de compra sino de interés, por la viralización del contenido sobre Ozempic. Hay una presión social y estética por mantenerse en forma”, explicó Navarro, quien también señaló que se trata de tratamientos de elevado costo, por lo que la demanda se concentra en personas con mayor poder adquisitivo.
El psiquiatra Sebastián Dalla Torre planteó que el crecimiento del uso debe ser observado con cautela. “No es del todo saludable que se medicalice la estética de la gente ni que se banalice el uso del fármaco“, sostuvo.
La semaglutida fue desarrollada originalmente para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y posteriormente se comprobó su efecto sobre el descenso de peso. Actúa sobre los receptores del GLP-1, aumenta la sensación de saciedad, retrasa y enlentece el vaciamiento gástrico, entre otros efectos.
Para Navarro, su incorporación al tratamiento de la obesidad representa una herramienta importante, pero el problema aparece cuando se la presenta como una salida rápida. “El problema es buscar una solución rápida para bajar de peso. Nosotros acompañamos a los pacientes a cambiar hábitos“, explicó.
Del consultorio al mercado negro
Uno de los principales riesgos aparece cuando la búsqueda del medicamento abandona el circuito médico y farmacéutico formal, donde su utilización ha dado muy buenos resultados y es considerada por los profesionales médicos como una herramienta muy útil, acompañada de otros tratamientos.
Dalla Torre advirtió que ya existe circulación de productos que son ofrecidos como semaglutida a través de redes sociales y otros canales informales. “Al tratarse de un mercado negro no regulado, que se vende en redes sociales, se comercializan medicamentos falsificados o partidas robadas de droguerías en jeringas sin ningún tipo de garantía ni vía de reclamo“, señaló.
Navarro coincidió y contó que algunos pacientes llegan a conseguir el medicamento “bajo cuerda” en gimnasios. “En el mercado negro es imposible saber qué te están vendiendo y seguramente se trata de productos adulterados“, sostuvo.
La diferencia, remarcan los profesionales, está en que la semaglutida utilizada bajo indicación médica permite establecer la dosis adecuada, conocer el producto y realizar un seguimiento de la evolución del paciente.
“Indicado por el médico tratante, la semaglutida es un producto muy seguro, noble y con resultados tangibles”, afirmó Dalla Torre.
Bajar de peso es más que perder kilos
Los especialistas insistieron en la importancia de no utilizar el medicamento sin acompañamiento nutricional. Navarro explicó que cualquier descenso brusco de peso casi siempre produce una pérdida de la masa muscular. Al reducirse considerablemente el apetito, el paciente puede comer menos pero también consumir menos proteínas y nutrientes de los necesarios. Por eso advirtió que debe existir un adecuado aporte proteico y mencionó el fenómeno conocido como “cara de Ozempic”, asociado a la pérdida rápida de grasa facial.

Para la especialista, tampoco alcanza con aplicarse el medicamento y esperar el resultado. “No estoy en contra para nada del medicamento. Estoy en contra de que se recete sin explicación, sin intervención de los equipos interdisciplinarios, sin ayudar a los pacientes”, afirmó.
El médico especializado en diabetes y obesidad, Cristian Lecussan coincidió en que la medicación es solamente uno de los componentes del tratamiento. “Cuando uno usa estos fármacos sabemos que no es usar la medicación y nada más sino que es uno de los cuatro pilares del tratamiento, junto con mejorar la alimentación, la actividad física y la parte emocional. Todos tienen la misma importancia”, sostuvo.
¿Qué pasa cuando se deja el tratamiento?
Otro de los interrogantes habituales es si la semaglutida genera dependencia o qué ocurre cuando se interrumpe el tratamiento. Los profesionales explicaron que el medicamento no genera adicción y que lo que puede suceder al suspenderlo es que reaparezca el problema de base si no hubo un cambio sostenido de hábitos.
“No hay un efecto rebote propio de la droga; lo que ocurre al quitarla es lo mismo que sucede cuando un hipertenso deja la pastilla de la presión: la enfermedad de base reaparece si no se sostiene el tratamiento o el cambio de vida”, explicó Navarro.
Lecussan, por su parte, señaló que no existe un único tiempo de utilización. Algunos pacientes pueden necesitarla durante un período específico mientras avanza en la modificación de hábitos hasta incorporarlos. Y otros pueden necesitar un tratamiento más prolongado, porque la vienen peleando con la obesidad hace más tiempo.
El problema del sobrepeso y las ventajas de la semaglutida
Argentina tiene más de la mitad de su población adulta con exceso de peso y Mendoza registra 65,4% de exceso de peso y 25,1% de obesidad en adultos según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo. Además, la proyección nacional para 2035 alcanza al 43% de los adultos con obesidad. Esto permite explicar por qué crece la demanda de tratamientos.
Entonces, la discusión no gira en torno a si la semaglutida funciona o no para combatir la obesidad. Los especialistas consultados coinciden en que es una herramienta efectiva y que, indicada correctamente, tiene beneficios muy probados y efectivos.
Lecussan señaló que el beneficio no es solo el descenso de peso, sino todos los riesgos asociados a la obesidad como una posible afectación cardivascular.
Dalla Torre agregó que también es una herramienta útil en psiquiatría porque varios fármacos de salud mental tienden a hacer aumentar de peso a los pacientes, por lo que les permite a los psiquiatras a controlar esos aumentos.
También se encuentra actualmente en etapa de desarrollo e investigación un proyecto para utilizar esta droga para el tratamiento de conductas compulsivas, adicciones a sustancias o al juego, según explicó Dalla Torre. No es la única que ampliación de la indicación que se investiga.
“No hay obesidad sana y la gente lo sabe”, señaló Lecussan. Se trata entonces de un producto seguro y muy útil para acompañar tratamientos contra esa enfermedad. La principal advertencia está en debe ser un medicamento que requiere indicación y seguimiento profesional y no una solución rápida para responder a una exigencia estética.
