Si la política mendocina estuviera en el fondo del mar, indudablemente la estrellita “culona” sería el presidente Javier Milei. Hablamos de un fondo que así como está iluminado, en partes, en otras está cenagoso y con algo de turbiedad. Más parecido al fondo del lago de Potrerillos que al Mar Argentino.

Hoy parece que se instaló un abismo entre aquel teatro de operaciones que fueron las elecciones presidenciales de 2023 y el actual que abre camino a las próximas legislativas del 26 de octubre, donde el presidente libertario es el protagonista exclusivo y las fuerzas locales han tratado de acomodarse lo mejor posible.

En primer lugar, por las alianzas. De aquellas que tenía Cambia Mendoza con los pocos partidos que le quedaban de aliados, a este nuevo oficialismo con La Libertad Avanza que comenzará a hacerse material en la Legislatura y los concejos deliberantes recién al año próximo. Ya está definido que el segundo lugar será para los mileístas mendocinos, según indicaron en los municipios radicales.

Tras la formalización de las alianzas y los avales de los congresos partidarios, ahora resta que la seccional mendocina encabezada por el diputado Facundo Correa Llano, que flota con misterio en estas aguas cuál una medusa roja, blanquee cuáles serán los candidatos que se fusionarán con los radicales. Hay tiempo hasta el 17 de agosto.

En este acuario, Alfredo Cornejo se interpeló: o soy “batatita” argentina a la que se le viene encima la aspiradora violeta, o soy mamá langosta que defiende lo gestado en estos años.

Puede que el radicalismo y, en particular, Cornejo tenga en sus espaldas la campaña en Mendoza, principalmente, por los pocos logros que LLA puede mostrar en Mendoza a partir de sus referentes territoriales, como el manejo del PAMI, por fuera de lo que Milei ha alcanzado en términos de normalización de la macroeconomía.

El radicalismo apuesta a no perder la identidad en esta estrategia electoral que tiene más de pragmático que de purismo ideológico. La UCR mendocina ha salido a defender la gestión de la década en la que logró hegemonía y se exhibe como una bella colonia de sifonóforo, pero tuvo que salir a negociar una alianza con el mileísmo, como la langosta que defendió a sus crías.

En estas aguas profundas también se mueve el calamar abisal. Luis Petri logró algunas posiciones en la Legislatura para estar bien posicionado en lo que importará de acá a dos años: la pelea por la gobernación.

También La Unión Mendocina, de aquel ensayo en el que ganó bancas en la Legislatura a este cada vez más náufrago PRO que está en sintonía con el retroceso que ha tenido el partido de Mauricio Macri a nivel nacional.

Por especular hasta último momento, el demarchismo casi se queda afuera de este escenario. En el frente interno, le suscriben un error al PRO. El doble comando. Mientras Gabriel Pradines intentaba negociar con el PD y los libertarios, un frente que podría haberse considerado políticamente natural, por el otro las suspicacias apuntan a que Omar De Marchi intenta garantizar un lugar a Álvaro Martínez en la lista del oficialismo. Habrá una tarea de embellecimiento para Martínez para que se parezca lo más posible al simpático pulpo Dumbo. ¿Pasará el veto de Cornejo?

El peronismo ya no es el pulpo de antes. Hoy puede entenderse más como el cangrejo litódido, cubierto de espinas. Esta semana se cumplieron diez años del fallecimiento de quien fuera el principal armador del PJ mendocino, Juan Carlos “Chueco” Mazzón. Pocos lo recordaron. Desde aquel momento, fragmentado entre peronistas y cristinistas, el PJ nunca más tuvo ni paz ni uniformidad y si no fuera por presiones internas, no logran la lista de unidad. Es una unidad a golpes de tenazas.

Hay nuevas alianzas con viejos actores.

Al Partido Demócrata no le bastó con la fidelidad a ultranza que ha demostrado Mercedes Llano en la Cámara de Diputados, de votar incluso contra el presupuesto universitario. Milei ya los tiene en la mano y en el PD no sacarán los pies del plato. Rodarán como el pepino de mar, porque más no se puede hacer. Estarán como parte de la sobreoferta de derecha con el Partido Libertario -porque ser liberal no implica necesariamente ser incluido por Milei- que tratará de capturar algo del espectro del voto que supo conquistar el presidente y también de aquellos que están descontentos con la gestión presidencial.

El Partido Verde con Libres del Sur. Caminan como crustáceos por el fondo cenagoso, moviéndose con disimulo y cuidado. Para algunos, no queda claro si este frente eventual jugará como plenamente opositor o funcional al cornejismo. Los suspicaces apuntan al juego que hizo Mario Vadillo en las elecciones de 2023, apuntando las tenazas a De Marchi. Y aunque Libres del Sur se retiró de Cambia Mendoza, no lo hizo en oposición a Cornejo, sino a Milei.

Encima, la agenda ambientalista choca con la de Provincias Unidas, el frente de los gobernadores sublevados a Milei que armó Jorge Difonso para Mendoza.

Un coral blando que funciona como habitat para otras especies, porque albergará organismos políticos de distinta índole y donde el Gobierno ya puso la mira: cómo es posible que aglutine antimineros con promineros, peronistas con supuestos liberales. La supervivencia es lo primero, aunque hay incertidumbre respecto a una decisión clave en la Junta Electoral: si acepta o no la adhesión del PRO en este armado caótico.