Argentina encara el 2012 con pronósticos de un crecimiento económico más moderado y el desafío de contener la inflación, un fenómeno que se alimenta con la puja salarial y una política de gasto expansiva que podrían moderarse el próximo año. Tras completar en el 2011 nueve años consecutivos de expansión económica, a un ritmo promedio anual de 8%, el gobierno de Cristina Kirchner, quien acaba de renovar su mandato por otros cuatro años con 54,11% de los votos, espera para el próximo año un crecimiento de 5,1%.
“El ritmo de crecimiento de los últimos años difícilmente se repita hacia adelante”, dijo la consultora privada Economía & Regiones, en un reciente informe en el que marca como condicionantes para un menor crecimiento el contexto global y una erosión en los pilares del modelo económico argentino.
Según el informe, uno de los factores que impactan negativamente en la actividad económica es la fuga de capitales, que se aceleró en el 2011 y que, según la ortodoxia, se debe atacar con políticas monetarias y fiscales más prudentes.
Aunque Kirchner ha ratificado su modelo económico al iniciar su nuevo mandato, el pasado día 10, y su gobierno de ortodoxo tiene poco, es cierto que ya ha dado señales de una moderación en el gasto público a partir de limitaciones en los millonarios subsidios que paga el Estado. También ha restringido la compra de dólares, poniendo un tope a la sangría de reservas que el Banco Central destina a diario a sostener el tipo de cambio. En tanto, las variables externas que más inciden en Argentina –el precio de la soja y la economía brasileña– no jugarían en el 2012 “fuertemente a favor pero tampoco en contra” de la economía nacional, que el próximo año crecería “un poco más de la mitad que en el 2011”, según Economía & Regiones.
“Siendo optimistas, el crecimiento será de 5% y, siendo moderados, será de 4%, que igual es muy buena cifra. Va a haber retoques en la expansión monetaria tras los excesos fiscales que hubo antes de las elecciones. Es la famosa ‘sintonía fina’: donde vean que se puede ahorrar algo, lo van a hacer, y eso genera menor crecimiento”, dijo a Efe Pablo Tigani, economista jefe de la Fundación Esperanza.
Según Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica: “El contexto interno se configura para exacerbar el freno sobre la economía local que genera el shock externo, deteriorando notablemente el arranque del 2012”. “La economía dejó de generar dólares, y las reservas del Banco Central difícilmente puedan financiar el déficit en cuenta corriente, el pago de la deuda y la salida de capitales privados en forma indefinida, y menos si se deteriora el contexto externo”, señaló. Uno de los problemas centrales de la economía local sigue siendo la inflación, que el Gobierno proyecta en 9,2% para el 2012, pero que consultores privados pronostican entre 20% y 25%.
“Los precios crecen a tasas elevadas y este fenómeno ya no se explica exclusivamente por el exceso de demanda sobre la capacidad de reacción de la oferta interna. Tras cinco años, el proceso inflacionario posee inercia propia y las expectativas juegan un papel determinante”, dijo en un informe la consultora Ecolatina. Un factor clave que incide en las expectativas inflacionarias es la negociación salarial.
De acuerdo con un estudio del Banco Ciudad, los salarios en Argentina crecieron desde el 2002 a un ritmo anual de 20%, y concluirán el 2011 con un incremento cercano a 30%, el mayor de los últimos diez años. Tigani apuntó que, si bien el Gobierno quiere marcar para el 2012 una pauta de alzas salariales de entre 18% y 20%, el líder de la mayor central obrera argentina, Hugo Moyano –cuyo distanciamiento de Cristina Kirchner se ha profundizado en los últimos días–, ha salido a advertir que en sus reclamos los sindicatos se guiarán “por la inflación de carrito de supermercado”. Según el Banco Ciudad, administrado por el Gobierno conservador de la capital argentina, la “suerte de esta cruzada oficial por los salarios es uno de los factores que operará sobre el crecimiento del año próximo y, en última instancia, dependerá de la capacidad –y voluntad– del Gobierno de aguantar un enfriamiento de la economía para cortar la actual inercia inflacionaria”.
