La entronización de Javier Milei en lo más alto del escenario político argentino; de la forma contundente e inesperada en que se le dio, con ese aluvión inédito de votos para un candidato en el balotaje por sobre el otro; ese panorama que tiene por delante y que se le abre en control del Ejecutivo, desguarnecido en el Parlamento y en soledad absoluta en el territorio, sin gobernadores y sin intendentes, ha colocado al resto de las fuerzas perdedoras frente un replanteo obligado mientras protagonizan su propio repliegue a la espera de que el espejo de la realidad les devuelva la imagen de lo que han quedado convertidas.
Los peronistas y los radicales puros parecen haberse sumergido en sus lógicas de siempre y de antaño, con sus pruritos y sus faltas de pruritos, claro está. La conducta de las últimas horas los ha pintado de cuerpo entero y ha dejado a la vista de todos ese normal, habitual y peligroso pragmatismo en el que suele moverse el peronismo, frente al martirio que se apodera de los radicales cuando deben decidir entre ser y no ser, y todo ese mar de dudas entre avanzar siendo una cosa o la otra más sus consecuencias.
¿Cuál de las dos posturas es más responsable, más sensata, más conveniente y beneficiosa para la Argentina? Es una pregunta retórica y en todo caso es la historia de cada uno de ellos, del movimiento y del partido, como a ambos se los ha conocido a la vieja usanza antes de conformar los frentes en los que han sido protagonistas excluyentes, y de lo que han dejado trazado en el camino recorrido como consecuencia, la que responde tal inquietud. Pero no deja de ser interesante cómo han reaccionado, cómo lo están haciendo e imaginar cómo lo harán de acá en más en un contexto extraño y raro que los tiene a ambos fuera de la centralidad del poder. Y lo más exótico, extraordinario e impensado de todo, la historia presente que ha colocado a ambos en la oposición técnicamente hablando y al mismo tiempo. Impresionante.
En este tiempo de transición hacia el 10 de diciembre, el martes pasado bien pudo identificarse como el día de los gobernadores. Ese día, los mandatarios peronistas, por un lado, y la Liga de gobernadores de Juntos por el Cambio, por el otro llevaron adelante una reunión crucial que definiría la estrategia a seguir, como poder, frente al gobierno de Milei. Los peronistas, reunidos en el Banco Provincia (BAPRO) de CABA, recibieron la visita sorpresiva de Guillermo Francos, el nominado ministro del Interior del nuevo gobierno. La crónica cuenta que el futuro funcionario, clave en el esquema del Ejecutivo, escuchó planteos sobre el futuro de las obras públicas en sus provincias, luego de que se haya dicho hasta el hartazgo que no hay plata para continuarlas y que en todo caso serán los privados los que las impulsen de encontrar un negocio atractivo detrás de alguna de ellas. Francos tranquilizó y como contrapartida escuchó el compromiso de los gobernadores por la gobernabilidad del país frente al nuevo escenario. Sin embargo, el pragmatismo y la especulación peronista habría aparecido en todo su esplendor en la reunión cuando los mandatarios animaron a Francos y a Milei a definir rápido las autoridades legislativas que por tradición le corresponden al oficialismo: los puestos clave de la presidencia provisional del Senado y la presidencia de la Cámara de Diputados. “Definan rápido para comenzar las charlas. Son puestos de ustedes. Tenemos que saber con quién negociaremos lo que necesitamos en las provincias”, se le dijo a Francos, de acuerdo con una de las versiones más confiables de lo que allí se analizó.
La Liga de gobernadores de Juntos por el Cambio, por su lado, reunida en Palermo, se sumergió en una tensa discusión que persiste al día de hoy y que seguramente dominará buena parte de los movimientos de este sector de la oposición. Los cinco radicales, los tres del PRO y los dos de los partidos provinciales debieron lidiar con un centenar más de asistentes, todos defendiendo posiciones diferentes respecto de cómo moverse frente a Milei, en las cámaras, en las provincias y, claro, en el mismo gobierno. Que si es oficialista, que si se es oposición, que si es cogobierno o apoyo responsable, que si se asume un rol de contralor férreo e inquebrantable o con matices. Todo entre algunos gritos y posturas altisonantes. La conclusión es que, pese a lo que algunos dijeron luego a la prensa, no hubo foto en común ni tampoco la firma de un documento conjunto. El comunicado posterior al encuentro reflejó las contradicciones y fue un intento por darle cabida a todo, pero sin ser claro del todo. “Nosotros no cogobernamos. Pero es bueno que algunos dirigentes que quieran ayudar lo hagan, porque es mejor un gobierno sólido, con buenos dirigentes, que un gobierno débil. Pero eso no nos compromete, ni obliga como garantes”, se lee en un párrafo del documento. Más adelante, el mismo escrito diría que deben asumir el rol que la sociedad les dejó para cumplir que es el de una oposición responsable, pero otros se manifestarían, como hasta hoy, de sumarse decididamente a La Libertad Avanza de Milei, eventualmente con Patricia Bullrich, con Luis Petri, con los que pueda convocar el nuevo presidente, sin culpas, porque al entender de estos radicales y macristas, bullrrichistas y demás, de no hacerlo, o de tomar una postura especulativa a la espera de un fracaso del nuevo gobierno, será el peronismo y/o el kirchnerismo el que saque partido de algo así y no Juntos por el Cambio, los radicales solos, o el PRO, o lo que quede en pie de la coalición.
